Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).

La pregunta del millón

Cuando era pequeña nunca me imaginé siendo médico. Yo no era ese tipo de niña que cuando sus padres le preguntan que qué quiere ser de mayor, contesta diciendo “médico”. Más bien me imaginaba siendo cantante, actriz, Power Ranger Rosa o sobre todo propietaria de un puesto de verduras o pescado fresco en el mercado de abastos. Sí, me encantaba acompañar a mi madre a comprar a la plaza y al volver a casa jugaba con mis plastilinas y mi caja registradora a vender verduras y pescado. Creo que nuestro profesor promulgador de un estilo de vida saludable y por supuesto antitabaco estaría muy orgulloso de mí.

La verdad es que de niña los médicos no me gustaban ni un pelo. Las pocas veces que se cruzaron en mi vida o yo en la de ellos, no me resultaron agradables porque me daban miedo. Después empecé a ir al cole, al instituto de ESO y como lo de ser Power Ranger había dejado de convencerme, necesitaba otra opción. Pronto nos matriculábamos en bachillerato y había que elegir letras o ciencias. Por una época pensé elegir letras, pero los profesores me aconsejaron que por lo que pudiera pasar hiciera ciencias y así posteriormente podría tener un amplio abanico de posibilidades académicas, no sólo de letras.

Afortunadísimamente les hice caso y elegí el bachillerato de Ciencias de la Salud. Poco a poco me di cuenta de que en clase de Historia me dormía, en la de Lengua algo menos pero tampoco me estimulaba la sintaxis, por el contrario sí la literatura. Pero pensaba y aún pienso que la literatura es un arte libre, cualquiera puede leer los libros que quiera y cuando quiera. Total, que me percaté de que las letras no eran lo mío, algo que también podréis percibir vosotros.

Como me daba cuenta de que pronto había que tomar una decisión, empecé a pensar, miré un listado de carreras y la única que me interesaba era Medicina. Ni Enfermería, ni Odontología, ni Fisioterapia, ni Biotecnología. Medicina. Y yo misma me preguntaba por qué, ¿por qué Medicina? A la única conclusión que llegué fue que me parecía increíblemente interesante el hecho de estudiarnos a nosotros mismos, todo lo que nos podía afectar y la forma de repararlo. Pero me daba miedo de no estar a la altura, de no tener valor suficiente para dedicarme a eso. Había gente a mi alrededor que decía “¡10 años de carrera!, ¡yo paso!”; honestamente a mí los 10 años era lo que menos me importaba, siempre me ha gustado ponerme las cosas difíciles, mi máxima preocupación era no ser capaz. Hablé con familiares y amigos y todos me dijeron que no tenía por qué salirme mal.También me enfadaba el hecho de tener que decidir mi futuro siendo tan joven e inexperta, ¿qué pasaba si después no me gustaba realmente, o si era demasiado dura para mí?

Al final lo hice, trabajé duro para asegurarme mi plaza en la US y aquí estoy ahora, a 4 meses de terminar. Desde mi perspectiva actual, no puedo estar más contenta de la decisión que tomé, pienso que no pudo ser más acertada. Al principio no supe por qué me decidí tan aferradamente a estudiar Medicina rechazando el resto de carreras, pero después de estos seis años de experiencia, me pregunto si mi negativa a aceptar las muertes prematuras, las pérdidas, el sufrimiento por una enfermedad, la incapacidad, desde que era muy pequeña, me llevaron involuntariamente a ello. Lo bueno es que estas inquietudes y preocupaciones personales pueden sobrellevarse trabajando en esto y sintiendo que haces algo útil en ese campo.

Podría haber sido periodista, banquera, limpiadora, abogada, maestra o ni-ni, pero nada de eso me habría llenado, habrían sido trabajos puramente mecánicos, trabajar por trabajar (excepto ni-ni), sin ningún aliciente para mí. Sin embargo, siendo médico se puede trabajar entre personas dispuestas a investigar y a progresar siempre en el camino de enfrentarse a la enfermedad, fijando la salud en cada persona tanto como sea posible. ¿Por qué yo tenía miedo a los médicos cuando era pequeña? ¿Y los adultos por qué tienen miedo a veces a los médicos? Como alguien dijo, los médicos son los aliados frente a la enfermedad, los que pueden ayudar dentro de las posibilidades que existen en el momento. Las patologías, el sufrimiento y la muerte siguen y seguirán existiendo. El trabajo de un médico se basa en solventar o retrasar esos problemas, por lo tanto es muy útil, nadie debería tenernos miedo, somos los que podemos darles la esperanza. Así que si esto no tiene aliciente, ¿qué trabajo lo tiene?

Para concluir diré que no tengo una respuesta exacta y firme de por qué me matriculé en Medicina. Yo no tengo ningún familiar médico, ni nadie que me inculcara esa decisión. Tuve que reflexionar mucho y pensar en mis objetivos, ideales y valores en la vida. La única respuesta que puedo ofrecer es todo lo que habéis leído, estoy muy contenta de estar haciendo lo que hago, y mi objetivo es trabajar codo con codo, con todos los que pensáis como yo. Enhorabuena a todos los que gustosamente formáis parte de la Medicina (Los que no cumplan este requisito fundamental aún están a tiempo de dedicarse a otra cosa).

Ana Victoria Ojeda Claro. Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme. Sevilla

Por qué estudiar medicina: Harrison significa Hard-Reasons

A pocos meses de terminar la carrera los argumentos, con que pude comenzar esta aventura hace seis años, han sido ya refutados en su inmensa mayoría. Quise ser médico para poder ayudar y curar a las personas, además de ejercer la gran responsabilidad que esta profesión tiene de cara a la sociedad. Estos al menos eran mis planteamientos racionales. Los únicos que han perdurado íntegros y no han sido refutados se hallan en los párrafos finales.

No es que hoy día considere erróneos esos planteamientos, sino que son profundamente matizables. Tomemos los dos principales, ayudar y curar. Siendo sincero, considero que la medicina no cura prácticamente a nadie. Dicho así parece una locura, porque fruto de la intervención médica el paciente presumiblemente mejorará o incluso se curará. La pregunta es, ¿puede atribuirse el médico tal mérito? ¿Actúa a modo de hechicero que ofrece una poción mágica con la que combate el mal del paciente? No me parece que esto sea así. De entrada, si la persona no desea en el fondo curarse y no pone de su parte, poco podrá hacer el sanitario que la atienda e incluso aparecerá otro problema, porque a una persona que no desea ayudarse a sí misma solo le falta sentirse culpable por no hacerse caso del médico. El que contribuye definitivamente en la curación es el propio paciente. Lo hará su organismo con mayor o menor ayuda, más o menos rápido y quizá deberíamos asumir que el médico tan solo es un intermediario en todo este proceso. Esto que parece una perogrullada, por ser notoriamente sabido, lo es tanto como que el sol sale de paseo todos los días por el cielo. Sin embargo, dependiendo del punto de referencia que consideremos, la realidad podría ser que la Tierra gira alrededor del Sol o que es este el que gira alrededor de la Tierra. Que le pregunten a Galileo Galilei y a la Inquisición si este matiz reviste de importancia… De modo que una de las pocas cosas que he hecho hasta ahora que quizá haya podido salvar alguna vida la puede hacer cualquiera que no sea médico: donar sangre. Lo tengo claro. Si lo que se pretende es salvar vidas este simple gesto, regalar un poco de tu sangre, puede ser una manera más directa y generosa de lograrlo que cualquier otra.

La salud debe centrarse en las propias personas y el sistema sanitario tiene un papel secundario. La medicina actual parece sin embargo orientada justamente en sentido opuesto: que el individuo pierda cada vez más autonomía, capacidad de decisión y actuación sobre su salud y que toda su responsabilidad sea transferida al sistema sanitario. Y encima, teniendo en cuenta que el estilo de vida es el factor más importante… ¡Coca-Cola, Nestlé, McDonald´s, Marlboro, Baileys, etc. tienen mayor influencia sobre la salud que los médicos! Por otra parte, hace seis años sabía de algunas farmacéuticas que no eran precisamente “altruistas” (¿Bayer, recuerdas tu pasado en IG Farben?), y ahora no sé cuál de ellas puede tener una motivación distinta de la rentabilidad y el beneficio económico. Si con quince años mi sueño era dedicarme a la investigación en el campo de la neurociencia, ahora esa ambición queda precisamente en eso, una ensoñación. ¿Cómo puedo hoy día pensar en una investigación independiente de los intereses económicos, particularmente de las farmacéuticas? Gracias a sus prácticas empresariales en las últimas décadas, a la formación que ofrecen a los médicos y principalmente al empeño, el gran empeño que ponen en cronificar enfermedades como la diabetes, el SIDA y poco a poco el cáncer, estamos asistiendo a una época en la que los profesionales del sector sanitario tienen la sensación de que la situación se les está escapando de las manos. El papel de estas grandes compañías, conjuntamente con la permisividad gubernamental y de los propios sanitarios, constituye a mi modo de ver un buen ejemplo de pastoreo del rebaño por parte de los lobos. Y en cuanto al papel del médico en todo esto, como escribe el filósofo hindú J. Krishnamurti, el ser humano tiene la extraña tendencia de tratar de solucionar un problema precisamente con aquello que lo ocasionó. Si cierta persona desarrolla una patología a raíz de una intoxicación (debida al tabaco y/o alcohol, a un consumo excesivo de grasas y/o glúcidos y/o sofá, a un exceso de cortisol y adrenalina en la ansiedad y el estrés crónicos, etc.) la solución pasa por prescribir más “tóxicos” (hipolipemiantes, hipoglucemiantes, ansiolíticos…) muchas veces sin acompañarse de medidas verdaderamente efectivas para eliminar las causas subyacentes. El sanitario tiene cada vez más la sensación de que es la sustancia que prescribe a modo de remedio mágico, y no su propia intervención, la que finalmente ayude al paciente. Parece que el proceso que describía en el caso de las personas en relación a su salud tiene su eco en el médico. Curioso. ¿Me arrepiento de haber escogido esta profesión? Por supuesto mi respuesta es no. Que no desee centrar mi vida en la investigación y ni siquiera considere fundamental en tantos casos el papel del médico, me deja con lo que más me satisface de este campo. A nivel intelectual integra el conocimiento científico, psicológico, antropológico y sociológico, por lo que me fascina y cautiva incluso más que la astronomía o la física cuántica (porque todavía no he visto a ningún hadrón rubito con fenilcetonuria ni tengo el placer de conocer el encanto de los quarks). Desde niño he alzado la mirada hacia el Universo en toda su inmensidad y aún consigue arrancarme el aliento la visión del cielo nocturno. Años más tarde volví a fijarme en el infinito, esta vez de lo pequeño. Y hoy día percibo que es justamente aquello más cercano lo que más me fascina: el ser humano, una simbiosis entre esas dos realidades extremas que resulta, a su vez, un ser bellamente imperfecto, con todos sus problemas y dilemas inabarcables por un lado y aquellos percances del quehacer diario por otro. Siento que mi devoción por el ser humano se basa en el respeto y reconocimiento de todas sus debilidades, con una visión realista y no idealizada del mismo. Y sí, me he criado entre libros de medicina, algunos de los cuales están pintarrajeados (pobrecillos) por aquel niño que no se atrevió a ponerle la mano encima al Harrison, al sentir un enorme respeto casi espiritual hacia sus finísimas e innumerables páginas y sobre todo hacia su título: Principios de Medicina Interna (me preguntaba si esos tochos eran tan solo el principio, cuánto sería hasta el final). Hoy día sigue siendo mi libro preferido y seguimos manteniendo esa relación, aunque he aprendido que matizar y someter la versión oficial a la duda razonable puede resultar emocionante, interesante y muy revelador (por ejemplo, ¿a qué espera la OMS para retirar los lácteos de la pirámide alimenticia?). Todo ello me anima mucho, porque veo mi futuro entre el estudio de la versión oficial y esa actividad rebelde que intuyo podría ayudar más a mis pacientes de lo que creo. Además, me descubre el maravilloso mundo de la docencia que cada día me atrae más y más. Y en el colegio para adultos que es la facultad no nos enseñan esto. Si es que…

