Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).

La humanidad de ser médico

La verdad es que tras seis años de carrera no me parece fácil responder a la pregunta de por qué estudiar Medicina. Pienso que la Medicina es vocación, y somos algunos los que sentimos esa llamada para ser médicos. En mi familia no hay médicos, nadie me lo ha inculcado y sin embargo desde pequeñita me fascinaba el cuerpo humano, los médicos, un Hospital, una bata blanca y un fonendoscopio. Estos simples detalles son significativos y demuestran que a algunos nos apasiona la Medicina desde que no somos del todo maduros. Me gustaba ver las series de televisión de médicos, aunque escuchaba decir que no tenía nada que ver con la realidad pero yo lo dudaba y además era lo más cerca que estaba de ese mundo que tanto me gustaba. El curso de segundo de Bachillerato fue uno de los momentos más estresantes de mi vida, porque era consciente de la nota que tenía Medicina y a diario me atormentaba pensar que no lo iba a lograr. Este pensamiento era fruto de mi personalidad insegura y pesimista. Mi temor era que si no lo conseguía no me gustaba ninguna otra carrera, aunque me gustaba toda la rama sanitaria, era Medicina lo que quería y después de seis años descubriéndola estoy aún más segura de que estaba en lo cierto.

Lo que me apasiona de la Medicina es el trabajo mental del médico, es decir, saber en qué momento preguntar, qué preguntar, cuándo sospechar, cuándo actuar, cuándo tratar y cuándo consolar. Admiro la Medicina y a los Médicos humanos, los de verdad. Quizás es por esto por lo que a veces he pensado que me había equivocado estudiando Medicina, porque veo imposible separar la humanidad de la Medicina y esto me ha hecho sufrir a lo largo de la carrera. Ver el sufrimiento ajeno con empatía y ser capaz de no sufrir, es aún un reto para mí. 

Creo que la experiencia te hace coger la medida perfecta, es decir, ser un buen médico y actuar con empatía, delicadeza, pero saber también separar la vida del trabajo y no vivir atormentado, aunque esto no debe ser una excusa para no ser humano. La Medicina es compromiso, responsabilidad, siempre tendremos vidas humanas en nuestras manos, sin embargo es reconfortante estudiar sabiendo que tus conocimientos son esperanzas para el mundo, porque no hay nada más que preocupe al mundo que aquello que amenaza la vida, la enfermedad. La Medicina es satisfacción cuando ayudas a alguien que ha puesto su vida en tus manos y es gratificante una simple sonrisa, el cariño, la cordialidad, el respeto y la admiración de una persona agradecida por un trato humano. Por todo esto me apasiona LA MEDICINA y ser una futura médica, por supuesto humana.

La carrera de medicina, fuera del marco romántico del conocimiento de la naturaleza humana en su contexto integral y completo, es dura y laboriosa

La verdad que desde pequeño me ha apasionado la naturaleza, tenía una cierta atracción por el conocimiento de ella en todos los terrenos, y en especial por la naturaleza humana, la cual tuve la oportunidad de acrecentar al tener la grandiosa oportunidad de poder estudiar medicina en Sevilla, mi ciudad natal.Mi padre también influyó bastante en mi decisión de escoger medicina puesto que él también lo es, y desde pequeño siempre me ha enseñado tanto de forma indirecta como directa ha amar la más bonita de las profesiones con sus explicaciones razonadas y fáciles de entender, que me hacía creer más en estos conocimientos y en donde se puede experimentar todo tipo de sensaciones vitales.

La carrera fuera del marco romántico del conocimiento de la naturaleza humana en su contexto integral y completo, es dura y laboriosa, lo cual me parece normal, de nosotros depende de que alguien pueda sanar o por lo menos ayudar a la sanación y no entorpecerla.Mis primeros años fueron difíciles lleno de dudas, con la sensación de tener que hacer bastante esfuerzo para superar mis metas, aunque me gustaba lo que estudiaba en algunas ocasiones me cansaba y también pensando en lo que me quedaba por delante.

Los años pasaban y me daba cuenta de que todo salía bien con esfuerzo y dedicación al igual que en casi todos los aspectos de la vida y mi amor por la medicina crecía con más fuerza superando las dificultades. Después de seis años, haciendo memoria retrospectiva, me doy cuenta de la gran labor realizada año por año, la cual he podido disfrutar con el aprendizaje de la medicina y también a la gran cantidad de compañeros que más o menos conociéndolos, destaco la gran calidad humana que desborda en ellos y que a lo mejor en otras carreras no encontraría tan fácilmente. Cabe destacar mis últimos 3 años en el Hospital de Valme que aunque la gente siempre critique su cierta lejanía con respecto a la ciudad de Sevilla es un lugar encantador puesto que no siendo es un hospital “a lo grande”, deja florecer la familiaridad y el trato amable de los médicos con los estudiantes a la hora de las prácticas y también el tenerlo todo a la mano facilita la comunicación y fácil manejo, haciendo que aprendamos mejor a desenvolvernos y a fijar de forma práctica nuestros conocimientos de clase.

Mirando hacia delante me doy cuenta de que el futuro que me espera con la situación económica especialmente de nuestro país es mucho peor de cuando empecé la carrera y mis aspiraciones con respecto a mi futura profesión se acotan y limitan en este sentido. Esto como todo el mundo sabe hace que la producción de médicos en nuestro país pueda derivarse a buscar la salida profesional en otros países lo cual es una pena ya que considero que los médicos españoles somos de los mejores formados y debemos aprovechar esto para nuestra sociedad. En general, a pesar de las dificultades no me arrepiento para nada de haber estudiado medicina puesto que hoy en día a pesar de la crisis es una de las profesiones que siempre es necesaria y fundamental y que estoy seguro que con el tiempo la situación en nuestro país va a cambiar y la situación para los médicos será mejor o eso espero… pienso que es una profesión que a mi parecer ha decaído en cuanto a su reconocimiento social y por eso debemos de aportar cada uno nuestro grano de arena para que se nos reconozcan como profesionales muy fundamentales para la sociedad y que nuestros conocimientos y dedicación integral a las personas sean mejor reconocidas.

Por último y como resumen final pienso que mi decisión de estudiar medicina era un pilar de madera cuando empecé y que la experiencia y el trabajo personal ha hecho que se convierta en un pilar de hormigón armado difícil de cuestionar, a pesar de la dificultades presentes y futuras que vivimos en la sociedad actual.

Cuando tienes 18 años no te haces ni la mas remota idea de lo que supone trabajar como médico

Cuando tienes 18 años no te haces ni la mas remota idea de lo que supone trabajar como médico, y menos si no tienes ningún referente de esta profesión en tu familia del que puedas tomar ejemplo, como es mi caso. Desde pequeña me han enseñado a esforzarme, sacar el máximo de mí e intentar ser la mejor en cualquier cosa que hiciera. No sabía si era mejor en una cosa u otra y no sabía si me gustaba esto o aquello, lo que sí sabía era que eligiese lo que eligiese iba a dar el máximo de mí y lo iba a sacar como fuese, porque me han enseñado a no rendirme y a cumplir el objetivo que me proponga. Creo que ésta fue una de las razones por las que no sabía si medicina la había elegido por puro azar, porque ser médico es una buena profesión o porque medicina realmente me gustaba. Estaba hecha un lío, de hecho mis otras opciones ni siquiera tenían relación con el ámbito de la salud.

¿Habré elegido bien? Me repetí esta pregunta mil veces, hasta que empecé las prácticas en el hospital. Sentí que era mi sitio, que quería pasar horas y horas de mi vida en aquel jaleo de gente, escaleras arriba escaleras abajo… He visto pacientes besar a médicos en la mano por lo agradecidos que estaban, he visto a abuelas alegrarle el día al médico con sus piropos, incluso he visto como una mujer lloraba pidiendo por favor que no le dieran de alta porque quería quedarse en el hospital antes que volver a la residencia porque es donde realmente recibía cariño, he visto caer lágrimas de alegría por parte de familiares de enfermos, he visto como dan las gracias una y otra vez a los médicos… y todo por realizado su trabajo. Sé que no todo es color de rosa y que quizás esto solo sea al principio, pero en esos momentos te tienes que sentir como si lo fueses todo, lleno de satisfacción y de ilusión por seguir mejorando; y yo quiero sentir eso algún día. Quizás en este momento tenga una visión parcheada de la realidad, porque todavía no he empezado a trabajar, pero me gusta intentar solucionarle problemas a los demás, me gusta hablar y tratar con la gente, creo que es una de las profesiones más reconfortantes que existen, quiero y creo que estoy preparada para asumir la responsabilidad que supone esta profesión. Ahora sí puedo decir que me apasiona, ahora sí puedo decir que elegí bien, ahora sí puedo decir con total seguridad que quiero ser médico.

Poder ofrecer apoyo, ayuda, consuelo y dar esperanza a nuestros pacientes

Resulta muy complicado explicar los motivos por los que me decidí a estudiar medicina, a pesar de que siempre he tenido muy claro que no podría dedicarme a otra cosa. Desde bien pequeña a la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” siempre respondía “yo, médico”, a lo cual mi madre siempre apuntaba: “pues como no estudies vas a ser la que reparte los números”. Razón no le faltaba.

Ahora, a punto de terminar la licenciatura, y a pesar de estar cada año más desilusionada con la carrera en general, sigo teniendo claro que no podría dedicarme a otra cosa que no fuera la medicina. Más que un trabajo considero un regalo poder ayudar a las personas.
Poder ofrecer apoyo, ayuda, consuelo y dar esperanza a nuestros pacientes es el principal motivo que me empujó, a lo que sin duda se le suma el conocimiento que requiere. Existen mil formas de ayudar a los demás, sin duda, pero hacerlo desde la ciencia y la comprensión de la técnica, la investigación y el continuo reciclaje para ser competentes fue lo que terminó de convencerme. La dificultad, para ser sincera. Me gustar sentir que soy o seré capaz de hacer algo que no todo el mundo podría hacer, porque lo he luchado y me lo he  ganado a pulso, compitiendo con los mejores estudiantes para llegar donde sea que lleguemos.
A medida que se acerca el final (de la carrera) todo el mundo quiere saber por cual especialidad me decantaré. Aun no lo tengo claro. Lo que sí sé, es qué clase de médico NO quiero ser. Da igual que seamos microbiólogos, cirujanos, otorrinos o médicos de familia, considero que es importante que seamos profesionales competentes, y no solo eso, que no seamos esa clase de médicos que vemos en demasiadas ocasiones en las prácticas, que no mira  los pacientes a los ojos, que no saben ni como se llaman, y que están deseando “echar el cierre”.
Decidimos estudiar medicina por muchos motivos, pero ahora que ya casi terminamos, espero que seamos todos consecuentes de lo que ello conlleva, pues de nosotros dependerá algo tan importante como la salud y la vida de las personas.
Alumna de 6º curso de Medicina del Hospital Universitario de Valme. Sevilla.

