Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).

¿Por qué decidí estudiar Medicina?. Por Alejandro Medina Guillén

En primer lugar he de decir que no es fácil explicar por qué decidí estudiar Medicina. Y no es fácil explicarlo precisamente porque la decisión no fue fácil. Es de suponer que ninguna decisión es fácil en la vida pero una de esta trascendencia y que macará tu devenir para siempre podríamos decir que lo es aún menos.

Pongámonos en contexto: verano de 2008. Había hecho un buen Bachillerato (en Ciencias de la Salud) y una gran Selectividad. Esta última mucho mejor de lo esperado, lo cual propició en cierta medida "a posteriori" mi decisión final. Durante el Bachillerato barajaba varias ideas en mente. Casi como todo el mundo, creo. Por aquel entonces me gustaba la Medicina, la Química, la Biología, la Biotecnología, la Farmacología e incluso la Ingeniería Informática (aunque esta última preferencia era un poco más remota, lo confieso). Una cosa tenía clara: me gustaba la Ciencia, en mayúsculas, y por tanto sabía que la carrera que cursara posteriormente había de ser de ciencias sí o sí. Hubo muchos compañeros en el Bachillerato de Ciencias de la Salud que tras acabarlo decidieron optar por carreras de Económicas o de Ciencias Sociales, lo cual es sin duda alguna muy respetable, pero yo sabía que eso no iba conmigo.

Aparte, yo no soy de los que se encasillan en una idea y de ahí no salen. Si no que tengo siempre abierto un abanico de posibilidades y de preferencias en mi cabeza para cuando llegue el momento de tomar la decisión final (algo parecido me está pasando ya con la especialidad que quiero hacer tras el examen MIR). A lo mejor es por esto que me cuesta más tomar las decisiones. Porque imagino que el que sólo quiere A, si consigue sólo B, rechazará B para seguir luchando por A. Pero si por el contrario te gustan muchas letras del abecedario…

Seguimos avanzando. Había acabado Bachillerato, Selectividad y ya sabía mi nota final. Ahora es realmente cuando llegaba el momento de tomar la decisión. El momento de ponderar y reflexionar. El momento de los pros y los contras. Los pros de la Medicina eran que me encantaba, que tenía un gran prestigio social, el hecho de la satisfacción personal a la hora de curar o salvar la vida de un paciente (esto es único de nuestra profesión) y también, por qué no decirlo, el casi inexistente paro dentro del sector que había por entonces en nuestro país (aunque esto último ha cambiado para mal desafortunadamente) además de contar con un salario bastante decente. Por el contrario, los contras eran la larga duración del proceso formador (6 años de carrera + 4 de MIR como mínimo) y el no dejar nunca de “actualizarse”, es decir, en Medicina nunca puedes dejar de estudiar porque tal técnica que hoy en día es la “crème de la crème” y en la cual eres buenísimo dentro de 10 años ya está obsoleta y no se usa, y existen otras técnicas más modernas que has de aprender a usar. Los médicos somos estudiantes desde que comenzamos la carrera hasta que nos jubilamos y esto era un factor muy a tener en cuenta.

Por otra parte el resto de carreras que me gustaban también ofrecían evidentemente sus pros y sus contras. El pro en la mayoría de ellas era su menor tiempo de formación/aprendizaje (3 ó 5 años), su menor dificultad y su menor dedicación personal. Mientras que los contras solían ser un más que dudoso futuro profesional y una tedia monotonía diaria sin muchos sobresaltos.

Mis padres y mi familia me decían que estudiara lo que quisiera y me gustara, lo cual obviamente estaba muy bien, pero por aquel entonces no ayuda demasiado, honestamente. Por otro lado mis amigos y compañeros del instituto me decían que estudiara Medicina, que tenía “cara y letra de médico”. En fin, lo de la letra me lo puedo imaginar pero sigo sin saber qué es tener “cara de médico” a día de hoy. Pero insistían, me decían que la tenía y que no dejara escapar la oportunidad, que no me arrepentiría. Así que tras varias semanas de reflexión (las que hay entre saber tu nota final y tener que realizar la solicitud a través del Distrito Único Andaluz) y de consultar con mis fueros internos, decidí hacerles caso y sobre todo hacerme caso a mí mismo y decidí estudiar Medicina.