¿Por qué elegir medicina? Me remito a Fernando Savater en El valor de elegir. Lo más importante no es elegir bien o mal, sino que dicha elección sea completamente libre. Libre de ataduras mentales, emocionales o sociales. Elijo la medicina sin más, con todas sus grandezas y limitaciones simplemente porque siento que este es mi camino, como el río excava su cauce al bajar de las altas cimas. Y sobre todo, siento un profundo respeto por la vida. Aunque en muchos casos el impulso de ayudar a los demás surja de un sentimiento ego-ísta (he querido escribirlo así) al tratar de ayudarnos en el fondo a nosotros mismos, lo cierto es que una vez se experimentan esas sensaciones en el trato con las personas, no puedo más que dedicarme a esto sin la ambición de perseguir la curación. En lugar de ello, me ofreceré con mis conocimientos y experiencia como acompañante y a veces como guía en este camino que es la vida.

Gregorio Montero González - 6º curso Medicina HUV VALME

La Medicina es la ciencia y el arte de conocer a las personas para intentar ayudarlas

¿Por qué estudiar Medicina? Buena pregunta. Para mí, esa opción siempre estuvo ahí. Aunque tampoco es que tuviese una vocación inquebrantable desde los 4 años ni nada de eso. De hecho, no creo demasiado en la vocación. ¿Cómo vas a saber desde niño o adolescente qué es lo que vas a querer hacer durante toda tu vida, si no tienes ni idea de la vida? En fin. En mi caso, tengo médicos y diversos profesionales sanitarios en mi familia y entorno cercano y supongo que “conocer” un poco todo ese mundo (aunque ahora veo que realmente no conocía nada de nada por aquel entonces) influyó en algo. También tenía otras opciones en mi horizonte profesional, claro está. Y muy diferentes a la Medicina. Pero el hecho de que ya me interesase mucho por las asignaturas relacionadas con la Biología desde el bachillerato, la perspectiva de un trabajo “seguro” (aunque con los tiempos que corren… pero bueno, esa es otra historia), y sobre todo la posibilidad de poder escoger después entre muchas opciones dentro de la Medicina y de hacer un trabajo dentro de lo que cabe variado e interesante… qué sé yo, o quizás un poco la mezcla de todo eso y de no sé qué misterioso designio del destino, me llevó a escribir aquellos números como primera opción en mi preinscripción para la universidad. Y aquí estoy.

Nadie dijo que fuera a ser fácil, eso ya lo sabía yo como el que más. Pero ahora precisamente que estamos casi al final, miro hacia atrás y pienso en todas las cosas que he vivido y siento esa extraña sensación que me asalta cada vez más desde que soy consciente de que me estoy haciendo mayor: por un lado me asombro de lo rápido que ha pasado el tiempo y recuerdo el primer día como si fuese ayer, pero por otra parte soy consciente de la cantidad de cosas que han pasado desde entonces y me doy cuenta de lo que me han cambiado estos años. Ya no puedo imaginar mi vida sin estudiar Medicina. Todas esas innumerables horas de biblioteca, tardes (bueno, y noches, y mañanas, y de todo) de estudio, exámenes, litros de café, apuntes, libros… tantas clases y prácticas. Al principio empecé con muchas ganas e ilusión, aunque realmente aquello no tuviese mucho que ver con la Medicina de verdad… Que si prácticas de Anatomía con cadáveres, prácticas de microscopio, estudiarse los músculos del antebrazo, la molécula de hemoglobina y la enzima ADN polimerasa y demás… y sin darme cuenta ya estaba estudiando la semiología, la clínica de las enfermedades, los algoritmos diagnósticos y los tratamientos y diagnósticos diferenciales de las enfermedades. Parece mentira que puedan aprenderse tantas cosas en tan poco tiempo. Entonces es cuando empiezas a ir al hospital y al principio tienes la impresión de que no tienes ni idea de nada. Pero el tiempo pasa y poco a poco te vas dando cuenta de que empiezas a entender cada vez más de qué va la cosa, escuchas hablar a los médicos  en las prácticas o lees las historias y te vas dando cuenta de que el médico que vas a ser ya se está perfilando en ti. Y no sólo eso: lo mejor es que empiezas a recibir las primeras lecciones de los mejores profesores, los pacientes.

Y es que ahí está la clave de algo muy importante en la Medicina: conocer en profundidad las enfermedades, sus mecanismos fisiopatológicos, los criterios diagnósticos, los protocolos de tratamiento, etc., puede aportarte mucho y ser apasionante, claro que sí. Pero hay algo que va más allá de todo eso. La Medicina no es sólo entender todos los tipos de glomerulonefritis ni saber cómo se trata la leucemia promielocítica aguda. Cuando te tomas un poco de tiempo para hablar con un paciente, explicarle algo que le inquieta, resolverle sus dudas, tranquilizarle, o simplemente conversar un poco con él… te das cuenta de que una de las cosas más maravillosas que tiene la Medicina es precisamente el hecho de trabajar con personas. Es, como nos han dicho tantas veces, al mismo tiempo una ciencia fascinante y un arte sutil. La ciencia y el arte de conocer a las personas (en todos sus aspectos y en profundidad) para intentar ayudarlas en sus problemas. Eso tan difícil de explicar es precisamente lo que la hace tan especial y tan diferente y, al menos para mí, hace que merezcan la pena todos los esfuerzos y sacrificios que conlleva entregarse a ella.

Por eso creo que no se trata simplemente de una carrera que elegiste en su día, de una serie de asignaturas que estudias y de exámenes que apruebas. No sólo eres médico porque tienes un título de licenciado que lo acredita. Pienso en la Medicina más bien como en una forma de vivir, que vas asimilando casi sin darte cuenta, y que probablemente poco o nada tiene que ver con lo que esperabas a los 17 años cuando entraste en la facultad. Cuando pienso en el camino que he recorrido hasta aquí, veo que no todo ha sido de color de rosa ni mucho menos: ha habido muchos momentos de frustración, cansancio, dudas, incertidumbre… y supongo que todavía quedarán muchos más, porque esto no ha hecho más que empezar. Pero aun así, considerando los dos platos de la balanza, creo que todo ha merecido con mucho la pena, y si reformulásemos la pregunta inicial a “¿Podrías estudiar algo, si pudieses volver a elegir, que no fuese Medicina?” creo que mi respuesta sería un rotundo “¡No!”.
Alumno de 6º curso del HU de Valme (Sevilla).

La humanidad de ser médico

La verdad es que tras seis años de carrera no me parece fácil responder a la pregunta de por qué estudiar Medicina. Pienso que la Medicina es vocación, y somos algunos los que sentimos esa llamada para ser médicos. En mi familia no hay médicos, nadie me lo ha inculcado y sin embargo desde pequeñita me fascinaba el cuerpo humano, los médicos, un Hospital, una bata blanca y un fonendoscopio. Estos simples detalles son significativos y demuestran que a algunos nos apasiona la Medicina desde que no somos del todo maduros. Me gustaba ver las series de televisión de médicos, aunque escuchaba decir que no tenía nada que ver con la realidad pero yo lo dudaba y además era lo más cerca que estaba de ese mundo que tanto me gustaba. El curso de segundo de Bachillerato fue uno de los momentos más estresantes de mi vida, porque era consciente de la nota que tenía Medicina y a diario me atormentaba pensar que no lo iba a lograr. Este pensamiento era fruto de mi personalidad insegura y pesimista. Mi temor era que si no lo conseguía no me gustaba ninguna otra carrera, aunque me gustaba toda la rama sanitaria, era Medicina lo que quería y después de seis años descubriéndola estoy aún más segura de que estaba en lo cierto.

Lo que me apasiona de la Medicina es el trabajo mental del médico, es decir, saber en qué momento preguntar, qué preguntar, cuándo sospechar, cuándo actuar, cuándo tratar y cuándo consolar. Admiro la Medicina y a los Médicos humanos, los de verdad. Quizás es por esto por lo que a veces he pensado que me había equivocado estudiando Medicina, porque veo imposible separar la humanidad de la Medicina y esto me ha hecho sufrir a lo largo de la carrera. Ver el sufrimiento ajeno con empatía y ser capaz de no sufrir, es aún un reto para mí. 