La medicina no es más que una parte de la existencia donde personas que nos sentimos como tal, podemos ayudarnos entre nosotros, solamente con sonreír por las mañanas a los pacientes que esperan.

Ciertamente es difícil contestar a una pregunta que aún hoy yo misma me hago, "¿Por qué estudio Medicina?y pienso que podría escribir miles de líneas sobre este tema después de tantos sinsabores y agridulces durante estos 6 años de carrera y estudios. Lo cierto y verdad es que lo más justo sería decir las tapaderas mentales que utilizaba cuando tenía 17 años para explicar por qué había elegido esto y, al lado, traducir lo que mi mente sabe ahora que querían decir esas palabras:

“Porque me gusta la biología” (me gusta el canto pero no tiene salidas);
“Porque es un mundo fascinante” (el de dentro de la biblioteca, claro);
“Porque puedes ayudar a los demás” (dinero para viajes, buena calidad de vida);
“Porque siento que me llama esa profesión” (siento que es lo que mi familia espera de mi);
“Porque las otras carreras de salud no me atraen” (aunque puede que me hicieran más feliz, no tienen la “clase” de medicina, sería perder mi potencial).
Y quién sabe cuántas más.

 He pasado de la fascinación de los primeros dos años- lo había conseguido, iba a ser médico tardara lo que tardara, tenía esa plaza, miles se habían quedado fuera y yo había entrado- a la decadencia intrínseca de darte cuenta de varias cosas:

Nunca serás nadie en la facultad, un nombre más en una lista.
No aprenderás casi nada hasta que no termines la carrera, hasta la residencia.
Tendrás que aprender a ver los exámenes como meros trámites para acceder a una titulación.
No querrás ir a clases donde te enseñen a “leer” un PowerPoint.
Los profesores no siempre van a tratarte bien.
Que tus capacidades no memorísticas se van a ver mermadas hasta el extremo.

La Universidad en España aspira a la excelencia pero, por desgracia, se queda en aspiraciones pues deja mucho que desear. Tras todo esto, es lógico que me haya planteado varias veces dejarlo y hacer otra cosa y aún así, he seguido. ¿Por qué? ¿Porque no me he atrevido a dar el paso? … Puede… o porque, quizás, en el fondo de todo esto… cuando estoy en el hospital y miro a los pacientes… es cuando de verdad algo se remueve por dentro: Cuando me han dado un beso simplemente porque el adjunto con el que estaba había curado a un paciente; cuando me han contado (tanto residentes como pacientes) sus sentimientos, sus emociones, sus penas y su día a día, y siento que les he conseguido llegar de alguna forma; cuando he salido de la consulta de las prácticas para hablar con una madre que pensaba que su hijo tenía VIH solo por darle un mínimo apoyo emocional; cuando he explorado la "tripita" de un niño y me ha sonreído o cuando en una cesárea la niña nada más nacer nos ha hecho "pipi" encima. 

Todo eso me ha hecho ver que la medicina está rodeada de vida, de muerte que no es más que parte de la vida. De sentimientos y confianzas que debo trabajar para obtener por parte los pacientes. Darme cuenta de que ella me exige dar lo mejor de mi misma a los demás, que puede sacar cosas de mí que ninguna otra profesión sacaría. Que me hace más humana si de verdad es lo que quiero ser y sobre todo, que puedo enseñar, con mi tiempo y mi esfuerzo a las personas que me rodean que hay otras formas de vida, de relacionarse, de consumir. Poner mi granito de arena en desacelerar este malogrado sistema en el que vivimos pues sí es cierto que todos podemos ayudarnos. 

En definitiva, que quiero darle una oportunidad a esta denostada ciencia, porque si bien la carrera podría desmotivar al más concienciado, ahí están los hospitales: los pasillos, los quirófanos, las habitaciones, los despachos. Todos llenos de historias que sí van a enseñarte de verdad ¿medicina? ¡No!, ¡Vida! Porque la medicina no es más que una parte de la existencia donde personas que nos sentimos como tal, podemos ayudarnos entre nosotros, solamente con sonreír por las mañanas a los pacientes que esperan. Ellos siempre esperan y siempre estarán ahí, esperando y esperándome, para aprender y enseñarme algo, para transmitir y demandar. En definitiva para compartir. Y eso es lo único que importa.

Si tengo que pedirle algo al futuro solo sería una cosa: intentar dar lo mejor de mi misma en cada situación, en cada día, con cada persona y, sobre todo, saber dejarlo a tiempo si no estoy cumpliendo con esa responsabilidad, si no me siento feliz. 

Quiero ser coherente con lo que siento. Quiero darle a la medicina una segunda oportunidad y, dentro de unos años, releer este texto y sentir la enorme satisfacción de haber sido capaz, en un sentido o en el otro, de oír mi corazón y actuar en consecuencia.

Porque ahora sí, aunque sea en lo más hondo, quiero ser médico.

Alumna de 6º año de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Un arte científico........o una ciencia artística.

A pocos meses de alcanzar el objetivo por el que llevo casi seis años trabajando duro me enfrento a una pregunta más difícil que cualquiera que haya contestado en todos los exámenes que he tenido que superar para llegar hasta aquí: ¿por qué decidiste estudiar Medicina?

Si algo he aprendido en este tiempo es que “ser médico” no es lo mismo que “estudiar Medicina”. Ser médico es mucho más, pero también mucho menos. La grandiosidad que rodea a “estudiar Medicina” a veces satura a esta carrera de superficialidad; y perdemos su esencia y su razón de ser.  El “ser médico” (así, sin mayúsculas) es algo mucho más natural y mucho más importante que cualquier titulación universitaria. Por eso creo que la pregunta estría mejor planteada de esta forma: ¿por qué quieres ser médico? Porque “ser médico” engloba mucho más y se ahorra la solemnidad y egolatría que acompaña a veces a la Medicina y que creo que en muchas ocasiones daña la relación médico-paciente.

Lo que a mí me impulsó a escoger esta carrera en lugar de Derecho (soy la nieta mayor en una familia de abogados) fue la Medicina como CIENCIA. Y la descubrí tarde, gracias a un fantástico profesor de Biología en el colegio, que me contagió las ganas de saber y aprender, el pensamiento y el razonamiento científico y la curiosidad por desentrañar el complejo y perfecto funcionamiento del cuerpo humano.

Diagnosticar un caso difícil, elegir el tratamiento perfecto o llevar a cabo una investigación científica (todo ello alimentado por unas cuantas series de médicos en la televisión) me dieron la motivación suficiente para decidirme por ella.  Y también el aplauso de mi familia al conocer mi decisión. “La abogacía solo te dará la satisfacción profesional y económica, pero la Medicina te dará además la satisfacción personal; y eso hace que siempre sea una buena elección”, recuerdo que me dijo mi abuelo cuando le conté que su nieta mayor no tomaría las riendas del bufete.

Pero durante el primer año me di cuenta de que la ciencia es a veces ingrata y siempre muy sacrificada… y fue el ARTE (que también forma parte de la Medicina) lo que me hizo no tirar la toalla durante estos agotadores seis años. Ya que, como dijo Agustín Fernández Mallo, "en toda ciencia hay una aliento estético y en todo arte hay técnica, y no es posible separarlos sin degradación de la obra final". Siempre tuve dentro el impulso de ayudar a quienes me rodeaban y necesitaban a alguien, desde muy pequeña. Así que podría decirse que inconscientemente fue el arte de la Medicina lo primero que me atrapó.

Pero ha habido una certeza que me ha acompañado estos años y me ha dado fuerzas en los momentos de desmotivación (que los hay, y mucho): solo tenemos una vida, y la enfermedad es una forma de perder el tiempo que se nos ha regalado. Ayudar a que las personas puedan volver a aprovechar su tiempo tras recuperar la salud; o que aprendan a crear una vitalidad suficiente como para disfrutar de la vida pese a su situación de enfermedad incurable es para mí el motivo principal. Lo que cada uno haga después con ese tiempo que les queda es ya una decisión personal; pero darles la opción de aprovecharlo al máximo aportándoles bienestar me parece la piedra angular de este “arte científico” o esta “ciencia artística” (ya no sé qué la define mejor).

No voy a decir que Medicina sea la carrera más bonita del mundo, pero desde luego yo no me imagino haciendo otra cosa. Eso no nos convierte en superhéroes ni en personas especiales ni nada por el estilo, nunca me gustó hablar de “casta médica” porque creo que no hace más que aumentar la distancia que hay entre la silla del médico y la del paciente. Me parece triste notar la gran diferencia que se experimenta cuando en lugar de sentarte en la silla del médico te sientas en la del paciente. Porque a algunos pacientes se les olvida que la función del médico es ayudarles, pero a muchos médicos también se les olvida el objetivo de su trabajo y la razón de ser de la ciencia que eligieron, muchos médicos olvidan que también ellos cumplen en varias ocasiones el rol de enfermo.

Al fin y al cabo, solo somos PERSONAS que aprenden a cuidar a otras PERSONAS.

Laura Castro Portillo. Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme (Sevilla). 6º Medicina. Curso 2012/2013.

Medicina: y la balanza se desequilibró

¿Por qué he estudiado Medicina? Es una buena pregunta, que me he planteado en repetidas ocasiones a lo largo de la carrera, y ahora, por fin, me dispongo a intentar encontrar una o varias de sus razones causales.

Remontándome a los tiempos, donde como cualquier joven, me preguntaba hacia donde quería encaminar mi vida, me veo como un joven inquieto, acostumbrado a intentar sacar el mejor rendimiento que me fuera posible, tanto dentro del ámbito escolar, como fuera, en el ámbito social, personal, cultural… Y cuando llegaron los temidos años del Bachillerato, sabía que no había marcha atrás, tendría que tomar la que se convertiría sin duda alguna, en una de las mayores decisiones de mi vida. Sabía que quería ir a la Universidad, me habían educado en unos valores que me hacían perseguir el mejor futuro que estuviera a mi alcance y, aunque esto en la actualidad puede ser un poco más controvertido, por entonces no se dudaba de que ese fin se debía conseguir mediante estudios universitarios. 