Y seis años después puedo decir con total seguridad que no me arrepiento en absoluto. Más bien todo lo contrario. Me alegro y mucho. Y aunque a veces haya asignaturas que no me gusten, considere absurdas o incluso se me atraganten, tengo la sensación de haber elegido bien, de no haberme equivocado. Tengo la sensación de que me gusta cada día más lo que hago, de tener y haber desarrollado una vocación para ello, pero especialmente tengo la sensación de que la Medicina me deparará a mí, y por extensión también a todos mis compañeros de Facultad, grandes momentos y vivencias personales en el futuro a lo largo del desempeño de nuestras carreras profesionales.

Alumno de 6º de Medicina del Hospital Universitario de Valme. Sevilla

Escribir estas líneas me ha ayudado a recordar de nuevo porque estoy aquí, porque decidí elegir este camino y esta forma de vida.

Todo se remonta a mi infancia. Recuerdo que por diversos motivos de salud era muy asiduo a las consultas médicas. Quizás por eso me interesaba más por esta profesión que por cualquier otra cosa, ya que cada vez que iba al médico mi salud mejoraba, pero no mejoraba la de todo el mundo. Por lo que me surgió la gran pregunta ¿por qué unos se curan y otros no? ¿Por qué a unos les basta con dos visitas al médico y otros han de estar continuamente y no mejoran? Ese fue el motivo por el que comenzó a gustarme esta profesión, para ayudar a aquellas personas a las que mejorar su salud fuese realmente complicado. Recuerdo momentos en los que iba paseando de la mano de mi madre, con unos 4 añitos y unos 120 cm de altura y la gente con la que se paraba a hablar me preguntaban, “y tú ¿Qué quieres ser de mayor?” “Médico” les respondía, “Médico de esos que consiguen que la gente no se muera nunca”. Evidentemente sus caras reflejaban una sonrisa, a sabiendas de que la muerte era algo inevitable, pero para un niño de cinco años como yo no había nada imposible.

Fui creciendo y conforme pasaban los años me sentía más atraído por las asignaturas relacionas con el cuerpo humano. Me parecía fascinante el hecho de conocer parte de la anatomía y fisiología humana. Me atraían muchísimo más que las matemáticas, la historia o cualquier otra asignatura. Tras una adolescencia con ídolos futbolísticos, estrellas de la música y grandes comentaristas deportivos,  de golpe me planto en los 16 años, con la ESO terminada y con una idea clara en la cabeza. Quiero ser médico.

Tras pasar los años de Bachiller y selectividad me encuentro con una nota que no me permitía estudiar la carrera en mi Región de Murcia natal. Podía estudiar cualquier otra cosa en Murcia, pero no podía hacer la carrera que yo quería, lo cual era algo frustrante, ya que tenía un objetivo bien definido desde pequeño que no podía conseguir.  Fue entonces cuando me planteé la posibilidad de irme a otro lugar. El deseo de estudiar esta carrera era muy fuerte y eso hizo que un chico que nunca había salido de su pueblo se plantara en una ciudad como Sevilla para estudiar medicina, dejando familia y amigos a más de 500 Km de distancia. “No lo hagas”, me decían algunos “quédate en Murcia y estudia cualquier otra cosa” “Es una carrera complicada para estar tan lejos de casa”. Las ganas que tenía podían con todas esas frases y con otras más. Así empezó todo.

Sin embargo, conseguir estudiar lo que quería era solo el principio. La carrera no ha sido un camino fácil y bonito, pero las ganas y la ilusión que tenía contrarrestaban todo eso. Seis años dan para muchas cosas. En seis años vas a esforzarte mucho pero las cosas te pueden ir mejor o peor, puedes ver como no consigues recompensas a muchos de tus esfuerzos, años en los que desearías estar más cerca de tu familia, temporadas en las que tu motivación está por las nubes y otras en las que te cuesta encontrarla, momentos muy buenos y otros en los que te sientes estancado porque no ves el final... Pero todas esas experiencias se resumen en una palabra: CRECER. Crecer como persona y como futuro profesional médico.  Eso es lo que me ha aportado esta carrera. Saber que no todas tus actuaciones van a tener recompensa, saber que siempre vas a tener que luchar, saber que van a haber momentos difíciles cuando nos enfrentemos a los pacientes, que no siempre vamos a poder solucionar su problema, pero que SIEMPRE vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para ayudarle.