Creo que la experiencia te hace coger la medida perfecta, es decir, ser un buen médico y actuar con empatía, delicadeza, pero saber también separar la vida del trabajo y no vivir atormentado, aunque esto no debe ser una excusa para no ser humano. La Medicina es compromiso, responsabilidad, siempre tendremos vidas humanas en nuestras manos, sin embargo es reconfortante estudiar sabiendo que tus conocimientos son esperanzas para el mundo, porque no hay nada más que preocupe al mundo que aquello que amenaza la vida, la enfermedad. La Medicina es satisfacción cuando ayudas a alguien que ha puesto su vida en tus manos y es gratificante una simple sonrisa, el cariño, la cordialidad, el respeto y la admiración de una persona agradecida por un trato humano. Por todo esto me apasiona LA MEDICINA y ser una futura médica, por supuesto humana.

La carrera de medicina, fuera del marco romántico del conocimiento de la naturaleza humana en su contexto integral y completo, es dura y laboriosa

La verdad que desde pequeño me ha apasionado la naturaleza, tenía una cierta atracción por el conocimiento de ella en todos los terrenos, y en especial por la naturaleza humana, la cual tuve la oportunidad de acrecentar al tener la grandiosa oportunidad de poder estudiar medicina en Sevilla, mi ciudad natal.Mi padre también influyó bastante en mi decisión de escoger medicina puesto que él también lo es, y desde pequeño siempre me ha enseñado tanto de forma indirecta como directa ha amar la más bonita de las profesiones con sus explicaciones razonadas y fáciles de entender, que me hacía creer más en estos conocimientos y en donde se puede experimentar todo tipo de sensaciones vitales.

La carrera fuera del marco romántico del conocimiento de la naturaleza humana en su contexto integral y completo, es dura y laboriosa, lo cual me parece normal, de nosotros depende de que alguien pueda sanar o por lo menos ayudar a la sanación y no entorpecerla.Mis primeros años fueron difíciles lleno de dudas, con la sensación de tener que hacer bastante esfuerzo para superar mis metas, aunque me gustaba lo que estudiaba en algunas ocasiones me cansaba y también pensando en lo que me quedaba por delante.

Los años pasaban y me daba cuenta de que todo salía bien con esfuerzo y dedicación al igual que en casi todos los aspectos de la vida y mi amor por la medicina crecía con más fuerza superando las dificultades. Después de seis años, haciendo memoria retrospectiva, me doy cuenta de la gran labor realizada año por año, la cual he podido disfrutar con el aprendizaje de la medicina y también a la gran cantidad de compañeros que más o menos conociéndolos, destaco la gran calidad humana que desborda en ellos y que a lo mejor en otras carreras no encontraría tan fácilmente. Cabe destacar mis últimos 3 años en el Hospital de Valme que aunque la gente siempre critique su cierta lejanía con respecto a la ciudad de Sevilla es un lugar encantador puesto que no siendo es un hospital “a lo grande”, deja florecer la familiaridad y el trato amable de los médicos con los estudiantes a la hora de las prácticas y también el tenerlo todo a la mano facilita la comunicación y fácil manejo, haciendo que aprendamos mejor a desenvolvernos y a fijar de forma práctica nuestros conocimientos de clase.

Mirando hacia delante me doy cuenta de que el futuro que me espera con la situación económica especialmente de nuestro país es mucho peor de cuando empecé la carrera y mis aspiraciones con respecto a mi futura profesión se acotan y limitan en este sentido. Esto como todo el mundo sabe hace que la producción de médicos en nuestro país pueda derivarse a buscar la salida profesional en otros países lo cual es una pena ya que considero que los médicos españoles somos de los mejores formados y debemos aprovechar esto para nuestra sociedad. En general, a pesar de las dificultades no me arrepiento para nada de haber estudiado medicina puesto que hoy en día a pesar de la crisis es una de las profesiones que siempre es necesaria y fundamental y que estoy seguro que con el tiempo la situación en nuestro país va a cambiar y la situación para los médicos será mejor o eso espero… pienso que es una profesión que a mi parecer ha decaído en cuanto a su reconocimiento social y por eso debemos de aportar cada uno nuestro grano de arena para que se nos reconozcan como profesionales muy fundamentales para la sociedad y que nuestros conocimientos y dedicación integral a las personas sean mejor reconocidas.

Por último y como resumen final pienso que mi decisión de estudiar medicina era un pilar de madera cuando empecé y que la experiencia y el trabajo personal ha hecho que se convierta en un pilar de hormigón armado difícil de cuestionar, a pesar de la dificultades presentes y futuras que vivimos en la sociedad actual.

Cuando tienes 18 años no te haces ni la mas remota idea de lo que supone trabajar como médico

Cuando tienes 18 años no te haces ni la mas remota idea de lo que supone trabajar como médico, y menos si no tienes ningún referente de esta profesión en tu familia del que puedas tomar ejemplo, como es mi caso. Desde pequeña me han enseñado a esforzarme, sacar el máximo de mí e intentar ser la mejor en cualquier cosa que hiciera. No sabía si era mejor en una cosa u otra y no sabía si me gustaba esto o aquello, lo que sí sabía era que eligiese lo que eligiese iba a dar el máximo de mí y lo iba a sacar como fuese, porque me han enseñado a no rendirme y a cumplir el objetivo que me proponga. Creo que ésta fue una de las razones por las que no sabía si medicina la había elegido por puro azar, porque ser médico es una buena profesión o porque medicina realmente me gustaba. Estaba hecha un lío, de hecho mis otras opciones ni siquiera tenían relación con el ámbito de la salud.

¿Habré elegido bien? Me repetí esta pregunta mil veces, hasta que empecé las prácticas en el hospital. Sentí que era mi sitio, que quería pasar horas y horas de mi vida en aquel jaleo de gente, escaleras arriba escaleras abajo… He visto pacientes besar a médicos en la mano por lo agradecidos que estaban, he visto a abuelas alegrarle el día al médico con sus piropos, incluso he visto como una mujer lloraba pidiendo por favor que no le dieran de alta porque quería quedarse en el hospital antes que volver a la residencia porque es donde realmente recibía cariño, he visto caer lágrimas de alegría por parte de familiares de enfermos, he visto como dan las gracias una y otra vez a los médicos… y todo por realizado su trabajo. Sé que no todo es color de rosa y que quizás esto solo sea al principio, pero en esos momentos te tienes que sentir como si lo fueses todo, lleno de satisfacción y de ilusión por seguir mejorando; y yo quiero sentir eso algún día. Quizás en este momento tenga una visión parcheada de la realidad, porque todavía no he empezado a trabajar, pero me gusta intentar solucionarle problemas a los demás, me gusta hablar y tratar con la gente, creo que es una de las profesiones más reconfortantes que existen, quiero y creo que estoy preparada para asumir la responsabilidad que supone esta profesión. Ahora sí puedo decir que me apasiona, ahora sí puedo decir que elegí bien, ahora sí puedo decir con total seguridad que quiero ser médico.

Poder ofrecer apoyo, ayuda, consuelo y dar esperanza a nuestros pacientes

Resulta muy complicado explicar los motivos por los que me decidí a estudiar medicina, a pesar de que siempre he tenido muy claro que no podría dedicarme a otra cosa. Desde bien pequeña a la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” siempre respondía “yo, médico”, a lo cual mi madre siempre apuntaba: “pues como no estudies vas a ser la que reparte los números”. Razón no le faltaba.

Ahora, a punto de terminar la licenciatura, y a pesar de estar cada año más desilusionada con la carrera en general, sigo teniendo claro que no podría dedicarme a otra cosa que no fuera la medicina. Más que un trabajo considero un regalo poder ayudar a las personas.
Poder ofrecer apoyo, ayuda, consuelo y dar esperanza a nuestros pacientes es el principal motivo que me empujó, a lo que sin duda se le suma el conocimiento que requiere. Existen mil formas de ayudar a los demás, sin duda, pero hacerlo desde la ciencia y la comprensión de la técnica, la investigación y el continuo reciclaje para ser competentes fue lo que terminó de convencerme. La dificultad, para ser sincera. Me gustar sentir que soy o seré capaz de hacer algo que no todo el mundo podría hacer, porque lo he luchado y me lo he  ganado a pulso, compitiendo con los mejores estudiantes para llegar donde sea que lleguemos.
A medida que se acerca el final (de la carrera) todo el mundo quiere saber por cual especialidad me decantaré. Aun no lo tengo claro. Lo que sí sé, es qué clase de médico NO quiero ser. Da igual que seamos microbiólogos, cirujanos, otorrinos o médicos de familia, considero que es importante que seamos profesionales competentes, y no solo eso, que no seamos esa clase de médicos que vemos en demasiadas ocasiones en las prácticas, que no mira  los pacientes a los ojos, que no saben ni como se llaman, y que están deseando “echar el cierre”.
Decidimos estudiar medicina por muchos motivos, pero ahora que ya casi terminamos, espero que seamos todos consecuentes de lo que ello conlleva, pues de nosotros dependerá algo tan importante como la salud y la vida de las personas.
Alumna de 6º curso de Medicina del Hospital Universitario de Valme. Sevilla.

La medicina no es más que una parte de la existencia donde personas que nos sentimos como tal, podemos ayudarnos entre nosotros, solamente con sonreír por las mañanas a los pacientes que esperan.

Ciertamente es difícil contestar a una pregunta que aún hoy yo misma me hago, "¿Por qué estudio Medicina?y pienso que podría escribir miles de líneas sobre este tema después de tantos sinsabores y agridulces durante estos 6 años de carrera y estudios. Lo cierto y verdad es que lo más justo sería decir las tapaderas mentales que utilizaba cuando tenía 17 años para explicar por qué había elegido esto y, al lado, traducir lo que mi mente sabe ahora que querían decir esas palabras:

“Porque me gusta la biología” (me gusta el canto pero no tiene salidas);
“Porque es un mundo fascinante” (el de dentro de la biblioteca, claro);
“Porque puedes ayudar a los demás” (dinero para viajes, buena calidad de vida);
“Porque siento que me llama esa profesión” (siento que es lo que mi familia espera de mi);
“Porque las otras carreras de salud no me atraen” (aunque puede que me hicieran más feliz, no tienen la “clase” de medicina, sería perder mi potencial).
Y quién sabe cuántas más.