Eso estaba claro, pero ¿qué carrera estudiar? La verdad, lo pensé mucho, fui asesorado por propios y extraños, personas de todo tipo que me decían “haz esto”, “haz lo otro”… pero sabía que al fin y al cabo esa decisión debía ser mía, pues sería yo y sólo yo, quien tendría que convivir con sus consecuencias, tanto las positivas, como las negativas.

Entonces pensé, quiero hacer algo que me guste de verdad, algo con lo que me sienta identificado y con lo que pueda disfrutar a diario. Y sabía que me gustaba tratar con personas, que era algo que no se me daba mal, quizás por mi carácter, quizás por mi personalidad o quizás porque casi siempre estaba dispuesto a echar una mano en lo que fuera necesario. De cualquier modo, esto era muy general, aún me quedaban muchas carreras dentro de estos parámetros, por lo que había que afinar más…

También llegué a la conclusión de que el ámbito de la biología y de la salud, era el que más me gustaba, el que más me había atraído en esos últimos años. Yo, sinceramente, había elegido el Bachillerato de Ciencias de la Salud, no porque tuviera por entonces, tras la Secundaria, un excepcional interés en este tema, sino porque era el único que me dejaba vía libre a escoger cualquier carrera que me apeteciera tras realizar la Selectividad. Durante los dos años de Bachillerato me fui imbuyendo en ella y me fue gustando cada día un poco más, también he de decir que facilitado por los grandes profesores que tuve la suerte de conocer. 

Pero, me surgía una disyuntiva por aquel momento. A mí siempre me había encantado y me encanta la Historia. Disfrutaba en aquellas clases y me apasionaba y apasiona visitar lugares y descubrir diferentes culturas y etnias que hayan habitado los diferentes lugares de nuestro planeta. ¿Por qué no estudiar Historia entonces? Bueno, supongo que esta carrera cumplía mi primer fin, disfrutar a diario con lo que hacía. Sin embargo, se me quedaba un poco corto en el segundo, pues tenía bastante menos trato con las personas y más estudio de textos pasados de lo que me gustaría. Parecía que la balanza comenzaba a desequilibrarse, pero necesitaba una última razón que me empujara a elegir Medicina.

Y esa última razón, me la aportó la fría lógica. Necesitaba estudiar una carrera que me asegurara un futuro estable desde el punto de vista económico. Yo no quería vivir con más de lo que necesitara… tan sólo quería poder disponer de una cantidad de dinero suficiente para vivir por mí mismo, y poder afrontar con mi sueldo los gastos del día a día, después de los esfuerzos que durante tantos años habían realizado por mí mis padres, en mi educación tanto personal, académica y cultural. Ello, me hizo pensar que la profesión de médico, podría permitírmelo, aunque dada la situación actual, esto va quedando cada vez más en entredicho. De cualquier forma, si este aspecto, bastante incontrolable por mi parte, flaqueaba, siempre me quedarían los dos fines anteriores, sobradamente cumplidos, los cuales me harían disfrutar de esta inestimable profesión.

Y todo este compendio de razones y motivos, me impulsó, más tarde que pronto a escoger la carrera de Medicina. Pero, para ello aún debía superar la Selectividad, difícil prueba que aún  me separaba de mi objetivo final. Así pues, me marqué ese objetivo primero como indispensable para conseguir lo posterior, me esforcé mucho y conseguí superarlo con el éxito suficiente como para elegir la carrera deseada. Creo, sin duda, que este esfuerzo que llevé a cabo en su día, me sirvió a lo largo de la dura carrera para superarme y alcanzar poco a poco las metas que me fui marcando.

Una vez pasados prácticamente estos 6 años, y a meses vista de mi Graduación, no me arrepiento de mi elección en absoluto. No me he arrepentido nunca, ni en los buenos ni en los malos momentos, pues creo que todos me han hecho crecer y formarme como persona, y ahora soy bastante más que ese tímido estudiante de primero de Medicina que esperaba en su primer día en las escaleras del Anatómico Forense qué sería exactamente eso donde me había metido y cómo serían sus nuevos compañeros, profesores, aulas… 

No, probablemente estudiar Medicina no ha sido mi vocación durante toda mi vida, como admiten compañeros míos. Yo, con total tranquilidad, puedo decir que en mí la vocación no nació, sino que se fue formando a lo largo de la carrera, viendo lo que me gustaba y todo lo que podría ser capaz de hacer por las personas. Y, estoy orgulloso de ello, pues pienso que los motivos que cada uno tenga para estudiar esta preciosa carrera son los mejores, por el sencillo hecho que son los propios, los de cada uno, los que realmente explican su personalidad y su razón de ser.

Alberto Díaz Jiménez. 6º Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme.

¿Volvería a empezar esta carrera de nuevo sabiendo lo que ya sé hasta ahora?

Definitivamente SÍ, incluso podría afirmarlo con más seguridad que cuando en su momento decidí seguir este camino. Aunque siga existiendo en mí la base fundamental de mi personalidad, la persona que ahora mismo soy es bastante diferente a la que era hace ya unos años, y a pesar de las experiencias vitales que hayan podido hacerme cambiar y madurar durante estos años, evidentemente mi vida se ha visto muy influenciada y marcada por la carrera de medicina. Me gusta llamarla “carrera” porque básicamente la considero como tal, una carrera en la que no sólo depende de ti llegar al final, pues aunque sea un factor fundamental, existen una serie de factores externos (como los profesores, la institución en sí de la Universidad de Sevilla, la mala organización de la facultad, los compañeros, la familia, etc.) que pueden dificultar mucho la llegada, incluso en algunos casos hacerla casi imposible o insoportable.

Como ejemplo ilustrativo de cómo era mí “yo” de aquella época, voy a explicar cómo era mi situación antes de comenzar la carrera y cómo fue el inicio de la misma: Yo soy la menor de tres hermanas, siendo mucho menor de hecho. Por esto quizá he sido la más sobreprotegida, la típica “niña” de la familia que aun perteneciendo a una familia de clase media prácticamente lo he tenido todo incluso antes de pedirlo, así que cuando dije que quería estudiar medicina (al igual que mi hermana) mis padres hicieron todo lo posible por apoyar mi decisión. 

Me he preguntado muchas veces si esta decisión estuvo influenciada o no por el hecho de que mi hermana fuese médico y pienso que seguramente sí, por lo que mi vocación hacia esta carrera no ha sido la típica de muchas personas que desde pequeños dicen que quieren ser médico, sino que fue una decisión tomada ya al empezar bachillerato.

Cuando llegó el momento y elegí medicina tras aprobar selectividad, me encontré con que sólo podía ir a la facultad de Cádiz, así que tras la tremenda decepción, pues yo soy de Córdoba, me vi semanas más tarde con mis 17 añitos camino de Cádiz. La cuestión es que pasadas unas semanas y con el curso ya empezado me llamaron de Sevilla por si quería ocupar una plaza que quedaba libre y acepté. Me gustaría que os imaginarais el trastorno que todo esto pudo suponer para mí, pues de vivir en casa de mis padres pasé a vivir en dos ciudades totalmente desconocidas para mí en cuestión de dos meses y tener que volver a hacer amigos en Sevilla tras haberlos hecho previamente en Cádiz, además de que como el curso en Sevilla había empezado antes, me faltaban apuntes, los compañeros ya tenían sus pequeños grupos sociales, etc. Para colmo, solo encontré sitio en una residencia de estudiantes femenina (de monjas) donde me instalaron en una habitación de una monja que había muerto días antes en una zona incomunicada de las demás estudiantes. 

Creo que no tengo que mencionar la de veces que lloré, lo sola que me pude sentir y la de veces que estuve a punto de abandonar, volver a casa con mis padres y estudiar cualquier otra cosa. La cuestión es que tras este momento tan trascendental en mi vida, pasadas unas semanas, mi manera de ser dio un cambio radical y la niña vergonzosa y asustadiza que empezó a estudiar medicina hoy en día es una futura médica, pues como bien dice mi madre: “tropezar y no caer es adelantar camino”.

Cristina Remedios Miras Sánchez. HUNSV.

Ser médico era una profesión que, además de “cualidades científicas”, exigía valores humanos y cívicos no tan necesarios en el ejercicio de otras actividades profesionales.

¿Qué me animó a estudiar medicina? A escasos meses del final del sexenio de formación y educación teórica, clínica y práctica que he vivido en la Facultad de Medicina de Sevilla, aún encuentro dificultades para responder con exactitud a esa pregunta. Tras aquella decisión no hubo una causa concreta ni un fin diáfano y claro; más bien, fue un conjunto de circunstancias lo que me impulsó a elegir ese camino profesional.

En aquel tiempo, yo era el típico adolescente que, de pronto, toma conciencia del futuro inquietante y próximo que le concierne. Ante él, debía apurarme en adoptar, en un corto período de tiempo, una de las decisiones más importante de mi vida: ¿Qué carrera universitaria estudiar? Hasta entonces, en mis primeras cábalas estudiantiles, habían predominado las ideas económicas-legislativas (algo que siempre despertó en mí una gran admiración) y las disciplinas científicas como Farmacia, Biología, Química... Sin embargo, entre este elenco nunca figuró aquella carrera que probablemente englobaba todas aquellas cuestiones que me inquietaban. En efecto, la Medicina pasaba por aquel entonces desapercibida en mis años infantiles. Probablemente el hecho de que careciese de alguna persona cercana (mis padres estudiaron carreras de Letras) que pudiese haberme dado a conocer la profesión y el rechazo ignorante a profundizar en algo que, a priori, me resultaba desagradable, me impedían apreciar la profundidad y relevancia de sus valores.

En medio de aquella desorientación e incertidumbre, en medio de aquella tormenta de consejos de familiares, padres y personas afines (que presumen de conocerte mejor de lo que jamás llegaría a conocerse uno mismo), un hecho vino a influir en mí de manera decisiva: la lectura de un libro que, en aquella época de confusión e incertidumbre, sacudió mi conciencia. En él, leí cosas como esta que a continuación transcribo:

"Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz a dónde dirigirse... ¿Qué se hace con la vida? Andrés se inclinaba a creer que el pesimismo de Schopenhauer era una verdad casi matemática. El mundo le parecía una mezcla de manicomio y de hospital; ser inteligente constituía una desgracia, y sólo la felicidad podía venir de la inconsciencia y de la locura".