Decía John Lennon que “la vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otras cosas”. Quizás sea la frase que mejor resuma estos seis años. Entre exámenes, escaso tiempo libre, agobios, asignaturas con mayor o menor utilidad, prácticas en las que aprendes mucho y otras en las que te hacen sentir como un cero a la izquierda, me he dado cuenta que tras estos años he crecido como persona y como médico, que puedo mirar a los ojos y saber si algo le preocupa al paciente, que no todas las personas se curan con un tratamiento farmacológico, que en medicina 2+2 no siempre son 4. En definitiva, que la medicina no es solo conocimiento, sino que más bien es saber adaptar esos conocimientos a la individualidad de cada paciente, con el único objetivo de ayudarle.

Escribir estas líneas me ha ayudado a recordar de nuevo porque estoy aquí, porque decidí elegir este camino y esta forma de vida. Ahora que ya está cerca el final solo me queda buenos recuerdos y momentos que nunca olvidaré. La experiencia ha merecido la pena. Estoy a unos meses de conseguir mi objetivo, de cerrar una etapa que a su vez es el inicio de otra diferente. Después de 20 años tengo todavía en mi cabeza a ese niño de preescolar que decía “quiero ser médico de los que ayudan a la gente”. Ese niño  (algo crecido) está a un solo paso de lograrlo.

Emilio Sánchez Fernández. Alumno de sexto de Valme 2013-2014

Me siento muy afortunado de haber escogido dicha carrera y poder poner mis conocimientos al servicio de las personas

Realmente no tengo ningún motivo en especial por el cual empecé a estudiar Medicina. Recuerdo que desde que tengo uso de razón,  me despertó el interés por la medicina y eso que no tenía nadie en mi círculo que tuviera que ver con el mundo de la sanidad. Supongo que seria el gusto por ayudar a los demás, lo que consiguió que naciera el deseo en mí. Después de casi 6 años y estar en la recta final de mis estudios, puedo decir que me siento muy afortunado de haber escogido dicha carrera y poder poner mis conocimientos al servicio de las personas. Han sido 6 años muy duros, con un sacrificio inigualable seguramente al resto de carreras que pudiera haber cursado, pero que seguro tendrán su recompensa. Después de 3 años en los que solo te empapas de conocimientos generales de la profesión y se hace más tedioso, cuando empiezas  4º y contactas con el día a día de un hospital y sus pacientes, te das cuenta si vales o no para esto.

En mi opinión, el buen medico es aquel que independientemente de solucionar el problema de las personas con sus conocimientos, debe tratar al paciente como un semejante a el, comprenderlo, escucharlo y tener empatía con él y sus circunstancias. Cansa ver a profesionales de la sanidad, tener un trato descortés y altivo con los pacientes y usuarios de la sanidad. Por suerte, estos casos son puntuales, pero es algo que tengo claro que habría que erradicar. A las puertas de terminar, se nos abre por delante el camino mas bonito de esta profesión, previa realización del examen mas importante de mi vida (MIR), en el que disfrutaremos con el día a día en el hospital y la experiencia que se va ganando paciente a paciente, acompañado de malos momentos que seguro habrá. Ser medico es serlo 24 horas al día 365 días al año y quiero y me siento preparado para serlo. Me gustaría recalcar que detrás de un número de habitación o “el del infarto “, hay una persona que pone todas sus esperanzas en que podamos ayudarle a superar su enfermedad.
Alumno 6º Medicina Hospital de Valme (2008-2014)

La medicina te conmueve, porque no se trata de números, ni de términos, ni siquiera del binomio salud-enfermedad; su trasfondo y su razón de ser son el ser humano.

Para ser honestos, no recuerdo una razón en concreto que me empujara a estudiar medicina.  En cambio, algo que sí recuerdo es que me atrajo desde siempre. Antes de empezar la carrera, mi amor por la medicina era un amor platónico, idealizado. Sólo podía imaginar qué sería la medicina, sin ser del todo consciente de lo que en realidad es. Entonces comenzó mi aventura, y la descubrí como algo fascinante y extenuante al mismo tiempo, capaz de hacerme sentir eufórica, frustrada, viva, derrotada, pero sobre todo, afortunada. Cuántas veces, a lo largo de estos años de entrega, he pensado en cómo de perfecta puede llegar a ser la maquinaria del ser humano, y con qué facilidad puede venirse abajo, con qué facilidad la enfermedad puede convertirnos en seres frágiles. Sólo estudiando medicina podría haber adquirido esta nueva perspectiva.