 He pasado de la fascinación de los primeros dos años- lo había conseguido, iba a ser médico tardara lo que tardara, tenía esa plaza, miles se habían quedado fuera y yo había entrado- a la decadencia intrínseca de darte cuenta de varias cosas:

Nunca serás nadie en la facultad, un nombre más en una lista.
No aprenderás casi nada hasta que no termines la carrera, hasta la residencia.
Tendrás que aprender a ver los exámenes como meros trámites para acceder a una titulación.
No querrás ir a clases donde te enseñen a “leer” un PowerPoint.
Los profesores no siempre van a tratarte bien.
Que tus capacidades no memorísticas se van a ver mermadas hasta el extremo.

La Universidad en España aspira a la excelencia pero, por desgracia, se queda en aspiraciones pues deja mucho que desear. Tras todo esto, es lógico que me haya planteado varias veces dejarlo y hacer otra cosa y aún así, he seguido. ¿Por qué? ¿Porque no me he atrevido a dar el paso? … Puede… o porque, quizás, en el fondo de todo esto… cuando estoy en el hospital y miro a los pacientes… es cuando de verdad algo se remueve por dentro: Cuando me han dado un beso simplemente porque el adjunto con el que estaba había curado a un paciente; cuando me han contado (tanto residentes como pacientes) sus sentimientos, sus emociones, sus penas y su día a día, y siento que les he conseguido llegar de alguna forma; cuando he salido de la consulta de las prácticas para hablar con una madre que pensaba que su hijo tenía VIH solo por darle un mínimo apoyo emocional; cuando he explorado la "tripita" de un niño y me ha sonreído o cuando en una cesárea la niña nada más nacer nos ha hecho "pipi" encima. 

Todo eso me ha hecho ver que la medicina está rodeada de vida, de muerte que no es más que parte de la vida. De sentimientos y confianzas que debo trabajar para obtener por parte los pacientes. Darme cuenta de que ella me exige dar lo mejor de mi misma a los demás, que puede sacar cosas de mí que ninguna otra profesión sacaría. Que me hace más humana si de verdad es lo que quiero ser y sobre todo, que puedo enseñar, con mi tiempo y mi esfuerzo a las personas que me rodean que hay otras formas de vida, de relacionarse, de consumir. Poner mi granito de arena en desacelerar este malogrado sistema en el que vivimos pues sí es cierto que todos podemos ayudarnos. 

En definitiva, que quiero darle una oportunidad a esta denostada ciencia, porque si bien la carrera podría desmotivar al más concienciado, ahí están los hospitales: los pasillos, los quirófanos, las habitaciones, los despachos. Todos llenos de historias que sí van a enseñarte de verdad ¿medicina? ¡No!, ¡Vida! Porque la medicina no es más que una parte de la existencia donde personas que nos sentimos como tal, podemos ayudarnos entre nosotros, solamente con sonreír por las mañanas a los pacientes que esperan. Ellos siempre esperan y siempre estarán ahí, esperando y esperándome, para aprender y enseñarme algo, para transmitir y demandar. En definitiva para compartir. Y eso es lo único que importa.

Si tengo que pedirle algo al futuro solo sería una cosa: intentar dar lo mejor de mi misma en cada situación, en cada día, con cada persona y, sobre todo, saber dejarlo a tiempo si no estoy cumpliendo con esa responsabilidad, si no me siento feliz. 

Quiero ser coherente con lo que siento. Quiero darle a la medicina una segunda oportunidad y, dentro de unos años, releer este texto y sentir la enorme satisfacción de haber sido capaz, en un sentido o en el otro, de oír mi corazón y actuar en consecuencia.

Porque ahora sí, aunque sea en lo más hondo, quiero ser médico.

Alumna de 6º año de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Un arte científico........o una ciencia artística.

A pocos meses de alcanzar el objetivo por el que llevo casi seis años trabajando duro me enfrento a una pregunta más difícil que cualquiera que haya contestado en todos los exámenes que he tenido que superar para llegar hasta aquí: ¿por qué decidiste estudiar Medicina?

Si algo he aprendido en este tiempo es que “ser médico” no es lo mismo que “estudiar Medicina”. Ser médico es mucho más, pero también mucho menos. La grandiosidad que rodea a “estudiar Medicina” a veces satura a esta carrera de superficialidad; y perdemos su esencia y su razón de ser.  El “ser médico” (así, sin mayúsculas) es algo mucho más natural y mucho más importante que cualquier titulación universitaria. Por eso creo que la pregunta estría mejor planteada de esta forma: ¿por qué quieres ser médico? Porque “ser médico” engloba mucho más y se ahorra la solemnidad y egolatría que acompaña a veces a la Medicina y que creo que en muchas ocasiones daña la relación médico-paciente.

Lo que a mí me impulsó a escoger esta carrera en lugar de Derecho (soy la nieta mayor en una familia de abogados) fue la Medicina como CIENCIA. Y la descubrí tarde, gracias a un fantástico profesor de Biología en el colegio, que me contagió las ganas de saber y aprender, el pensamiento y el razonamiento científico y la curiosidad por desentrañar el complejo y perfecto funcionamiento del cuerpo humano.

Diagnosticar un caso difícil, elegir el tratamiento perfecto o llevar a cabo una investigación científica (todo ello alimentado por unas cuantas series de médicos en la televisión) me dieron la motivación suficiente para decidirme por ella.  Y también el aplauso de mi familia al conocer mi decisión. “La abogacía solo te dará la satisfacción profesional y económica, pero la Medicina te dará además la satisfacción personal; y eso hace que siempre sea una buena elección”, recuerdo que me dijo mi abuelo cuando le conté que su nieta mayor no tomaría las riendas del bufete.

Pero durante el primer año me di cuenta de que la ciencia es a veces ingrata y siempre muy sacrificada… y fue el ARTE (que también forma parte de la Medicina) lo que me hizo no tirar la toalla durante estos agotadores seis años. Ya que, como dijo Agustín Fernández Mallo, "en toda ciencia hay una aliento estético y en todo arte hay técnica, y no es posible separarlos sin degradación de la obra final". Siempre tuve dentro el impulso de ayudar a quienes me rodeaban y necesitaban a alguien, desde muy pequeña. Así que podría decirse que inconscientemente fue el arte de la Medicina lo primero que me atrapó.

Pero ha habido una certeza que me ha acompañado estos años y me ha dado fuerzas en los momentos de desmotivación (que los hay, y mucho): solo tenemos una vida, y la enfermedad es una forma de perder el tiempo que se nos ha regalado. Ayudar a que las personas puedan volver a aprovechar su tiempo tras recuperar la salud; o que aprendan a crear una vitalidad suficiente como para disfrutar de la vida pese a su situación de enfermedad incurable es para mí el motivo principal. Lo que cada uno haga después con ese tiempo que les queda es ya una decisión personal; pero darles la opción de aprovecharlo al máximo aportándoles bienestar me parece la piedra angular de este “arte científico” o esta “ciencia artística” (ya no sé qué la define mejor).

No voy a decir que Medicina sea la carrera más bonita del mundo, pero desde luego yo no me imagino haciendo otra cosa. Eso no nos convierte en superhéroes ni en personas especiales ni nada por el estilo, nunca me gustó hablar de “casta médica” porque creo que no hace más que aumentar la distancia que hay entre la silla del médico y la del paciente. Me parece triste notar la gran diferencia que se experimenta cuando en lugar de sentarte en la silla del médico te sientas en la del paciente. Porque a algunos pacientes se les olvida que la función del médico es ayudarles, pero a muchos médicos también se les olvida el objetivo de su trabajo y la razón de ser de la ciencia que eligieron, muchos médicos olvidan que también ellos cumplen en varias ocasiones el rol de enfermo.

Al fin y al cabo, solo somos PERSONAS que aprenden a cuidar a otras PERSONAS.

Laura Castro Portillo. Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme (Sevilla). 6º Medicina. Curso 2012/2013.

Medicina: y la balanza se desequilibró

¿Por qué he estudiado Medicina? Es una buena pregunta, que me he planteado en repetidas ocasiones a lo largo de la carrera, y ahora, por fin, me dispongo a intentar encontrar una o varias de sus razones causales.

Remontándome a los tiempos, donde como cualquier joven, me preguntaba hacia donde quería encaminar mi vida, me veo como un joven inquieto, acostumbrado a intentar sacar el mejor rendimiento que me fuera posible, tanto dentro del ámbito escolar, como fuera, en el ámbito social, personal, cultural… Y cuando llegaron los temidos años del Bachillerato, sabía que no había marcha atrás, tendría que tomar la que se convertiría sin duda alguna, en una de las mayores decisiones de mi vida. Sabía que quería ir a la Universidad, me habían educado en unos valores que me hacían perseguir el mejor futuro que estuviera a mi alcance y, aunque esto en la actualidad puede ser un poco más controvertido, por entonces no se dudaba de que ese fin se debía conseguir mediante estudios universitarios. 

Eso estaba claro, pero ¿qué carrera estudiar? La verdad, lo pensé mucho, fui asesorado por propios y extraños, personas de todo tipo que me decían “haz esto”, “haz lo otro”… pero sabía que al fin y al cabo esa decisión debía ser mía, pues sería yo y sólo yo, quien tendría que convivir con sus consecuencias, tanto las positivas, como las negativas.

Entonces pensé, quiero hacer algo que me guste de verdad, algo con lo que me sienta identificado y con lo que pueda disfrutar a diario. Y sabía que me gustaba tratar con personas, que era algo que no se me daba mal, quizás por mi carácter, quizás por mi personalidad o quizás porque casi siempre estaba dispuesto a echar una mano en lo que fuera necesario. De cualquier modo, esto era muy general, aún me quedaban muchas carreras dentro de estos parámetros, por lo que había que afinar más…

También llegué a la conclusión de que el ámbito de la biología y de la salud, era el que más me gustaba, el que más me había atraído en esos últimos años. Yo, sinceramente, había elegido el Bachillerato de Ciencias de la Salud, no porque tuviera por entonces, tras la Secundaria, un excepcional interés en este tema, sino porque era el único que me dejaba vía libre a escoger cualquier carrera que me apeteciera tras realizar la Selectividad. Durante los dos años de Bachillerato me fui imbuyendo en ella y me fue gustando cada día un poco más, también he de decir que facilitado por los grandes profesores que tuve la suerte de conocer. 