Estas palabras del célebre escritor Pío Baroja, contenidas en su libro "El Árbol de la Ciencia", sobre su personaje, Andrés Hurtado, por extraño que parezca, se asemejaban sin duda al pensamiento de jóvenes españoles como yo un siglo más tarde. En su desconcierto ante la vida identifiqué mi propio desconcierto, y en su rebeldía ante una sociedad corrompida e insolidaria empecé a comprender que ser médico era una profesión que, además de “cualidades científicas”, exigía valores humanos y cívicos no tan necesarios en el ejercicio de otras actividades profesionales. Así fue, en efecto. La lectura de aquel libro influyó mucho en mí, y es justo que lo refiera como causa fundamental en mi decisión de estudiar la carrera de Medicina, rechazando todas las opciones que hasta entonces había manejado.

Andrés Hurtado, el personaje principal de la novela, encarna la figura de un adolescente que se aventura en la ardua tarea de estudiar medicina, y a través de los años se va haciendo a la vida, y podríamos decir que representa la viva imagen del médico altruista, que personifica los valores tan demandados por esta profesión. Critica desde la ficción histórica, la figura del profesional sanitario altivo y despreocupado, más atento si cabe a su condición de figura social, y empecinado en la transmisión de ese pedigrí y linaje médico a futuras generaciones que se iban incorporando a la profesión. Sin embargo su personalidad, guarda un fuerte aspecto negativo, combina todo lo anteriormente mencionado con una visión pesimista de la vida. Influido por las corrientes filosóficas de la época, orienta sus pensamientos hacia un radical escepticismo religioso, social y económico.

La importancia de este personaje en la transformación de "mi concepción de la vida" posee un alto valor simbólico. Se dice de él en el último capítulo de la novela que "tenía algo de Precursor" y tanto... Es decir, vencido por su choque constante con la realidad, el personaje Andrés se muestra siempre comprometido con la vida y abre la esperanza hacia un futuro en que ciencia y justicia conseguirán liberar al hombre de sus servidumbres. El mensaje de esta obra es también actual, pues se describe en la novela una fuerte crítica a la insolidaridad social, a la corrupción e ineficacia del sistema político, el anquilosamiento de muchos aspectos científicos en España... El autor elevó el pesimismo y el desengaño propio de la época a la categoría de "Pesimismo y Desengaños Existenciales".

Podríamos estar ante un símil de lo que un siglo más tarde vuelve a repetirse. La tristeza de una sociedad española, que vuelve a no creer en la existencia de valores éticos, donde las palabras corrupción e interés son el eje de la mayoría de las conversaciones entre ciudadanos. Desahucios, privatizaciones, acceso denegados en Sanidad, desigualdades...Todo confluye en un Estado de escepticismo y desilusión global.

Por todo ello y como valoración personal, los valores médicos que tienen que acompañarnos durante toda nuestra vida, y por los que, en definitiva, me aventuré en la idea de estudiar esta carrera tienen que ser una combinación de ese altruismo y dedicación a los demás, involucrándonos como figura de salud, en una sociedad que demanda esperanza y cambio, luchar por esas desigualdades que nos conciernen y garantizar al máximo exponente derechos universales e inherentes al ser humano, que jamás tuvieron que abandonarle. Todo esto, y por ello hoy doy Gracias, es lo que me condujo hasta este lugar, y lo que me va a permitir ser materia prima de ese cambio futuro y demandado.

.....Y yo lo llevo en la sangre


En mi caso quiero ser médico desde muy pequeño y eso que no tengo ningún familiar cercano que lo sea, y que me haya influido para estudiar medicina.

Los motivos son muchos y se suceden cronológicamente .Vengo de una familia extremeña que se dedicaba a la ganadería  y mi abuelo era carnicero. Desde pequeño mi abuelo me explicaba todos los órganos de los cerdos, ovejas y otros animales debido al gran interés que yo mostraba, cuando él estaba haciendo su trabajo y yo le veía. Me encantaba que me contara el funcionamiento de los mismos y cómo se llamaba cada  tejido  que él me enseñaba, explicación que yo atendía con admiración.

Lejos de asustarme o darme asco yo los cogía, observaba y preguntaba si eso mismo teníamos nosotros dentro de nuestro cuerpo. Mi abuelo sorprendido me razonaba que no eran exactamente iguales pero que los órganos del cerdo eran muy parecidos a los de los humanos. Desde ese momento mi interés se centró en el  cerdo y no precisamente por su rica pata que a todos nos gusta. Esta experiencia,  yo creo que es muy importante y que ha sido la base de por qué me he fijado en esta carrera tan ESPECIAL. Pienso que si no se hubiera dado esa condición, probablemente nunca hubiera descubierto esta vocación, esta idea fija  que me impulsado a esforzarme en todas las acciones encaminadas a conseguirlo.

Posteriormente en el colegio e instituto la asignatura que más me gustaba y atraía era la parte de la biología que se encargaba del estudio de los seres humanos, reforzándose en mí la idea de querer dedicarme al estudio y cuidado de las personas toda mi vida. Estas ideas tan claras permanecieron en mi latentes  hasta 2º de bachillerato, momento en el cuál dude si hacer otra carrera debido al gran sacrificio y esfuerzo que suponía una formación de más de 12 años . Pero un día me desperté con una idea clara que era la de que quería sentirme útil en la vida, ayudar a las personas en el aspecto más importante que para mí es la salud. La medicina reunía todos lo que yo buscaba y la fijé en mi pensamiento como meta.

Los primeros años de la carrera fueron para mí un poco decepcionantes, ya que estudiamos muchas cosas que yo no me esperaba y de una manera muy poco práctica. Eso de que la vida de estudiante es la mejor creo que podría aplicarse a otras carreras, con todos mis respetos pero a la de medicina no tanto… He visto como amigos estudiantes salían de fiesta, viajes e innumerables eventos, mientras yo tenía exámenes, prácticas o algún otro motivo por el que no podía hacerlo.

Una vez que fui superando cursos cada vez me gustaba más y el adscribirme al Hospital Universitario Virgen de  Valme supuso un fuerte estímulo para mí  ya que tanto las asignaturas como  las prácticas me gustaron mucho. Ahora llegando al final del camino miro atrás con cierta nostalgia. Pese al gran sacrificio que me han supuesto estos 6 años, tengo clarísimo que no me he equivocado de camino, que estoy donde quería estar y que pronto me estaré dedicando a lo que siempre he querido, gracias al trabajo, constancia y esfuerzo que estos años he tenido que realizar.
Antonio Cruz Medina. Hospital universitario Virgen de Valme. Febrero 2013.

¿Sabes quién fue el primer médico de la Historia?

Han pasado ya más de seis años desde que mi abuelo me respondió con esta pregunta cuando le dije que quería estudiar Medicina.

“No, ¿quién?”: le pregunté ingenua creyendo que iba a empezar a narrarme unos hechos con nombres, apellidos y fechas.

“El primer médico de la Historia fue la primera persona que tendió su mano para ayudar a alguien en el suelo a levantarse, limpió sus heridas derivadas de la caída y le hizo sentir mejor tras el dolor del golpe.”

Yo sonreí. Ser médico es Ayudar.
Ayudar es el Fin, y todo lo demás son los medios. Una carrera de seis años son los medios, el estudio y el sacrificio son los medios, la preparación son los medios, ser médico son los medios… y aunque a veces me ha resultado duro, agotador, extenuante… ese Fin es lo que quiero y lo sé desde que escuché la historia de una frase sin fechas y sin nombres.Yo quiero ayudar y esta profesión es la forma más bonita que he encontrado para hacerlo.

Sí, a mí este Fin me justifica estos medios.
Y desde que adquirí esta forma de ver la carrera, no he dejado de identificar medios y afrontarlos: “todas estas horas de estudio me ayudarán a desarrollar la resistencia”, “esto es para aumentar mi capacidad de concentración”, “los días intensos me entrenan para en unos años ser capaz de trabajar con buen rendimiento bajo presiones, durante las guardias, cuando las cosas se compliquen…”

Y así he ido superando cursos y ganando recursos.
A tres meses de terminar la carrera, me miro y me comparo con la yo de diecisiete años que entró por primera vez en este mundo y me doy cuenta de lo mucho que me ha cambiado la Medicina. Después de seis años imbuida en apuntes, clases, libros, horas de estudio, prácticas de laboratorio, de hospital, exámenes, agobios y alegrías, parece que no he tenido tiempo para percatarme de lo que me estaba pasando por dentro:

Si empecé en primero teniendo mi vida a un lado y la Medicina a otro, ahora en sexto de repente no las puedo separar, se han solapado dos esferas, yo lo visualizo como un eclipse permanente.

Si empecé en primero sin entender bien del todo a qué se referían algunos profesores con aquello de “ser médico no es un trabajo sino una forma de vida”, ahora en sexto de repente creo que estoy adoptando ese modo de vivir y me dirijo a mi yo de diecisiete años para decirle “¡que no se trata de entender, que se trata de sentir!”.

Si empecé en primero guiada por el “ver, oír y callar”, ahora en sexto me quedo con la triada “observar, escuchar y ayudar”.

Si empecé en primero estudiando para superar exámenes, ahora en sexto hace tiempo que experimento continuamente la necesidad de saber más… de estudiar para aprender más, para responder a mis preguntas, para formarme lo mejor posible. Ya no se trata de superar un examen, sino de poder dar respuestas ya sea con palabras, con gestos o con acciones, a los problemas que impiden el bienestar de una persona.

En estos seis años he estudiado mucha teoría médica, pero me llevo la sensación de haber aprendido más que eso… he aprendido mucho acerca de las personas, llegando a interiorizar la acertada frase “en medicina no se tratan enfermedades sino enfermos”, hasta el punto de establecerla como una estrella guía que no me permita olvidar nunca que sentirse atendido, sentirse acompañado, sentirse comprendido, sentirse escuchado de verdad, puede hacer tanto o más que un tratamiento farmacológico en algunos casos,por lo que no deben ir separados; una estrella guía que no me permita regirme por un patrón común, sino que me recuerde siempre que “cada paciente es un mundo”. No sé si este cambio ha ocurrido en segundo, o en tercero, o en quinto, o ayer.