La medicina, tiene en realidad mil caras.  La describiría más como la más científica de las humanidades, que como la más humanística de las ciencias. La medicina te conmueve, porque no se trata de números, ni de términos, ni siquiera del binomio salud-enfermedad; su trasfondo y su razón de ser son el ser humano. En mi caso, si alguna vez tuve dudas acerca de si medicina sería la carrera adecuada para mí, todas ellas se han desvanecido, porque no creo que haya otra carrera que me infunda la misma pasión;  ni la sensación de saber que sé, pero aún no lo suficiente, nunca lo suficiente, que es el leitmotiv de esta obra en que se ha convertido nuestra vida gracias a la irrupción de la medicina en ella. En una de mis películas favoritas, la protagonista recibe el siguiente elogio: “Eres un sueño hecho realidad, llena de vida, de ardor, de encanto”. Pues bien, esto mismo es justamente lo que la medicina significa para mí. 

Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de Sevilla. Hospital Universitario de Valme. 

“¿Qué quieres ser de mayor?”. Yo médico.

¿Y ya has visto muertos? – te preguntan todos cuando saben que has empezado a estudiar Medicina. Te marca. Es algo que señala un antes y un después en tu vida. Se queda la fecha grabada para la posteridad. Porque vas engañado, porque vas creyendo que la Medicina te va a durar (si todo marcha bien) seis años, y la Medicina una vez que entras ya no te deja salir.

Yo me recuerdo de pequeño viendo series de dibujos sobre el cuerpo humano, y a mi padre comprándome los fascículos de la colección, que aún están aquí guardados. Me recuerdo con un microscopio como regalo de Reyes mirando las células de la cebolla o una gota de mi propia sangre. Y creo que siempre lo tuve más o menos claro desde que me empezaron a preguntar “¿Qué quieres ser de mayor?”. Yo médico. Y yo, que conocía la medicina por haber sido paciente desde los 7 años, me empeñé en ponerme al otro lado del fonendo. 
Sí, llevan razón, cuando entras piensas que te has equivocado. Sí, llevan razón, cuando entras piensas que eso no es Medicina. Estadística, Ética, Física, Biología, Historia… Pero los motivos para estudiar Medicina no están en la Licenciatura, ni el Grado. Los motivos para estudiar Medicina no los tienes entre tus apuntes, ni en los libros, ni las horas de estudio para cualquier examen escrito sobre un cartón en el Aula Magna. El principal motivo para estudiar Medicina es la sonrisa del paciente al abandonar la consulta.

Es sacrificado, sí. Pero merece la pena. Sea quien sea el que esté leyendo esto, quiero decirte que merece la pena. No voy a decirte como se estudia la Medicina, ni como son las prácticas en tal o tal sitio, ni como de horrible son los temarios de cada asignatura, porque eso no es lo que cuenta. ¿Tanto importa la nota que acompañe a tu nombre después de cada examen? ¿Para qué? ¿Te hará eso mejor médico? No es mejor médico quien más sabe (aunque no podemos olvidar que es necesario saber Medicina), sino quien mejor comprende al enfermo.

“Nadie va al médico por gusto”, he oído decir alguna vez. Si alguien acude a ti como médico es porque necesita tu ayuda y cree que eres el apropiado para solucionarle, o al menos aliviarle, sus problemas. De nada sirve mucho conocimiento teórico aquí si no sabemos comprender al paciente y ponemos todo de nuestra parte para ayudarle. Eso sí es la Medicina.

No te cuestiones si estudiar o no Medicina por lo que leas u oigas sobre los años que pasas en la facultad. Si realmente quieres dedicar tu vida a ayudar a los demás, este es tu sitio. Porque se consigue. Que sí, que te entiendo, que muchos dicen que es muy difícil… pero incluso quien dice eso acaba siendo médico.

A ti, que has llegado aquí porque dudas si estudiar Medicina o no: Es muy sencillo. Cierra los ojos y piensa “¿Quiero sacrificar mi vida por ayudar a los demás?” Si has respondido que sí, no te lo pienses más.

A ti, que estás estudiando Medicina y has llegado aquí en un momento de frustración. ¡Ánimo! Porque lo acabarás consiguiendo, porque aunque sea duro sabes que es el camino para el futuro que quieres, porque cuando termines de estudiar en la Facultad te darás cuenta que esto no ha hecho más que empezar, lo mejor aún está por llegar.