Pero, me surgía una disyuntiva por aquel momento. A mí siempre me había encantado y me encanta la Historia. Disfrutaba en aquellas clases y me apasionaba y apasiona visitar lugares y descubrir diferentes culturas y etnias que hayan habitado los diferentes lugares de nuestro planeta. ¿Por qué no estudiar Historia entonces? Bueno, supongo que esta carrera cumplía mi primer fin, disfrutar a diario con lo que hacía. Sin embargo, se me quedaba un poco corto en el segundo, pues tenía bastante menos trato con las personas y más estudio de textos pasados de lo que me gustaría. Parecía que la balanza comenzaba a desequilibrarse, pero necesitaba una última razón que me empujara a elegir Medicina.

Y esa última razón, me la aportó la fría lógica. Necesitaba estudiar una carrera que me asegurara un futuro estable desde el punto de vista económico. Yo no quería vivir con más de lo que necesitara… tan sólo quería poder disponer de una cantidad de dinero suficiente para vivir por mí mismo, y poder afrontar con mi sueldo los gastos del día a día, después de los esfuerzos que durante tantos años habían realizado por mí mis padres, en mi educación tanto personal, académica y cultural. Ello, me hizo pensar que la profesión de médico, podría permitírmelo, aunque dada la situación actual, esto va quedando cada vez más en entredicho. De cualquier forma, si este aspecto, bastante incontrolable por mi parte, flaqueaba, siempre me quedarían los dos fines anteriores, sobradamente cumplidos, los cuales me harían disfrutar de esta inestimable profesión.

Y todo este compendio de razones y motivos, me impulsó, más tarde que pronto a escoger la carrera de Medicina. Pero, para ello aún debía superar la Selectividad, difícil prueba que aún  me separaba de mi objetivo final. Así pues, me marqué ese objetivo primero como indispensable para conseguir lo posterior, me esforcé mucho y conseguí superarlo con el éxito suficiente como para elegir la carrera deseada. Creo, sin duda, que este esfuerzo que llevé a cabo en su día, me sirvió a lo largo de la dura carrera para superarme y alcanzar poco a poco las metas que me fui marcando.

Una vez pasados prácticamente estos 6 años, y a meses vista de mi Graduación, no me arrepiento de mi elección en absoluto. No me he arrepentido nunca, ni en los buenos ni en los malos momentos, pues creo que todos me han hecho crecer y formarme como persona, y ahora soy bastante más que ese tímido estudiante de primero de Medicina que esperaba en su primer día en las escaleras del Anatómico Forense qué sería exactamente eso donde me había metido y cómo serían sus nuevos compañeros, profesores, aulas… 

No, probablemente estudiar Medicina no ha sido mi vocación durante toda mi vida, como admiten compañeros míos. Yo, con total tranquilidad, puedo decir que en mí la vocación no nació, sino que se fue formando a lo largo de la carrera, viendo lo que me gustaba y todo lo que podría ser capaz de hacer por las personas. Y, estoy orgulloso de ello, pues pienso que los motivos que cada uno tenga para estudiar esta preciosa carrera son los mejores, por el sencillo hecho que son los propios, los de cada uno, los que realmente explican su personalidad y su razón de ser.

Alberto Díaz Jiménez. 6º Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme.

¿Volvería a empezar esta carrera de nuevo sabiendo lo que ya sé hasta ahora?

Definitivamente SÍ, incluso podría afirmarlo con más seguridad que cuando en su momento decidí seguir este camino. Aunque siga existiendo en mí la base fundamental de mi personalidad, la persona que ahora mismo soy es bastante diferente a la que era hace ya unos años, y a pesar de las experiencias vitales que hayan podido hacerme cambiar y madurar durante estos años, evidentemente mi vida se ha visto muy influenciada y marcada por la carrera de medicina. Me gusta llamarla “carrera” porque básicamente la considero como tal, una carrera en la que no sólo depende de ti llegar al final, pues aunque sea un factor fundamental, existen una serie de factores externos (como los profesores, la institución en sí de la Universidad de Sevilla, la mala organización de la facultad, los compañeros, la familia, etc.) que pueden dificultar mucho la llegada, incluso en algunos casos hacerla casi imposible o insoportable.

Como ejemplo ilustrativo de cómo era mí “yo” de aquella época, voy a explicar cómo era mi situación antes de comenzar la carrera y cómo fue el inicio de la misma: Yo soy la menor de tres hermanas, siendo mucho menor de hecho. Por esto quizá he sido la más sobreprotegida, la típica “niña” de la familia que aun perteneciendo a una familia de clase media prácticamente lo he tenido todo incluso antes de pedirlo, así que cuando dije que quería estudiar medicina (al igual que mi hermana) mis padres hicieron todo lo posible por apoyar mi decisión. 

Me he preguntado muchas veces si esta decisión estuvo influenciada o no por el hecho de que mi hermana fuese médico y pienso que seguramente sí, por lo que mi vocación hacia esta carrera no ha sido la típica de muchas personas que desde pequeños dicen que quieren ser médico, sino que fue una decisión tomada ya al empezar bachillerato.

Cuando llegó el momento y elegí medicina tras aprobar selectividad, me encontré con que sólo podía ir a la facultad de Cádiz, así que tras la tremenda decepción, pues yo soy de Córdoba, me vi semanas más tarde con mis 17 añitos camino de Cádiz. La cuestión es que pasadas unas semanas y con el curso ya empezado me llamaron de Sevilla por si quería ocupar una plaza que quedaba libre y acepté. Me gustaría que os imaginarais el trastorno que todo esto pudo suponer para mí, pues de vivir en casa de mis padres pasé a vivir en dos ciudades totalmente desconocidas para mí en cuestión de dos meses y tener que volver a hacer amigos en Sevilla tras haberlos hecho previamente en Cádiz, además de que como el curso en Sevilla había empezado antes, me faltaban apuntes, los compañeros ya tenían sus pequeños grupos sociales, etc. Para colmo, solo encontré sitio en una residencia de estudiantes femenina (de monjas) donde me instalaron en una habitación de una monja que había muerto días antes en una zona incomunicada de las demás estudiantes. 

Creo que no tengo que mencionar la de veces que lloré, lo sola que me pude sentir y la de veces que estuve a punto de abandonar, volver a casa con mis padres y estudiar cualquier otra cosa. La cuestión es que tras este momento tan trascendental en mi vida, pasadas unas semanas, mi manera de ser dio un cambio radical y la niña vergonzosa y asustadiza que empezó a estudiar medicina hoy en día es una futura médica, pues como bien dice mi madre: “tropezar y no caer es adelantar camino”.

Cristina Remedios Miras Sánchez. HUNSV.

Ser médico era una profesión que, además de “cualidades científicas”, exigía valores humanos y cívicos no tan necesarios en el ejercicio de otras actividades profesionales.

¿Qué me animó a estudiar medicina? A escasos meses del final del sexenio de formación y educación teórica, clínica y práctica que he vivido en la Facultad de Medicina de Sevilla, aún encuentro dificultades para responder con exactitud a esa pregunta. Tras aquella decisión no hubo una causa concreta ni un fin diáfano y claro; más bien, fue un conjunto de circunstancias lo que me impulsó a elegir ese camino profesional.

En aquel tiempo, yo era el típico adolescente que, de pronto, toma conciencia del futuro inquietante y próximo que le concierne. Ante él, debía apurarme en adoptar, en un corto período de tiempo, una de las decisiones más importante de mi vida: ¿Qué carrera universitaria estudiar? Hasta entonces, en mis primeras cábalas estudiantiles, habían predominado las ideas económicas-legislativas (algo que siempre despertó en mí una gran admiración) y las disciplinas científicas como Farmacia, Biología, Química... Sin embargo, entre este elenco nunca figuró aquella carrera que probablemente englobaba todas aquellas cuestiones que me inquietaban. En efecto, la Medicina pasaba por aquel entonces desapercibida en mis años infantiles. Probablemente el hecho de que careciese de alguna persona cercana (mis padres estudiaron carreras de Letras) que pudiese haberme dado a conocer la profesión y el rechazo ignorante a profundizar en algo que, a priori, me resultaba desagradable, me impedían apreciar la profundidad y relevancia de sus valores.

En medio de aquella desorientación e incertidumbre, en medio de aquella tormenta de consejos de familiares, padres y personas afines (que presumen de conocerte mejor de lo que jamás llegaría a conocerse uno mismo), un hecho vino a influir en mí de manera decisiva: la lectura de un libro que, en aquella época de confusión e incertidumbre, sacudió mi conciencia. En él, leí cosas como esta que a continuación transcribo:

"Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz a dónde dirigirse... ¿Qué se hace con la vida? Andrés se inclinaba a creer que el pesimismo de Schopenhauer era una verdad casi matemática. El mundo le parecía una mezcla de manicomio y de hospital; ser inteligente constituía una desgracia, y sólo la felicidad podía venir de la inconsciencia y de la locura".

Estas palabras del célebre escritor Pío Baroja, contenidas en su libro "El Árbol de la Ciencia", sobre su personaje, Andrés Hurtado, por extraño que parezca, se asemejaban sin duda al pensamiento de jóvenes españoles como yo un siglo más tarde. En su desconcierto ante la vida identifiqué mi propio desconcierto, y en su rebeldía ante una sociedad corrompida e insolidaria empecé a comprender que ser médico era una profesión que, además de “cualidades científicas”, exigía valores humanos y cívicos no tan necesarios en el ejercicio de otras actividades profesionales. Así fue, en efecto. La lectura de aquel libro influyó mucho en mí, y es justo que lo refiera como causa fundamental en mi decisión de estudiar la carrera de Medicina, rechazando todas las opciones que hasta entonces había manejado.

Andrés Hurtado, el personaje principal de la novela, encarna la figura de un adolescente que se aventura en la ardua tarea de estudiar medicina, y a través de los años se va haciendo a la vida, y podríamos decir que representa la viva imagen del médico altruista, que personifica los valores tan demandados por esta profesión. Critica desde la ficción histórica, la figura del profesional sanitario altivo y despreocupado, más atento si cabe a su condición de figura social, y empecinado en la transmisión de ese pedigrí y linaje médico a futuras generaciones que se iban incorporando a la profesión. Sin embargo su personalidad, guarda un fuerte aspecto negativo, combina todo lo anteriormente mencionado con una visión pesimista de la vida. Influido por las corrientes filosóficas de la época, orienta sus pensamientos hacia un radical escepticismo religioso, social y económico.