Posiblemente a lo largo de todos estos años, pero tampoco importa demasiado identificar el momento preciso en el tiempo. Lo que importa es que ahora me doy cuenta de que la Medicina me ha llevado a su terreno y yo no he hecho ni un mínimo esfuerzo por resistirme.

Medicina es Vida. ¿Será por eso por lo que se está aquí tan a gusto? Será por eso por lo que voy a quedarme aquí, en mi eclipse perenne. No solamente en busca de personas para ofrecerles la mano, limpiar sus heridas e intentar hacerles sentir bien; sino también en busca de aquellas que tienen miedos o están a punto de caerse y quieren un soporte para evitar la caída y ganar seguridad. Tengo suerte de querer ser médico… tengo suerte porque no sabría hacer otra cosa.

Consuelo Ramos Giráldez. Alumna de sexto de Medicina en el Hospital Universitario
Virgen de Valme. Universidad de Sevilla. Febrero de 2013.

Pero a todo esto, lo que mas me gusta, es añadir la palabra ESPERANZA.

¿Por que estudio medicina?   Buena pregunta

Complejo de Jesucristo. Es una de las cosas que te planteas cuando eres joven… cuando ya te va alcanzando la madurez, como es mi caso, la mirada se va volviendo resignada, humilde, cautelosa, limitada….


La muerte reflejada en los ojos de un niño. En mi caso es uno de los sucesos que más, me ha impactado, y aun hoy no consigo encajar o racionalizar… , un niño con una enfermedad mortal. Eso me alcanza de un modo incapacitante, sin embargo hay compañeros que trabajan con ello de forma diaria, los admiro, y no dejo de asombrarme de la diversidad del espíritu humano…

Disciplina de muchos ¿por qué? y de pocos porque.

Regusto algo amargo como el poso de un buen café….

Fascinación por los porqués, la complejidad de la naturaleza. Que ante mis ojos expectantes cual chiquillo ante nueva respuesta, se va deshilando como un hilo infinito….


La limitación de los conocimiento. Como limitado es el ser humano, esto hace que aceptar que ya no podemos curar es para mí algo duro, que solo se ve aliviado solo en parte, por el hecho de que paliar y reconfortar si tiene un campo infinito…. Complejidad del alma humana. Que diferentes somos unos de otros, sin embargo solo nos iguala la enfermedad y la muerte como el rey al plebeyo… y de esto la medicina hace todo su universo, como herramienta de igualdad…


Capacidad de ayudar a personas. En un momento crítico en sus vidas, es dar lo mejor de nosotros mismos, para ayudar a nuestros semejantes no en cualquier momento, sino cuando más lo necesitan…  Formar parte de una elite ancestral, nos engañaríamos, si lo negáramos, es poder desde hace mucho tiempo, aunque el modelo de paternalismo medico ya no existe, pero la figura del médico sigue siendo una garantía de éxito personal.


Forma parte de un proceso de superación personal. Es lo que supone en mi caso personal, desde la convicción de una persona que pensaba que no valía para estudiar y encontrarme en el último año de una difícil carrera, y seguir enamorado de ella, es como subir el Everest… Enriquecimiento de relación con personas de diferentes generaciones. Este es el ámbito de la universidad que permite este enriquecimiento, y que la hace un marco inimitable para las relaciones humanas …

Una escuela de niños grandes… siempre pienso que hay que verla con esos ojos. Me resulta muy curioso lo que la gente ve en un medico. Es como un faro en la noche oscura para los marineros, pacientes ante la incertidumbre de su propio rumbo, que reconforta, que guía y que tranquiliza, pero el rumbo lo gobiernan el mar y las corrientes… el faro solo ayuda.


Proceso de renuncias y aceptación de la realidad humana, de su naturaleza efímera, de nuestra verdadera misión como seres humanos. ¿pude haber hecho mas?, ¿pude haberlo hecho mejor? Son preguntas que no le deben faltar a un medico en todos sus pacientes…


Pero a todo esto, lo que mas me gusta, es añadir la palabra ESPERANZA, que para mi significa futuro, nuevos horizontes de curación, el _____, en este momento no se cura pero se esta probando un nuevo procedimiento que si lo hará, y eso ante los pacientes que sufren la enfermedad no es poco..No olvidar quien era y en que me he convertido al cabo de seis años de carrera y pensar que ha valido la pena el camino…


Ignacio Soldado Rodríguez. 6º curso de Medicina de Hospital Universitario de Valme de la Universidad de Sevilla.

Personas de las que he aprendido Medicina, muchas. Personas de las que haya aprendido a hacer Medicina, ninguna.

La verdad que ante la cuestión de por qué estudié Medicina habré respondido de una manera diferente cada vez que me la hayan preguntado. Como todo en la vida, depende de con qué pie te hayas levantado ese día. Y creo que con esta carrera se hace aun más evidente. Supongo que si me lo hubieran preguntado allá por junio de 2007, antes de empezar primero, hubiera respondido algo totalmente opuesto a lo que voy a responder hoy. Y la verdad, nunca me había planteado cuánto puede cambiar una opinión a través de la experiencia. Es decir, como el paso del tiempo, puede modular tanto una percepción que parecía tan segura por entonces.

Creo que mi ‘yo de primero’ con unos cuantos kilos de ojeras menos que ahora y una mirada algo más amable, menos cansada, habría respondido fiel a lo que era. Una chica de 17 años con miles de proyectos en la cabeza, unas ganas inmensas de absorber cualquier información que pululara a mi alrededor y con una idea demasiado sobrevalorada de cómo sonarían unos pulmones enfisematosos a través de mi fonendo. Hubiera respondido que siempre había soñado con vestir una bata blanca y andar por los pasillos de un hospital saludando a cada uno por su nombre. Entrar en todas las habitaciones de los pacientes, sentarme en sus camas, apagar la tele y simplemente charlar. Conocer su enfermedad. No la del libro, sino la suya. De qué manera le duele, sí, y cómo se irradia, pero también cómo le afecta cuando llega al trabajo cada día sin haber dormido la noche anterior. Y cómo desde entonces se ha vuelto una persona dependiente, y no puede levantarse sin ayuda para ir al baño. De lo que le preocupa que ahora sea su hija la que tiene que darle de comer a ella, cuando hasta hace unos años era al contrario. Pensaba ser de esos médicos a los que le preocupan las personas. Que quieren conocer su realidad completa, su realidad sana y no solo su realidad enferma. En fin, no sé si logro explicarme, porque ni yo misma recuerdo exactamente cómo era esa imagen que había fabricado en mi cabeza antes de entrar en un hospital vestida de blanco por primera vez.

A medida que fueron pasando los meses y los años esa imagen se fue deteriorando. No encontraba esa amabilidad por ningún rincón del hospital. Todo era burocracia, papeleo y gestiones. El tiempo para ver a los pacientes se reducía a una mínima parte de la jornada. Pruebas complementarias, exploración física y plan terapéutico. ¿Pero y el momento de sentarse junto al paciente y escuchar?, ¿cuándo llegaba esa parte en la que el médico callaba, sonreía y simplemente escuchaba al paciente? Esperé que llegara el momento pacientemente, pero a día de hoy todavía no ha llegado. Por el camino me he encontrado auténticos genios de la Medicina, de los libros me refiero. Pero ni uno, y es muy duro decirlo tras seis años, ni uno solo ha sido para mí un referente. Alguien de quien fijarme, de quien aprender, alguien a quien admirar. Personas de las que he aprendido Medicina, muchas. Personas de las que haya aprendido a hacer Medicina, ninguna.

Espero que nadie se haya echado las manos a la cabeza con esto que he dicho. Quizá alguno de mis compañeros escriba sobre lo estimulantes que han sido estos seis años de carrera, lo mucho que le han hecho reafirmar sus pensamientos iniciales sobre el ejercicio de la Medicina. Me alegro infinitamente por ellos. Ojalá yo hubiese buscado donde ellos han sido capaces de encontrar.

De todas maneras, ‘nadie escarmienta en cabeza ajena’, o al menos eso decía mi abuela. Así que yo, ahora a mis 23 años, con algo más de ojeras que a los 17 pero con menos que los médicos de mi hospital, estoy a tiempo. Siento que me encuentro capacitada y en el momento adecuado de cambiar las cosas. De no cometer los mismo errores. De escarmentar de una vez por todas de esta forma de hacer Medicina. De no conformarme con hacer lo mismo que han hecho otros. De cambiar las cosas. De crear escuela o como quiera llamarse. De preocuparse de una vez por todas del enfermo y su vivencia de enfermedad. De su familia. De su entorno. De dejar de mirar a las personas a través de una radiografía y mirarlas a los ojos durante un buen rato. Creo que todavía no me han quitado la ilusión de ser buen médico. Y espero conservarla unos cuantos años más.

Y esta es mi opinión a día de hoy, filtrada a través de seis años de carrera. Muy diferente de mi idea inicial. Quizás dentro de otros seis haya vuelto a cambiar.
Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

No quiero ser médico por lo bonito o feo que sea la profesión, quiero ser médico como una forma de vivir en el mundo, incorporándolo dentro de mí como cualquier otro carácter personal.

He tenido muchas razones a lo largo de mi vida por las que quería aprender a ser médico. Al principio mis pensamientos respecto a este tema iban dirigidos a curar a las personas y divertirme haciéndolo, como creo que un niño piensa acerca de cualquier dedicación futura. La verdad es que en mi cabeza nunca hubo otro pensamiento que el de ser médico, quizá sea por eso por lo que me derrumbé al acabar los estudios y comprobar que no había entrado en la carrera. Más tarde pensé que si no podía ser médico, quizá si podía ser cualquier otra cosa, al fin y al cabo crecer también significaba apoyar los pies en la tierra y asumir los vaivenes que la vida te ofreciese. ¡Qué equivocada estaba! Cuando más segura estaba que mi vida se centraría en la Biología, una llamada de teléfono me brindó la oportunidad de cumplir mi sueño y volver a despegar del suelo.

El comienzo fue tal y como lo imaginé lleno de entusiasmo, pero no de muchos profesionales de la medicina que me ilusionaran y me dieran aplicaciones de lo estudiado a la relación con las personas. Es cierto que necesitaba muchos conocimientos aún, pero también necesitaba un poco de motivación y que mi aprendizaje no fuera una decepción o una falta de equilibrio entre la importancia de las asignaturas y su correcta aplicación a las personas. Aprendí que los conocimientos científicos acerca de una profesión te dan las herramientas para ejercerla racionalmente, pero, ¿es eso lo que se espera de un médico?, ¿que diagnostique y trate al paciente como una máquina hecha exclusivamente para acumular información y a la que no hay que enriquecer de otras disciplinas? En mi opinión, es esto precisamente lo que te enseña la carrera.