A ti, médico (o casi, si eres de sexto). No olvides nunca que es el paciente el que ha venido a pedirte ayuda. Que te necesita, y que espera mucho de ti. Trátalo como se merece y haz que la Medicina no sea sólo Química y Biología, porque vas a tratar enfermos, no enfermedades.

¿Por qué estudiar Medicina? Porque cuando tengas la sensación de que has sido útil para ayudar a alguien que lo necesitaba no la vas a olvidar jamás.

“El más grande de los exámenes no es escrito, es el que se hace a la cabecera del enfermo”
ASG Estudiante de Medicina de la Universidad de Sevilla. Curso 2013-2014.

Sí has decidido estudiar medicina, lo que si te puedo decir, y créeme que te lo digo de corazón, es que, con los años, te darás cuenta de que, sin saberlo, estabas tomando la decisión correcta.

No soy la persona más adecuada para convencerte de que estudies Medicina. No soy la más indicada para decirte que, desde un principio, luches por lo que quieres, porque yo, cuando estaba en tu situación, no lo sabía. Nunca tuve motivos para entrar en Medicina, simplemente fui una de las afortunadas con cabeza y muchas horas de estudio a la espalda cuya nota daba para entrar, y eso, sumado a la indecisión del momento, me hizo solicitar esta carrera.

Lo que si te puedo decir, y créeme que te lo digo de corazón, es que, con los años, te darás cuenta de que, sin saberlo, estabas tomando la decisión correcta. Y aunque te llevará los tres primeros cursos, y unos cuantos suspensos, no te rindas, comenzarás a ver la luz.

Yo llegué aquí, a Sevilla, hace exactamente 5 años y medio. Dejé a unos cuantos cientos de kilómetros toda esa vida que me había costado 18 años formar (con mucho esmero) y me vine completamente sola. No conocía a nadie, ni tenía ningún apoyo, pero eso nunca fue un problema. Este será el mayor consejo que te daré: nunca serás nadie si no estás bien rodeado, si no tienes cerca a personas que te apoyen incondicionalmente y que sufran en tu lucha como el que más. Y por mi parte, de buenas gentes voy sobrada. Gracias a ellos estoy a unos meses de ser MÉDICO y, aunque no lo sepan, ni se lo recuerde muy a menudo, gran parte de este camino se lo debo a ellos.

Y es que la Medicina te va a aportar todo aquello que necesites en tu vida: la autoestima suficiente para saber que, si has podido con esto, puedes con cualquier cosa. La fuerza para seguir adelante después de todos los pasos que ya has dado. El valor para enfrentarte a lo que te venga, la sabiduría para conseguir lo que te propongas, la paz de saber que ayudas a todo aquel que puedes. Las emociones de acompañar a personas en su estado más vulnerable, de saber que te agradecen todo y más, de conseguir sacarlos para delante. El orgullo de saber que hay gente que, sin conocerte, te agradecerá el resto de su vida lo que hiciste por su padre, su hija, su marido… Te dará alegrías, te dará disgustos, y habrá días en los que será mejor no haberse levantado… Pero también habrá días grandes, días en los que hagas feliz a muchas personas, simplemente con un tratamiento, unas palabras adecuadas en el momento justo, un gesto de compresión o una muestra de que, siempre que puedas, estarás a su lado. Y creo que, por todo eso, merece la pena más que de sobra que empieces esta aventura. Querrás llorar, querrás abandonar y echarte atrás, y te acordarás de mí y del maldito día en que mis palabras te motivaron para elegir tu futuro. Pero entonces, en alguna práctica, subirás al hospital y algún paciente te sonreirá, y te dará las gracias simplemente por haber ido a su habitación a ver qué tal va, y te dirá “seguro que vas a ser un gran médico”. Y todas esas horas de estudio, todas esas lágrimas derramadas, todos esos nervios sufridos, habrán pasado a ser historia. Y te sonreirás, y te acordarás de cuando te dije “no desesperes, créeme, estas tomando la decisión correcta”.
Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Me gustaría poder recordar siempre estos momentos y nunca olvidar que yo también fui ESTUDIANTE, si algún día tengo alumnos poder brindarles las mejores prácticas posibles, ya que esto puede ser un aliento como lo fue para mí en medio de tanto estudio.