La importancia de este personaje en la transformación de "mi concepción de la vida" posee un alto valor simbólico. Se dice de él en el último capítulo de la novela que "tenía algo de Precursor" y tanto... Es decir, vencido por su choque constante con la realidad, el personaje Andrés se muestra siempre comprometido con la vida y abre la esperanza hacia un futuro en que ciencia y justicia conseguirán liberar al hombre de sus servidumbres. El mensaje de esta obra es también actual, pues se describe en la novela una fuerte crítica a la insolidaridad social, a la corrupción e ineficacia del sistema político, el anquilosamiento de muchos aspectos científicos en España... El autor elevó el pesimismo y el desengaño propio de la época a la categoría de "Pesimismo y Desengaños Existenciales".

Podríamos estar ante un símil de lo que un siglo más tarde vuelve a repetirse. La tristeza de una sociedad española, que vuelve a no creer en la existencia de valores éticos, donde las palabras corrupción e interés son el eje de la mayoría de las conversaciones entre ciudadanos. Desahucios, privatizaciones, acceso denegados en Sanidad, desigualdades...Todo confluye en un Estado de escepticismo y desilusión global.

Por todo ello y como valoración personal, los valores médicos que tienen que acompañarnos durante toda nuestra vida, y por los que, en definitiva, me aventuré en la idea de estudiar esta carrera tienen que ser una combinación de ese altruismo y dedicación a los demás, involucrándonos como figura de salud, en una sociedad que demanda esperanza y cambio, luchar por esas desigualdades que nos conciernen y garantizar al máximo exponente derechos universales e inherentes al ser humano, que jamás tuvieron que abandonarle. Todo esto, y por ello hoy doy Gracias, es lo que me condujo hasta este lugar, y lo que me va a permitir ser materia prima de ese cambio futuro y demandado.

.....Y yo lo llevo en la sangre


En mi caso quiero ser médico desde muy pequeño y eso que no tengo ningún familiar cercano que lo sea, y que me haya influido para estudiar medicina.

Los motivos son muchos y se suceden cronológicamente .Vengo de una familia extremeña que se dedicaba a la ganadería  y mi abuelo era carnicero. Desde pequeño mi abuelo me explicaba todos los órganos de los cerdos, ovejas y otros animales debido al gran interés que yo mostraba, cuando él estaba haciendo su trabajo y yo le veía. Me encantaba que me contara el funcionamiento de los mismos y cómo se llamaba cada  tejido  que él me enseñaba, explicación que yo atendía con admiración.

Lejos de asustarme o darme asco yo los cogía, observaba y preguntaba si eso mismo teníamos nosotros dentro de nuestro cuerpo. Mi abuelo sorprendido me razonaba que no eran exactamente iguales pero que los órganos del cerdo eran muy parecidos a los de los humanos. Desde ese momento mi interés se centró en el  cerdo y no precisamente por su rica pata que a todos nos gusta. Esta experiencia,  yo creo que es muy importante y que ha sido la base de por qué me he fijado en esta carrera tan ESPECIAL. Pienso que si no se hubiera dado esa condición, probablemente nunca hubiera descubierto esta vocación, esta idea fija  que me impulsado a esforzarme en todas las acciones encaminadas a conseguirlo.

Posteriormente en el colegio e instituto la asignatura que más me gustaba y atraía era la parte de la biología que se encargaba del estudio de los seres humanos, reforzándose en mí la idea de querer dedicarme al estudio y cuidado de las personas toda mi vida. Estas ideas tan claras permanecieron en mi latentes  hasta 2º de bachillerato, momento en el cuál dude si hacer otra carrera debido al gran sacrificio y esfuerzo que suponía una formación de más de 12 años . Pero un día me desperté con una idea clara que era la de que quería sentirme útil en la vida, ayudar a las personas en el aspecto más importante que para mí es la salud. La medicina reunía todos lo que yo buscaba y la fijé en mi pensamiento como meta.

Los primeros años de la carrera fueron para mí un poco decepcionantes, ya que estudiamos muchas cosas que yo no me esperaba y de una manera muy poco práctica. Eso de que la vida de estudiante es la mejor creo que podría aplicarse a otras carreras, con todos mis respetos pero a la de medicina no tanto… He visto como amigos estudiantes salían de fiesta, viajes e innumerables eventos, mientras yo tenía exámenes, prácticas o algún otro motivo por el que no podía hacerlo.

Una vez que fui superando cursos cada vez me gustaba más y el adscribirme al Hospital Universitario Virgen de  Valme supuso un fuerte estímulo para mí  ya que tanto las asignaturas como  las prácticas me gustaron mucho. Ahora llegando al final del camino miro atrás con cierta nostalgia. Pese al gran sacrificio que me han supuesto estos 6 años, tengo clarísimo que no me he equivocado de camino, que estoy donde quería estar y que pronto me estaré dedicando a lo que siempre he querido, gracias al trabajo, constancia y esfuerzo que estos años he tenido que realizar.
Antonio Cruz Medina. Hospital universitario Virgen de Valme. Febrero 2013.

¿Sabes quién fue el primer médico de la Historia?

Han pasado ya más de seis años desde que mi abuelo me respondió con esta pregunta cuando le dije que quería estudiar Medicina.

“No, ¿quién?”: le pregunté ingenua creyendo que iba a empezar a narrarme unos hechos con nombres, apellidos y fechas.

“El primer médico de la Historia fue la primera persona que tendió su mano para ayudar a alguien en el suelo a levantarse, limpió sus heridas derivadas de la caída y le hizo sentir mejor tras el dolor del golpe.”

Yo sonreí. Ser médico es Ayudar.
Ayudar es el Fin, y todo lo demás son los medios. Una carrera de seis años son los medios, el estudio y el sacrificio son los medios, la preparación son los medios, ser médico son los medios… y aunque a veces me ha resultado duro, agotador, extenuante… ese Fin es lo que quiero y lo sé desde que escuché la historia de una frase sin fechas y sin nombres.Yo quiero ayudar y esta profesión es la forma más bonita que he encontrado para hacerlo.

Sí, a mí este Fin me justifica estos medios.
Y desde que adquirí esta forma de ver la carrera, no he dejado de identificar medios y afrontarlos: “todas estas horas de estudio me ayudarán a desarrollar la resistencia”, “esto es para aumentar mi capacidad de concentración”, “los días intensos me entrenan para en unos años ser capaz de trabajar con buen rendimiento bajo presiones, durante las guardias, cuando las cosas se compliquen…”

Y así he ido superando cursos y ganando recursos.
A tres meses de terminar la carrera, me miro y me comparo con la yo de diecisiete años que entró por primera vez en este mundo y me doy cuenta de lo mucho que me ha cambiado la Medicina. Después de seis años imbuida en apuntes, clases, libros, horas de estudio, prácticas de laboratorio, de hospital, exámenes, agobios y alegrías, parece que no he tenido tiempo para percatarme de lo que me estaba pasando por dentro:

Si empecé en primero teniendo mi vida a un lado y la Medicina a otro, ahora en sexto de repente no las puedo separar, se han solapado dos esferas, yo lo visualizo como un eclipse permanente.

Si empecé en primero sin entender bien del todo a qué se referían algunos profesores con aquello de “ser médico no es un trabajo sino una forma de vida”, ahora en sexto de repente creo que estoy adoptando ese modo de vivir y me dirijo a mi yo de diecisiete años para decirle “¡que no se trata de entender, que se trata de sentir!”.

Si empecé en primero guiada por el “ver, oír y callar”, ahora en sexto me quedo con la triada “observar, escuchar y ayudar”.

Si empecé en primero estudiando para superar exámenes, ahora en sexto hace tiempo que experimento continuamente la necesidad de saber más… de estudiar para aprender más, para responder a mis preguntas, para formarme lo mejor posible. Ya no se trata de superar un examen, sino de poder dar respuestas ya sea con palabras, con gestos o con acciones, a los problemas que impiden el bienestar de una persona.

En estos seis años he estudiado mucha teoría médica, pero me llevo la sensación de haber aprendido más que eso… he aprendido mucho acerca de las personas, llegando a interiorizar la acertada frase “en medicina no se tratan enfermedades sino enfermos”, hasta el punto de establecerla como una estrella guía que no me permita olvidar nunca que sentirse atendido, sentirse acompañado, sentirse comprendido, sentirse escuchado de verdad, puede hacer tanto o más que un tratamiento farmacológico en algunos casos,por lo que no deben ir separados; una estrella guía que no me permita regirme por un patrón común, sino que me recuerde siempre que “cada paciente es un mundo”. No sé si este cambio ha ocurrido en segundo, o en tercero, o en quinto, o ayer.

Posiblemente a lo largo de todos estos años, pero tampoco importa demasiado identificar el momento preciso en el tiempo. Lo que importa es que ahora me doy cuenta de que la Medicina me ha llevado a su terreno y yo no he hecho ni un mínimo esfuerzo por resistirme.

Medicina es Vida. ¿Será por eso por lo que se está aquí tan a gusto? Será por eso por lo que voy a quedarme aquí, en mi eclipse perenne. No solamente en busca de personas para ofrecerles la mano, limpiar sus heridas e intentar hacerles sentir bien; sino también en busca de aquellas que tienen miedos o están a punto de caerse y quieren un soporte para evitar la caída y ganar seguridad. Tengo suerte de querer ser médico… tengo suerte porque no sabría hacer otra cosa.

Consuelo Ramos Giráldez. Alumna de sexto de Medicina en el Hospital Universitario
Virgen de Valme. Universidad de Sevilla. Febrero de 2013.

Pero a todo esto, lo que mas me gusta, es añadir la palabra ESPERANZA.

¿Por que estudio medicina?   Buena pregunta

Complejo de Jesucristo. Es una de las cosas que te planteas cuando eres joven… cuando ya te va alcanzando la madurez, como es mi caso, la mirada se va volviendo resignada, humilde, cautelosa, limitada….


La muerte reflejada en los ojos de un niño. En mi caso es uno de los sucesos que más, me ha impactado, y aun hoy no consigo encajar o racionalizar… , un niño con una enfermedad mortal. Eso me alcanza de un modo incapacitante, sin embargo hay compañeros que trabajan con ello de forma diaria, los admiro, y no dejo de asombrarme de la diversidad del espíritu humano…

Disciplina de muchos ¿por qué? y de pocos porque.