He de decir que el último curso de la carrera donde nos encontramos, ha despertado en mi aún más si cabía, el deseo de seguir estudiando no para ser el premio Nobel de Medicina en un futuro sino estudiar a cada persona individualmente, cosa que claro está, llevaría tiempo hasta al más inmortal de los mortales. He aprendido a mirar desde una mirada ajena, a sentir desde el corazón de otras personas y a vivir feliz sabiendo todo lo que me queda por aprender. En este sentido creo que este año si me he encontrado con un par de profesionales que de modo personal y sincero han hablado con la futura médico que voy a ser ,y no como una alumna, que no es ni siquiera de notables, a la que hay que apretar las tuercas para que sepa etiologías, patogenias, diagnósticos y tratamientos de muchas enfermedades. Soy consciente que hay cosas de las que tendré que empaparme para poder orientar bien la enfermedad de las personas, pero también he pensado en estudiar otras disciplinas sean vía universitaria o a modo de cursos, seminarios o grupos de trabajo para aprender y entender al cien por cien la Medicina. En este sentido nunca he tenido la necesidad de acabar antes que nadie la carrera, de elegir especialidad por reconocimientos externos a la profesión o por decir que un puesto en el MIR me hace mejor médico que otra persona, cosa con la que día a día me encuentro en mi entorno.

Antes quería ser médico, ahora quiero ser amiga, hija, vecina, estudiante, compañera, y todas esas cosas que nos definen como personas. No quiero ser médico por lo bonito o feo que sea la profesión, quiero ser médico como una forma de vivir en el mundo, incorporándolo dentro de mí como cualquier otro carácter personal. Ante todo esto también me he preguntado centenares de veces si mi forma de querer ver la medicina es la verdadera, si mis motivos para haber comenzado su estudio y ahora para incorporarla como parte de mi son válidos, o validados por la sociedad. Siento que en muchas ocasiones voy a cruzarme con trabas burocráticas, económicas y políticas en el ejercicio de la medicina pero también soy muy positiva al respecto puesto que aunque existan presiones externas, desánimos o incluso prohibiciones ante determinadas acciones médicas, nadie puede quitarme la manera de entender la medicina, pues sería quitarme mi propia personalidad y puedo asegurar que ningún político o “alto cargo, que no alta persona” podrá arrebatármela.

Hoy por hoy he contestado a aquella persona que fui al empezar la carrera y he comprobado que soñar es precisamente lo que nos hace estar en el mundo y es por ello por lo que entiendo esta profesión como la más cercana a tener bien puestos los pies en la tierra y la que me hace despegarlos de él en momentos claves de mi vida. Soy consciente también que terminaré la carrera exenta y discapacitada para multitud de ocasiones que se me presentarán en la profesión y que seguirá siendo una lucha diaria para adquirir los conocimientos necesarios pero ¿es que acaso en la vida no vamos luchando y superando absolutamente todo? Ante esto solo me queda decir la satisfacción personal que me da seguir hacía delante con mi mirada fija en esta magnífica forma de vida.

Alumna de 6º curso de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Quiero ser MÉDICO, sí eso significa poder cambiar en algo (muy poco, lo sé) la realidad.

Siendo sinceros.

Siendo sinceros, las razones que mueven nuestras inquietudes, deseos, metas, ¿intereses?, son habitualmente de lo más corrientes, vulgares, ¿predecibles? Quizás este punto de vista, esté totalmente condicionado por una falta de confianza notable en la filantropía INNATA, y este es el mismo tema. 

Yo, no empecé medicina porque: me gustaba la gente, quería ayudar, quería hacer algo por el mundo, soy un beato de la vida... Yo comencé medicina porque estudiar medicina es guay, me va a solventar el futuro económico, voy a saber mucho, seré alguien respetable; y además, mi padre es médico, ¿acaso existe otra cosa que no sea MEDICINA?: No hombre no...¡es lo mejor para ti, hijo mío! ¿Qué vas a ser si no, artista? Bien, por eso empecé a estudiar medicina. Y digo, empecé. Ciertamente, me resulta complicado creer que un/a postadolescente de 18 años recién cumplidos, SANO/A, sin ningún PROBLEMA reseñable hasta esa fecha, empiece a estudiar medicina por alguna razón distinta que no sea la que yo tuve en su momento. ¿Hasta dónde llega nuestra sensibilidad humana en ausencia de sufrimiento ajeno, y sobre todo propio? Creo, no demasiado lejos. ¿Cómo me va a indignar una sensación, somática o psíquica, que sólo conozco (y muy de pasada) cognitivamente? Difícil, ¿imposible?: bueno, alguno habrá... no fue mi caso.

Año 1, comienzo medicina y la medicina es desbordante. Asistes a las clases: entiendes 2 cosas: una sobre la proteína quinasa A, y otra sobre los canales de sodio/potasio. Incluso, aprendes a decir "sincitiotrofoblasto". Y ya eres médico "de facto" o al menos, para tus amigos, y para esa chica de la biblioteca que te gusta, y eso es muy importante; lo que más. Exámenes. Más clases. Prácticas de laboratorio. Sala de disección. Más exámenes. Patología general: bien, se te baja el subidón. Realmente, no tengo ni idea. Prácticas de patología general: bien, realmente soy una nulidad.  Comienzas a ver enfermos, pacientes, "padecientes". Ahora sí. La planta del hospital: olores, familiares en los pasillos, pasillos sin familiares y además, personas que esperan que tú solventes su problema, sea el que sea, no importa.

La cosa cambia: es la hora de mirar frente a frente al sufrimiento. Ver llorar por un diagnóstico, ver sufrir, ver morir, ver la desesperación por lo que se acaba: hoy, mañana, en 6 meses... Y ver, que tu residente o adjunto puede hacer algo para mitigarlo, ¡incluso para prevenirlo!: consejos dietéticos, fármacos, cirugía, rehabilitación, bronca por fumar... Todo vale para que la sangre no llegue al río.

Ahora sí: nace mi vocación. Empiezo a entender el diálogo: persona-padecer. Uno con el otro: se ignoran, encuentran, distancian, chocan... Voy ENTENDIENDO medicina, sin el "la" delante, porque se aprende en muchos sitios: en cómo nos dice "buenos días" el enfermo, y en cómo gesticula (o no gesticula) cuando le auscultamos. Soy consciente: esto me llevará toda una vida pero estoy dispuesto a llevarla. 

Está bien: estudiar merece la pena si es para esto. ¿Podré aumentar la dignidad humana en mi pequeño círculo de actuación?, ¿en mí mismo?, ¿aunque sea en algo? Me comprometo. Lo voy a intentar. La verdad es que cada día digo con menos entusiasmo que estudio medicina; dentro de muy poco, incluso podré decir que soy médico. Pero no es para mí un orgullo social, poder lucir tan solemne distinción; con todo, quiero ser MÉDICO, si eso significa poder cambiar en algo (muy poco, lo sé) la realidad sufridora y "padeciente" que he visto hasta el momento.  Soy consciente del efecto placebo de la figura del sanador, pero aún así, creo que estamos viviendo una época de cambio en este sentido. Un tiempo en el que cada persona se hace protagonista, y sobre todo responsable de su salud; al fin y al cabo, sólo a ella le pertenece. Sería de desear que nuestra labor en un futuro fuera mucho más encaminada a este tipo de objetivos; espero, no como un acto de cobardía, sino como una verdadera confianza en la actitud del paciente, incluso en la del no-paciente.

Esta mañana, pregunté a mi adjunto dónde estaba la historia de la paciente de la habitación 808-1: mujer, 44 años, neoplasia de mama, metástasis cerebral, cuidados paliativos.
Murió ayer por la tarde. ¿Detrás de todo esto? Sufrimiento. Humano. 
Bien, ahora sí: la MEDICINA comienza a gustarme. Merecerá el esfuerzo. Seguro.

Alumno de 6º curso de la Facultad de Medidicna de la Universidad de Sevilla.

¿Por qué medicina?, para mi no es nada fácil responder a la pregunta

Sinceramente, para mí no es nada fácil responder a la pregunta de porque decidí estudiar medicina, ya que hoy después de 6 años de carrera sigo sin saber los motivos que me empujaron a entrar en esta carrera. Lo que sí sé, es que fuesen cuales fuesen esos motivos mi elección fue la adecuada. Siempre he sido una persona muy insegura, y cuando tuve que elegir un tipo de bachiller, sin duda escogí el de salud porque pensé que era lo mejor para así cerrarme el menor número de puertas posibles, ya que no tenía ni idea de que era lo que iba a hacer. Pensé que tenía dos años todavía y que podría decidirme en ese tiempo, pero el tiempo se iba acabando y yo aún no me había decidido.

Tenía en mente muchas carreras y todas me parecían igualmente validas, me veía en todas y no me veía en ninguna y lo más curioso de todo es que en ningún momento pensé en la medicina como una de ellas. Como muchas otras personas al final me decidí por escoger una al azar ya que no había nada que me llamara la atención y acabé matriculada en derecho y periodismo en el CEU de Madrid (seis largos años de una carrera que hoy me parecería imposible de hacer). Así pues, parecía que ya había decidido que iba hacer con mi futuro, y aún así yo no estaba contenta, había algo en mi interior que me decía que eso no era lo correcto. Entre tanto, empecé a estudiar los exámenes para la selectividad y recuerdo que una mañana mientras estudiaba biología, me pregunte ¿de verdad voy a estudiar 6 años de derecho?, si la biología siempre me ha gustado ¿Por qué no estudiar entonces medicina? Y tal y como esa pregunta surgió en mi cabeza me di cuenta de que era lo que tenía que hacer, así que se lo dije a mi madre (que se echó las manos a la cabeza) y así comenzó mi historia con la medicina.

Durante los primeros dos años lo pase francamente mal, ya que veía a todos mis compañeros ilusionadísimos por estudiar algo que llevaban esperando, la mayoría desde pequeños, y yo me encontraba totalmente perdida y sola, ya que acostumbrada a estudiar siempre en el último momento y bajo la ley del mínimo esfuerzo ahora tenía que estudiar de verdad y me preguntaba constantemente si todo ese esfuerzo se vería recompensado, o si estaba esforzándome en algo que al final no iba a gustarme. Me aterrorizaba pensar que era a eso a lo que me iba a dedicar de por vida, ¿y si no me gustaba al final?, sin embargo, aunque soy una persona insegura, odio rendirme asique abandonar no estaba en mi cabeza.