Regusto algo amargo como el poso de un buen café….

Fascinación por los porqués, la complejidad de la naturaleza. Que ante mis ojos expectantes cual chiquillo ante nueva respuesta, se va deshilando como un hilo infinito….


La limitación de los conocimiento. Como limitado es el ser humano, esto hace que aceptar que ya no podemos curar es para mí algo duro, que solo se ve aliviado solo en parte, por el hecho de que paliar y reconfortar si tiene un campo infinito…. Complejidad del alma humana. Que diferentes somos unos de otros, sin embargo solo nos iguala la enfermedad y la muerte como el rey al plebeyo… y de esto la medicina hace todo su universo, como herramienta de igualdad…


Capacidad de ayudar a personas. En un momento crítico en sus vidas, es dar lo mejor de nosotros mismos, para ayudar a nuestros semejantes no en cualquier momento, sino cuando más lo necesitan…  Formar parte de una elite ancestral, nos engañaríamos, si lo negáramos, es poder desde hace mucho tiempo, aunque el modelo de paternalismo medico ya no existe, pero la figura del médico sigue siendo una garantía de éxito personal.


Forma parte de un proceso de superación personal. Es lo que supone en mi caso personal, desde la convicción de una persona que pensaba que no valía para estudiar y encontrarme en el último año de una difícil carrera, y seguir enamorado de ella, es como subir el Everest… Enriquecimiento de relación con personas de diferentes generaciones. Este es el ámbito de la universidad que permite este enriquecimiento, y que la hace un marco inimitable para las relaciones humanas …

Una escuela de niños grandes… siempre pienso que hay que verla con esos ojos. Me resulta muy curioso lo que la gente ve en un medico. Es como un faro en la noche oscura para los marineros, pacientes ante la incertidumbre de su propio rumbo, que reconforta, que guía y que tranquiliza, pero el rumbo lo gobiernan el mar y las corrientes… el faro solo ayuda.


Proceso de renuncias y aceptación de la realidad humana, de su naturaleza efímera, de nuestra verdadera misión como seres humanos. ¿pude haber hecho mas?, ¿pude haberlo hecho mejor? Son preguntas que no le deben faltar a un medico en todos sus pacientes…


Pero a todo esto, lo que mas me gusta, es añadir la palabra ESPERANZA, que para mi significa futuro, nuevos horizontes de curación, el _____, en este momento no se cura pero se esta probando un nuevo procedimiento que si lo hará, y eso ante los pacientes que sufren la enfermedad no es poco..No olvidar quien era y en que me he convertido al cabo de seis años de carrera y pensar que ha valido la pena el camino…


Ignacio Soldado Rodríguez. 6º curso de Medicina de Hospital Universitario de Valme de la Universidad de Sevilla.

Personas de las que he aprendido Medicina, muchas. Personas de las que haya aprendido a hacer Medicina, ninguna.

La verdad que ante la cuestión de por qué estudié Medicina habré respondido de una manera diferente cada vez que me la hayan preguntado. Como todo en la vida, depende de con qué pie te hayas levantado ese día. Y creo que con esta carrera se hace aun más evidente. Supongo que si me lo hubieran preguntado allá por junio de 2007, antes de empezar primero, hubiera respondido algo totalmente opuesto a lo que voy a responder hoy. Y la verdad, nunca me había planteado cuánto puede cambiar una opinión a través de la experiencia. Es decir, como el paso del tiempo, puede modular tanto una percepción que parecía tan segura por entonces.

Creo que mi ‘yo de primero’ con unos cuantos kilos de ojeras menos que ahora y una mirada algo más amable, menos cansada, habría respondido fiel a lo que era. Una chica de 17 años con miles de proyectos en la cabeza, unas ganas inmensas de absorber cualquier información que pululara a mi alrededor y con una idea demasiado sobrevalorada de cómo sonarían unos pulmones enfisematosos a través de mi fonendo. Hubiera respondido que siempre había soñado con vestir una bata blanca y andar por los pasillos de un hospital saludando a cada uno por su nombre. Entrar en todas las habitaciones de los pacientes, sentarme en sus camas, apagar la tele y simplemente charlar. Conocer su enfermedad. No la del libro, sino la suya. De qué manera le duele, sí, y cómo se irradia, pero también cómo le afecta cuando llega al trabajo cada día sin haber dormido la noche anterior. Y cómo desde entonces se ha vuelto una persona dependiente, y no puede levantarse sin ayuda para ir al baño. De lo que le preocupa que ahora sea su hija la que tiene que darle de comer a ella, cuando hasta hace unos años era al contrario. Pensaba ser de esos médicos a los que le preocupan las personas. Que quieren conocer su realidad completa, su realidad sana y no solo su realidad enferma. En fin, no sé si logro explicarme, porque ni yo misma recuerdo exactamente cómo era esa imagen que había fabricado en mi cabeza antes de entrar en un hospital vestida de blanco por primera vez.

A medida que fueron pasando los meses y los años esa imagen se fue deteriorando. No encontraba esa amabilidad por ningún rincón del hospital. Todo era burocracia, papeleo y gestiones. El tiempo para ver a los pacientes se reducía a una mínima parte de la jornada. Pruebas complementarias, exploración física y plan terapéutico. ¿Pero y el momento de sentarse junto al paciente y escuchar?, ¿cuándo llegaba esa parte en la que el médico callaba, sonreía y simplemente escuchaba al paciente? Esperé que llegara el momento pacientemente, pero a día de hoy todavía no ha llegado. Por el camino me he encontrado auténticos genios de la Medicina, de los libros me refiero. Pero ni uno, y es muy duro decirlo tras seis años, ni uno solo ha sido para mí un referente. Alguien de quien fijarme, de quien aprender, alguien a quien admirar. Personas de las que he aprendido Medicina, muchas. Personas de las que haya aprendido a hacer Medicina, ninguna.

Espero que nadie se haya echado las manos a la cabeza con esto que he dicho. Quizá alguno de mis compañeros escriba sobre lo estimulantes que han sido estos seis años de carrera, lo mucho que le han hecho reafirmar sus pensamientos iniciales sobre el ejercicio de la Medicina. Me alegro infinitamente por ellos. Ojalá yo hubiese buscado donde ellos han sido capaces de encontrar.

De todas maneras, ‘nadie escarmienta en cabeza ajena’, o al menos eso decía mi abuela. Así que yo, ahora a mis 23 años, con algo más de ojeras que a los 17 pero con menos que los médicos de mi hospital, estoy a tiempo. Siento que me encuentro capacitada y en el momento adecuado de cambiar las cosas. De no cometer los mismo errores. De escarmentar de una vez por todas de esta forma de hacer Medicina. De no conformarme con hacer lo mismo que han hecho otros. De cambiar las cosas. De crear escuela o como quiera llamarse. De preocuparse de una vez por todas del enfermo y su vivencia de enfermedad. De su familia. De su entorno. De dejar de mirar a las personas a través de una radiografía y mirarlas a los ojos durante un buen rato. Creo que todavía no me han quitado la ilusión de ser buen médico. Y espero conservarla unos cuantos años más.

Y esta es mi opinión a día de hoy, filtrada a través de seis años de carrera. Muy diferente de mi idea inicial. Quizás dentro de otros seis haya vuelto a cambiar.
Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

No quiero ser médico por lo bonito o feo que sea la profesión, quiero ser médico como una forma de vivir en el mundo, incorporándolo dentro de mí como cualquier otro carácter personal.

He tenido muchas razones a lo largo de mi vida por las que quería aprender a ser médico. Al principio mis pensamientos respecto a este tema iban dirigidos a curar a las personas y divertirme haciéndolo, como creo que un niño piensa acerca de cualquier dedicación futura. La verdad es que en mi cabeza nunca hubo otro pensamiento que el de ser médico, quizá sea por eso por lo que me derrumbé al acabar los estudios y comprobar que no había entrado en la carrera. Más tarde pensé que si no podía ser médico, quizá si podía ser cualquier otra cosa, al fin y al cabo crecer también significaba apoyar los pies en la tierra y asumir los vaivenes que la vida te ofreciese. ¡Qué equivocada estaba! Cuando más segura estaba que mi vida se centraría en la Biología, una llamada de teléfono me brindó la oportunidad de cumplir mi sueño y volver a despegar del suelo.

El comienzo fue tal y como lo imaginé lleno de entusiasmo, pero no de muchos profesionales de la medicina que me ilusionaran y me dieran aplicaciones de lo estudiado a la relación con las personas. Es cierto que necesitaba muchos conocimientos aún, pero también necesitaba un poco de motivación y que mi aprendizaje no fuera una decepción o una falta de equilibrio entre la importancia de las asignaturas y su correcta aplicación a las personas. Aprendí que los conocimientos científicos acerca de una profesión te dan las herramientas para ejercerla racionalmente, pero, ¿es eso lo que se espera de un médico?, ¿que diagnostique y trate al paciente como una máquina hecha exclusivamente para acumular información y a la que no hay que enriquecer de otras disciplinas? En mi opinión, es esto precisamente lo que te enseña la carrera.

He de decir que el último curso de la carrera donde nos encontramos, ha despertado en mi aún más si cabía, el deseo de seguir estudiando no para ser el premio Nobel de Medicina en un futuro sino estudiar a cada persona individualmente, cosa que claro está, llevaría tiempo hasta al más inmortal de los mortales. He aprendido a mirar desde una mirada ajena, a sentir desde el corazón de otras personas y a vivir feliz sabiendo todo lo que me queda por aprender. En este sentido creo que este año si me he encontrado con un par de profesionales que de modo personal y sincero han hablado con la futura médico que voy a ser ,y no como una alumna, que no es ni siquiera de notables, a la que hay que apretar las tuercas para que sepa etiologías, patogenias, diagnósticos y tratamientos de muchas enfermedades. Soy consciente que hay cosas de las que tendré que empaparme para poder orientar bien la enfermedad de las personas, pero también he pensado en estudiar otras disciplinas sean vía universitaria o a modo de cursos, seminarios o grupos de trabajo para aprender y entender al cien por cien la Medicina. En este sentido nunca he tenido la necesidad de acabar antes que nadie la carrera, de elegir especialidad por reconocimientos externos a la profesión o por decir que un puesto en el MIR me hace mejor médico que otra persona, cosa con la que día a día me encuentro en mi entorno.

Antes quería ser médico, ahora quiero ser amiga, hija, vecina, estudiante, compañera, y todas esas cosas que nos definen como personas. No quiero ser médico por lo bonito o feo que sea la profesión, quiero ser médico como una forma de vivir en el mundo, incorporándolo dentro de mí como cualquier otro carácter personal. Ante todo esto también me he preguntado centenares de veces si mi forma de querer ver la medicina es la verdadera, si mis motivos para haber comenzado su estudio y ahora para incorporarla como parte de mi son válidos, o validados por la sociedad. Siento que en muchas ocasiones voy a cruzarme con trabas burocráticas, económicas y políticas en el ejercicio de la medicina pero también soy muy positiva al respecto puesto que aunque existan presiones externas, desánimos o incluso prohibiciones ante determinadas acciones médicas, nadie puede quitarme la manera de entender la medicina, pues sería quitarme mi propia personalidad y puedo asegurar que ningún político o “alto cargo, que no alta persona” podrá arrebatármela.

Hoy por hoy he contestado a aquella persona que fui al empezar la carrera y he comprobado que soñar es precisamente lo que nos hace estar en el mundo y es por ello por lo que entiendo esta profesión como la más cercana a tener bien puestos los pies en la tierra y la que me hace despegarlos de él en momentos claves de mi vida. Soy consciente también que terminaré la carrera exenta y discapacitada para multitud de ocasiones que se me presentarán en la profesión y que seguirá siendo una lucha diaria para adquirir los conocimientos necesarios pero ¿es que acaso en la vida no vamos luchando y superando absolutamente todo? Ante esto solo me queda decir la satisfacción personal que me da seguir hacía delante con mi mirada fija en esta magnífica forma de vida.

Alumna de 6º curso de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Quiero ser MÉDICO, sí eso significa poder cambiar en algo (muy poco, lo sé) la realidad.

Siendo sinceros.

Siendo sinceros, las razones que mueven nuestras inquietudes, deseos, metas, ¿intereses?, son habitualmente de lo más corrientes, vulgares, ¿predecibles? Quizás este punto de vista, esté totalmente condicionado por una falta de confianza notable en la filantropía INNATA, y este es el mismo tema. 

Yo, no empecé medicina porque: me gustaba la gente, quería ayudar, quería hacer algo por el mundo, soy un beato de la vida... Yo comencé medicina porque estudiar medicina es guay, me va a solventar el futuro económico, voy a saber mucho, seré alguien respetable; y además, mi padre es médico, ¿acaso existe otra cosa que no sea MEDICINA?: No hombre no...¡es lo mejor para ti, hijo mío! ¿Qué vas a ser si no, artista? Bien, por eso empecé a estudiar medicina. Y digo, empecé. Ciertamente, me resulta complicado creer que un/a postadolescente de 18 años recién cumplidos, SANO/A, sin ningún PROBLEMA reseñable hasta esa fecha, empiece a estudiar medicina por alguna razón distinta que no sea la que yo tuve en su momento. ¿Hasta dónde llega nuestra sensibilidad humana en ausencia de sufrimiento ajeno, y sobre todo propio? Creo, no demasiado lejos. ¿Cómo me va a indignar una sensación, somática o psíquica, que sólo conozco (y muy de pasada) cognitivamente? Difícil, ¿imposible?: bueno, alguno habrá... no fue mi caso.

Año 1, comienzo medicina y la medicina es desbordante. Asistes a las clases: entiendes 2 cosas: una sobre la proteína quinasa A, y otra sobre los canales de sodio/potasio. Incluso, aprendes a decir "sincitiotrofoblasto". Y ya eres médico "de facto" o al menos, para tus amigos, y para esa chica de la biblioteca que te gusta, y eso es muy importante; lo que más. Exámenes. Más clases. Prácticas de laboratorio. Sala de disección. Más exámenes. Patología general: bien, se te baja el subidón. Realmente, no tengo ni idea. Prácticas de patología general: bien, realmente soy una nulidad.  Comienzas a ver enfermos, pacientes, "padecientes". Ahora sí. La planta del hospital: olores, familiares en los pasillos, pasillos sin familiares y además, personas que esperan que tú solventes su problema, sea el que sea, no importa.

La cosa cambia: es la hora de mirar frente a frente al sufrimiento. Ver llorar por un diagnóstico, ver sufrir, ver morir, ver la desesperación por lo que se acaba: hoy, mañana, en 6 meses... Y ver, que tu residente o adjunto puede hacer algo para mitigarlo, ¡incluso para prevenirlo!: consejos dietéticos, fármacos, cirugía, rehabilitación, bronca por fumar... Todo vale para que la sangre no llegue al río.

Ahora sí: nace mi vocación. Empiezo a entender el diálogo: persona-padecer. Uno con el otro: se ignoran, encuentran, distancian, chocan... Voy ENTENDIENDO medicina, sin el "la" delante, porque se aprende en muchos sitios: en cómo nos dice "buenos días" el enfermo, y en cómo gesticula (o no gesticula) cuando le auscultamos. Soy consciente: esto me llevará toda una vida pero estoy dispuesto a llevarla. 

Está bien: estudiar merece la pena si es para esto. ¿Podré aumentar la dignidad humana en mi pequeño círculo de actuación?, ¿en mí mismo?, ¿aunque sea en algo? Me comprometo. Lo voy a intentar. La verdad es que cada día digo con menos entusiasmo que estudio medicina; dentro de muy poco, incluso podré decir que soy médico. Pero no es para mí un orgullo social, poder lucir tan solemne distinción; con todo, quiero ser MÉDICO, si eso significa poder cambiar en algo (muy poco, lo sé) la realidad sufridora y "padeciente" que he visto hasta el momento.  Soy consciente del efecto placebo de la figura del sanador, pero aún así, creo que estamos viviendo una época de cambio en este sentido. Un tiempo en el que cada persona se hace protagonista, y sobre todo responsable de su salud; al fin y al cabo, sólo a ella le pertenece. Sería de desear que nuestra labor en un futuro fuera mucho más encaminada a este tipo de objetivos; espero, no como un acto de cobardía, sino como una verdadera confianza en la actitud del paciente, incluso en la del no-paciente.

Esta mañana, pregunté a mi adjunto dónde estaba la historia de la paciente de la habitación 808-1: mujer, 44 años, neoplasia de mama, metástasis cerebral, cuidados paliativos.
Murió ayer por la tarde. ¿Detrás de todo esto? Sufrimiento. Humano. 
Bien, ahora sí: la MEDICINA comienza a gustarme. Merecerá el esfuerzo. Seguro.

Alumno de 6º curso de la Facultad de Medidicna de la Universidad de Sevilla.

¿Por qué medicina?, para mi no es nada fácil responder a la pregunta

Sinceramente, para mí no es nada fácil responder a la pregunta de porque decidí estudiar medicina, ya que hoy después de 6 años de carrera sigo sin saber los motivos que me empujaron a entrar en esta carrera. Lo que sí sé, es que fuesen cuales fuesen esos motivos mi elección fue la adecuada. Siempre he sido una persona muy insegura, y cuando tuve que elegir un tipo de bachiller, sin duda escogí el de salud porque pensé que era lo mejor para así cerrarme el menor número de puertas posibles, ya que no tenía ni idea de que era lo que iba a hacer. Pensé que tenía dos años todavía y que podría decidirme en ese tiempo, pero el tiempo se iba acabando y yo aún no me había decidido.

Tenía en mente muchas carreras y todas me parecían igualmente validas, me veía en todas y no me veía en ninguna y lo más curioso de todo es que en ningún momento pensé en la medicina como una de ellas. Como muchas otras personas al final me decidí por escoger una al azar ya que no había nada que me llamara la atención y acabé matriculada en derecho y periodismo en el CEU de Madrid (seis largos años de una carrera que hoy me parecería imposible de hacer). Así pues, parecía que ya había decidido que iba hacer con mi futuro, y aún así yo no estaba contenta, había algo en mi interior que me decía que eso no era lo correcto. Entre tanto, empecé a estudiar los exámenes para la selectividad y recuerdo que una mañana mientras estudiaba biología, me pregunte ¿de verdad voy a estudiar 6 años de derecho?, si la biología siempre me ha gustado ¿Por qué no estudiar entonces medicina? Y tal y como esa pregunta surgió en mi cabeza me di cuenta de que era lo que tenía que hacer, así que se lo dije a mi madre (que se echó las manos a la cabeza) y así comenzó mi historia con la medicina.

Durante los primeros dos años lo pase francamente mal, ya que veía a todos mis compañeros ilusionadísimos por estudiar algo que llevaban esperando, la mayoría desde pequeños, y yo me encontraba totalmente perdida y sola, ya que acostumbrada a estudiar siempre en el último momento y bajo la ley del mínimo esfuerzo ahora tenía que estudiar de verdad y me preguntaba constantemente si todo ese esfuerzo se vería recompensado, o si estaba esforzándome en algo que al final no iba a gustarme. Me aterrorizaba pensar que era a eso a lo que me iba a dedicar de por vida, ¿y si no me gustaba al final?, sin embargo, aunque soy una persona insegura, odio rendirme asique abandonar no estaba en mi cabeza.

Pasados esos dos primeros años y coincidiendo con el inicio de nuestras prácticas en el hospital, empecé a relajarme, deje de preocuparme tanto por el futuro para comenzar al vivir el presente, y así fue como empecé a disfrutar de esta maravillosa carrera, de todas la posibilidades que ofrece y que estaban todas a mi alcance. Ahora que voy a acabar ya esta magnífica etapa de vida, me siento exactamente igual que esa niña de 17 que tenía que escoger una carrera, solo que ahora toca escoger una especialidad. Igual que entonces pensé que 6 años serian suficientes para decantarme por algo con seguridad, pero aquí estoy sin saber qué es lo que voy a terminar haciendo. No obstante, existe una gran diferencia porque sé, que escoja lo que escoja va a ser una gran elección, ya que por fin he encontrado mi camino y puedo decir con total seguridad que ante todo quiero ser  una gran medico.
Rosa Mª Vega Rodríguez. 6º medicina. Hospital Universitario Virgen de Valme.

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