Pasados esos dos primeros años y coincidiendo con el inicio de nuestras prácticas en el hospital, empecé a relajarme, deje de preocuparme tanto por el futuro para comenzar al vivir el presente, y así fue como empecé a disfrutar de esta maravillosa carrera, de todas la posibilidades que ofrece y que estaban todas a mi alcance. Ahora que voy a acabar ya esta magnífica etapa de vida, me siento exactamente igual que esa niña de 17 que tenía que escoger una carrera, solo que ahora toca escoger una especialidad. Igual que entonces pensé que 6 años serian suficientes para decantarme por algo con seguridad, pero aquí estoy sin saber qué es lo que voy a terminar haciendo. No obstante, existe una gran diferencia porque sé, que escoja lo que escoja va a ser una gran elección, ya que por fin he encontrado mi camino y puedo decir con total seguridad que ante todo quiero ser  una gran medico.
Rosa Mª Vega Rodríguez. 6º medicina. Hospital Universitario Virgen de Valme.

La mejor decisión de mi vida ha sido estudiar medicina

Sí, desde muy pequeña lo imaginaba, lo soñaba, lo sabía…, quería ser médico. Pero, ¿por qué médico?, esta pregunta fue cambiando con los años que cumplía. Cuando era una niña simplemente era mi juego favorito, me quedaba con las recetas y las cajas vacías de los medicamentos que había en casa y montaba mi pequeña consulta para curar a mis muñecos. Además, me encantaba decir que sería médico de mayor, lo decía siempre muy decidida, convencida, segura de que lo sería porque así lo sentía. Conforme pasaban los años, esa fascinación que me producía la medicina como juego, fue cambiando, me gustaba la ciencia, mis asignaturas preferidas eran ciencias naturales, química, biología y evidentemente sin ninguna duda escogí el bachillerato de ciencias. Y después de haber hecho la famosa selectividad, llegó el día de la elección de comenzar mi sueño, mi objetivo: estudiar medicina. A pesar de mi buena nota, mis padres me decían que pusiera otras opciones, otras posibles carreras por si acaso no podía ser medicina. ¿Qué podía no ser medicina?, eso no entraba en mis planes, era impensable para mí, sería medicina o medicina, no iba a ser otra cosa. Y lo demostré.

No me dieron medicina en aquella primera adjudicación, y sin pensármelo dos veces, me dije: pues repetiré selectividad para sacar más nota y si no es este año será el próximo, pero voy a ser médico. Así lo hice, repetí selectividad aún sabiendo que eso ya no repercutiría en ese año, pero no me importaba, necesitaba esa oportunidad de poder estudiar medicina, no era justo que no la tuviera. Sin embargo, mi destino me no era esperar otro año, pues después de una segunda adjudicación me dieron medicina en Cádiz, y lo que era aún mejor, en la tercera me dieron medicina en Sevilla. El principio de mi objetivo comenzaba. Puede que un primer momento, cuando tenía 17 años, lo que más me interesaba de la medicina eran los conocimientos, aprender el porqué de las enfermedades, cómo diagnosticarlas y cómo tratarlas. Despertaba tanta curiosidad en mí, como la de un niño cuando empieza a comprender el mundo que le rodea y se pasa el día preguntándole el porqué de todo a sus padres. Sin embargo, a medida que fui adquiriendo esos conocimientos, me daba cuenta de que todos esos datos, toda esa cantidad de información me resultaba vacía sin la verdadera esencia de lo que para mí es la medicina: ayudar a las personas.

No fue hasta tercero de carrera, cuando entré en el hospital, cuando de verdad me di cuenta y me sentí tan feliz de mi elección.  El hecho de que una persona venga a ti buscando ayuda, mejoría, o simplemente compresión por su situación me parecía lo más maravilloso que me podía pasar. Sentirme útil para los demás, poder darles lo mejor de mí, sí, sabía que era eso a lo que quería dedicar mi vida. Gracias a las prácticas en el hospital he ido aprendido, no solo ver la teoría de las enfermedades que obviamente resulta necesaria, sino a cómo tratar a esas personas que llegan a un hospital asustadas, preocupadas, doloridas, etc. y mi visión personal es que además de un buen diagnóstico y tratamiento (médico o quirúrgico), es esencial una muestra de afecto, de respeto, de cariño, de comprensión, y que ese momento es tan gratificante para el paciente como para el médico.

Ahora seis años después, aunque las motivaciones siguen siendo las mismas en esencia, se han sumado otras muchas que hacen que la medicina cada vez me parezca más bonita y que me sienta más cerca de ella, más partícipe y por supuesto con muchísimas ganas e ilusión por poder empezar un nuevo camino practicando la misma. Y sí, aunque ha sido un camino duro, lleno de obstáculos difíciles de saltar, me siento muy orgullosa de mi elección, y lo haría mil veces si fuera necesario, para cumplir mi sueño.

Alumna de 6º de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Ser médico es una forma de vida, que hay que estar preparado para todo, que habrá momentos muy duros pero los buenos serán tan buenos que los compensarán

Mi vocación por la medicina surgió desde bien pequeña. Cuando ya en el colegio nos preguntaban que queríamos ser de mayores, lo tenía muy claro: quería ser médico. Mientras algunos pensaban que eran cosas de niños, poco a poco algo en mí iba surgiendo, inquietudes, preguntas, a la vez que inseguridades y miedos, que si era una carrera muy difícil, larga, que había que tener mucha vocación... Conforme pasaban los años, ya en el instituto empezaba a ser consciente de que no podía cesar en el esfuerzo de conseguir las máximas notas, ya que finalmente de ellas dependería el posible acceso a esta carrera que tanto me apasionaba.
Por suerte, todo el empeño y horas dedicadas, momentos de estrés y llantos se vieron compensados el día que recibí mi nota de selectividad, ¡ya era una realidad!, comenzaba la carrera y mi sueño estaba cada vez más cerca. Fue en el cuarto curso cuando comencé a hacer más prácticas en el hospital, cuando verdaderamente me di cuenta de que no me había equivocado, que todas mis dudas respecto a la vocación, esa palabra que tantas veces había escuchado y que tanto me constaba comprender si eso era realmente lo que yo sentía, habían desaparecido. Lo supe en el mismo momento en el que empezamos a tratar con los pacientes, fue una experiencia tan gratificante que no tuve duda alguna, eso era lo que realmente me hacía feliz.

Se dice que no hay que mezclar lo personal con lo profesional, pero sinceramente creo que eso en la medicina, es mucho más difícil de conseguir, y al igual que hay situaciones en las que no te puedes sentir mejor, al ver que una persona se ha curado, también hay situaciones difíciles en las que no puedes hacer nada mas por ese paciente, niños muy enfermos… en estos casos es imposible que no te afecte, y es entonces cuando aparece además del papel que todo medico tiene como profesional, ese gran corazón, y ganas de ayudar a los demás, que un medico ofrece a sus pacientes para hacer que el tiempo que le quede por vivir lo haga lo mejor posible. A lo largo de estos años me he dado cuenta de que ser médico es una forma de vida, que hay que estar preparado para todo, que habrá momentos muy duros pero los buenos serán tan buenos que los compensarán, porque un solo gesto o mirada de una persona que deposita toda su confianza en ti sin conocerte de nada es algo que no tiene precio, son esas sensaciones que tiene un médico aquellas que yo quería para mi vida, para mi trabajo y para mi felicidad. Espero superar con éxito la última prueba (MIR) y empezar a poner en práctica todo lo que he aprendido durante esta larga etapa.

Desde aquí animo a aquellas personas que se encuentran en esos momentos de duda e incertidumbre sobre su elección, que no piensen en los inconvenientes de lo que es el estudio en sí de esta carrera si no en lo positivo, en las alegrías y satisfacciones que podrás obtener el día de mañana, que un esfuerzo a tiempo te va a recompensar toda la vida, que es muy importante que cada día cuando te levantes para ir a trabajar sientas que tu trabajo es lo que te gusta, por aquello que tanto luchaste y lo que realmente te hace feliz.

Alumna de 6º de la Universidad de Sevilla

Tener la capacidad de poder curar o al menos aliviar la enfermedad de una persona es algo que me llena más de lo que imaginé

Mis motivos iniciales para estudiar Medicina fueron sencillos, y en parte los esperables en una chica de 17 años: quise estudiar Medicina por la categoría y el supuesto reconocimiento social que conllevaba. Me parecía una carrera con una buena salida profesional y que además yo pensaba que tenía cierto status en la sociedad (cosa que poco a poco vi que no era cierta, ya que en España el Médico está casi sometido al paciente, mientras que la relación Médico-Paciente debería ser de iguales y no de autoridad ni por parte del Médico ni por parte del Paciente)

Mi entrada en la Facultad de Medicina fue una sensación agridulce: estaba ilusionada porque iba a estudiar lo que había elegido, sin embargo, esa alegría duró poco debido al desencanto que llegó cuando vi que el plan de estudios y el sistema educativo que ejerce la Universidad de Sevilla no es funcional, no sirve para que aprendamos Medicina, sirve para que memoricemos y nos busquemos la vida si queremos aprender a hacer algo.

Algunas prácticas durante la carrera han sido completamente inútiles, aunque también ha habido otras (normalmente las de Médica) que me han servido de mucho. Ahí es cuando todo mejoró en cierto modo. Entrar en el segundo ciclo de la carrera implicaba prácticas en el hospital, que nos habían sido negadas durante los tres primeros años.

Entrar en el Hospital a hacer prácticas era un mundo nuevo. Te das cuenta que no solo tratas una enfermedad, no solo tienes que interpretar unos signos y síntomas y llegar a un diagnóstico certero, estás tratando con una persona, igual a ti, con sus problemas y alegrías, y no solo eso, sino que esa persona está poniendo su salud en nuestras manos. El trato humano fue lo que más me sorprendió. Hay que implicarse, y sin embargo debemos tener claros ciertos límites. En el hospital, junto a los pacientes y los médicos es donde de verdad empecé a sentir que estudiaba medicina, y lo más importante, descubrí que mis motivos iniciales se quedaban obsoletos. Aprendí que quería ayudar a la persona al completo, que una palabra amable hace a veces más que un fármaco.

A día de hoy, reafirmo mi decisión de estudiar Medicina, si bien mis motivos al comienzo eran otros, ahora son mejores. Tener la capacidad de poder curar o al menos aliviar la enfermedad de una persona es algo que me llena más de lo que imaginé. Y aunque no comparto la organización del Sistema de Salud Español, no por ello perderé la ilusión en la Medicina. A día de hoy mis expectativas de futuro es poder ejercer la Medicina de la forma más plena posible. Quiero por ello ir a Alemania o algún otro país con mejores condiciones que España, que últimamente en Sanidad y en todo no anda demasiado bien.

Este es sin duda el trabajo que más me ha gustado hacer, pocas veces se nos da la oportunidad de hacer una reflexión y retrospectiva acerca de lo que hemos hecho y hacemos. Nos centramos solo en los exámenes y no nos paramos un momento para ver dónde hemos llegado y a dónde queremos llegar.
Amara Aladel Ponce. 6º Medicina HUVV

La Medicina es una actitud, un estilo de vida, una forma de ser anti-egoísta del ser humano. Exige voluntad, valor y sacrificio.

La respuesta a la pregunta ¿Por qué estudiar medicina? puede abarcar tantas facetas como las que tiene la propia carrera en cuestión.

En mi caso, la elección no ha sido tan influenciable por el entorno; fue más bien una decisión con un matiz de rebeldía. He crecido en una familia de ingenieros, en donde tuve que imponer mi visión propia de lo que puede ser UNA PROFESIÓN o una ocupación que va a ser De Por Vida. Es decir, lo más estable que el uno va a tener y que va a determinar su forma de ver las cosas, su personalidad, sus intereses a distintos plazos y sus oportunidades de tener acceso a la ayuda de los demás. Teniendo en cuenta mi punto de vista de la vida, elegí LA MEDICINA como principal dedicación. Y yo personalmente la defino de la siguiente manera: "la Medicina no es una carrera, ni mucho menos. Es una actitud, un estilo de vida, una forma de ser anti-egoísta del ser humano. Exige voluntad, valor y sacrificio. No buscamos ser médicos; la medicina busca y elige quién es digno de ser médico."

Eso dicho, luchar por lo que quieres, sacrificar tu tiempo, tu juventud, tu generosidad, tu esfuerzo, etc. por una buena causa, ayudando a los demás en lo más apreciado de la vida; la salud y el bienestar a distintos niveles, no tiene precio. No es un producto que vendemos, ya que el que busca negocios e intereses de índole materialista, quizás a mi entender, se equivocó en la elección y eligió el camino más largo, aumentando su probabilidad de padecer a la larga un síndrome de Burn Out.

Por otro lado, desde que entré en la facultad hasta ahora, hubo una serie de lecciones aprendidas. Evidentemente, la visión que tenemos a los 18 años no nos permite interpretar adecuadamente las cosas, no obstante, esa ignorancia es la que nos ayuda a confiar en nuestros instintos y optar por un camino determinado. Y ESA DECISIÓN, se va reforzando en las siguientes etapas con nuestra madurez. Por lo tanto, es necesario a veces optar sin pensarse las cosas demasiado, y eso nos hace más felices. Por mucho que nos imaginemos cómo pueden ser las cosas en medicina, no van a ser iguales. Con los años se aprende la paciencia, ya que la medicina es una carrera que hay que contemplar a largo plazo. Son muchos años de estudio, esfuerzo, experiencias y sobretodo madurez los que necesitamos para llegar a ser Médicos. Y es que cuanto más tarda en llegar la recompensa, tras un camino largo de obstáculos y perseverancia, más grande es. Es verdad que algunos de nosotros una vez comprometidos con la medicina, decidimos sacrificar ciertos talentos personales como pueden ser la música, la narración, algún deporte o cualquier otro, como es mi caso.

Dejé atrás un pasado en el que aparentemente mis esfuerzos tenían más mérito y reconocimiento que ahora. Dicho de otro modo, aunque era muy buena estudiante, destacaba por otras cualidades. Sin embargo, tenemos que entender que en el momento en el que emprendemos el trayecto más difícil para nosotros en particular, nos decidimos desafiar nuestras posibilidades, y eso nos abre nuevas experiencias. Y para acabar, decir que un esfuerzo sin sacrificios o una opción sin dificultades no nos satisfacen realmente. Y eso es muy importante entenderlo en medicina.

Sophia Lahata. Alumna del Hospital Universitario de Valme de Sevilla.

Me ha apasionado el equilibrio, o a veces la tensión, que hay en la medicina entre ciencia y arte, entre conocimientos y práctica profesional, entre aplicación de datos y relaciones humanas

A meses de acabar la carrera revivo muy a menudo una etapa de mi vida parecida, justo hace ahora seis años. Salía del camino preseleccionado por otros para tomar la primera gran decisión sobre tu futuro: ¿Ir a la facultad? Eso lo tenía claro pero, ¿qué estudiar? Era un gran problema para mí. Yo era una rebelde sin causa adolescente que quería dedicar su vida a las personas y las injusticias de este mundo por lo que no quería tener que desechar carreras humanistas o políticas. Decidí hacer medicina a última hora, echando la preinscripción porque realmente me gustaba por encima de las demás.

En todos estos años la medicina me ha ido apasionando cada vez más y ahora no me vería de otra cosa. Durante cinco años he estudiado medicina y buscado mi causa en los ratos libres. En estos años he sentido fascinación por el cuerpo humano, por los mecanismos íntimos que lo regulan, por cómo descubrir ese universo completo que hay dentro de cada ser humano.He visto y podido compartir la fascinación del conocimiento vertiginoso, de cómo lo que he estudiado se basa mayoritariamente en descubrimientos recientes, cómo la investigación y el conocimiento en medicina avanza a una velocidad como casi ninguna otra ciencia y he admirado el sudor que subyace en todo esto. Me ha apasionado por el equilibrio o a veces la tensión que hay en la medicina entre ciencia y arte, entre conocimientos y práctica profesional, entre aplicación de datos y relaciones humanas.

También por lo que representa el sistema sanitario en la sociedad, un cosmos valorado por la gente, que resuelve problemas reales, donde trabajar puede ser cualquier cosa menos aburrido, donde los retos aparecen cada día y son por y para las personas en su conjunto. Por la posibilidad de ejercer la medicina con un componente de ayuda a los demás importante.

Pese a lo dicho sobre la medicina, la carrera me ha decepcionado bastante y veo que habría muchas cosas que mejorar. En primer lugar siento que hemos perdido mucho tiempo por falta de organización, por tener que esperar al no haber consultas o quirófanos en las prácticas que nos tocaban, por no encontrar a los médicos o estar estos salientes de guardia, o simplemente por no haber aprendido nada en toda una mañana al nadie haberse parado ni un segundo en ti. Por otro lado veo también  mala organización de la teoría con contenidos repetidos pero dados de manera diferente. Se deberían juntar las médicas y las quirúrgicas de un mismo aparato o sistema. Además el método de clase magistral está obsoleto en mi opinión, y además te hace perder el tiempo en coger y maquetar apuntes. ¿No podrían los profesores dar los apuntes y textos escritos y editados por ellos y dedicar las clases más a casos clínicos, debates, explicación de dudas, etc.? Nosotros podemos estudiarnos esa teoría y luego disponer del profesor para afianzar y aprender esos conocimientos. Se ha visto en 6º que no somos capaces de hacer bien casos clínicos, a meses de ser médicos.

Por último, añadir que este año a última hora, como entonces en el instituto, llega otra gran elección de mi vida: la especialidad. Y con esto, creo haber encontrado mi causa: hacer medicina de familia.Llevo mucho tiempo oyendo campanas sobre el tema (gran contribución de la ADSP con la que aprendí que hablar de política era hablar de salud) pero este año se ha abierto plenamente ante nosotros la posibilidad real de contribuir a una medicina holística, una medicina que trata todos los aspectos de las personas (integrando la psicología-psiquiatría que tanto me cautivó el año pasado), una medicina social. Basada en la prevención y promoción de la salud, que cuenta con la ciudadanía, es más, la hace partícipe y que abarca no solo al ámbito sanitario. Una manera de hacer medicina que realmente me realice, con las que desarrollar también esas inquietudes que me acompañan desde el instituto en el ámbito profesional. Este año he acabado de entender que preocuparse por la economía es preocuparse por la salud de las personas.

Esa es la cara bonita de la moneda pero por otro lado me asusta mucho esta idea porque esta decisión no es sencilla y tengo algunos miedos. Miedo a que la medicina de familia sea muy dependiente de los modelos de sistema sanitario y de los gobiernos de turno y que todas las cosas hermosas que he citado en los párrafos anteriores se queden en pura teoría y el trabajo diario sea muy distinto a esa teoría. Quiero decir que otras especialidades son menos dependientes del modelo político-sanitario. 

De hecho atando cabos me atrevería a decir que es así de modo intencionado. Porque me pregunto: si está claro que invirtiendo más en atención primaria la medicina es más barata ¿por qué no se hace? ¿Por qué, de hecho, cada vez se le retiran más recursos? Supongo que ahí hay razones políticas y de intereses privados (por ejemplo eso de empoderar a la gente para que participe y sea actora principal de su salud puede que sea demasiado peligroso para el statu quo establecido). Sin entrar más en las causas, la consecuencias son tener 5 minutos por paciente (con los que ¿qué medicina holística cabe?), no tener tiempo ni recursos para poder llevar a cabo programas de prevención y promoción, y ya ni hablar de la intersectorialidad. Supongo que debes estar alerta y buscar las herramientas para que no te inunde la frustración.

Con todo este recorrido he aquí mi doble causa: por un lado quiero ser una muy buena profesional de atención primaria dando una atención integral (no solo proveer ausencia de enfermedad). Es un reto porque entiendo que para esto hay que formarse en otras parcelas como psicología (la afectividad mueve el mundo). Y a lo mejor tener que hacerlo por mi cuenta. Por otro lado quiero luchar para que esto pueda ser posible, para que todo esto no quede en los apuntes de 6º de medicina sino que le lleve a la práctica. Luchar por un sistema nacional de salud, basado en la atención primaria, que de la prioridad que necesitan la promoción de la salud y prevención y que capacite a la ciudadanía y profesionales para todo ello. Ser médica de atención primaria me parece el mejor lugar desde donde hacerlo.

Alumna de 6º curso de Medicina de la Universidad de Sevilla.

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