Desde temprana edad ya decía que quería estudiar medicina, pero claro esto dejó de ser la típica tontería que va diciendo un niño, cuando empecé a profundizar en biología en el cuerpo humano y comenzó a fascinarme el funcionamiento de este. Por otro lado, también tenía la inquietud de poder ayudar a las personas más desfavorecidas o con problemas, y descubrí que la medicina reunía todo a lo que yo quería dedicar mi vida. Así que llegado el momento de hacer la prescripción para universidad solo puse medicina porque tenía muy claro que esto era lo que quería.

Empezaron las primeras clases, los primeros momentos de estrés, muchas prácticas al microscopio, asignaturas no menos importantes pero quizás no tan atractivas como deseara, así un largo recorrido hasta llegar a sexto curso.

Ahora mirando hacia atrás veo que mi etapa como estudiante ha sido una montaña rusa ha habido momentos de todo tipo, esos momentos desagradables como: cuando te hartas de  estudiar, conoces bien la materia pero la calificación es buenas; prácticas a las que vas con toda la ilusión del mundo y tienes la misma función que un mueble de la consulta, momentos en los que ves que el sistema de organización de prácticas y asignaturas son un caos y siempre los que salimos perjudicados somos los alumnos, etc.

Pero por encima de todo, me quedo con los buenos recuerdos que son los que hacen que merezca la pena luchar y continuar en este maratón con obstáculos. Por ejemplo, amigos con los que compartes conversaciones “superfrikis” con términos que hacen unos años te hubieran parecido chino, amigos que te animan y comparten contigo los momentos de malos. Las primeras historias clínicas, lo bonito que es relacionarte con los pacientes y descubres que puedes llegar a recoger mucha información interesante y acercarte a un diagnóstico dándole sentido a todas horas de estudios, y miles de momentos así que suceden en las prácticas.

Para terminar me gustaría poder recordar siempre estos momentos y nunca olvidar que yo también fui ESTUDIANTE, si algún día tengo alumnos poder brindarles las mejores prácticas posibles, ya que esto puede ser un aliento como lo fue para mí en medio de tanto estudio. Por otro lado, nunca olvidar la esencia que me llevo a este camino, que es el amor a las personas y ayudarlas en todo lo posible.
Alumno de 6º curso del Hospital Universitario de Valme de la Universidad de Sevilla.

Para mí ser médico es una forma de ser, de preocuparte por los demás, de tener una oportunidad de ayudar a otras personas cuando más lo necesitan, de que tus conocimientos puedan serles útiles a alguien.

Después de tantos años de carrera cuesta un esfuerzo poner mirar atrás para recordar que nos ha llevado hasta aquí. La verdad llegado este punto parece que ha quedado olvidado, aunque realidad, cada uno lo lleva interiorizado sus propios motivos, su propio transcurso de años de estudio, o valores que espera alcanzar en la profesión de médico. Y yo ahora estaba contenta de  haber llegado a la parte final, de cumplir una meta, tengo que rememorar no sé ni por dónde empezar.

Aparentemente algunas personas dirán que desde anteriormente a lo que yo recuerdo, pero para mí parte de otro punto más lejano,  parte desde mis quince años, lo tenía más que claro, quería estudiar Medicina.  Lo tenía decidido, es más era el único futuro que veía en mi camino, así que me puse manos a la obra, cambie de instituto, me apunte a clases particulares, y todo para llegar la ansiada nota de corte.

Después de conseguir acabar satisfactoriamente la selectividad, quedaba la época de las inscripciones, y llego final de agosto y aun no tenía respuesta de ninguna de todas las universidades del país, solo enormes listas de espera de suplente numero quinientos. Pero bien con mucha paciencia y algo de suerte entre en una las universidades, que tenía en mente y no muy lejos de mi ciudad.

La verdad no sé si mis motivos una vez finalizada la carrera se parecerán en algo a aquellos que me llevaron hasta aquí. Desde pequeña siempre he  sido muy observadora y he tenido curiosidad por aprender todo aquello que me fuera nuevo o desconocido. Uno de mis dibujos animados preferidos era precisamente ”El cuerpo humano”,  y me doy cuenta de que las cosas no han cambiado mucho desde entonces, me sigue encantando estudiar el funcionamiento del cuerpo humano.

Me gusta porque es una ciencia dinámica, dónde siempre hay nuevas retos, investigaciones y descubrimientos, dónde se trabaja cada día para conseguir avances en el tratamiento y el cuidado de los pacientes, dónde se intenta mejorar en la calidad de vida de las personas.

Para mí, medicina es una carrera de tantas que pude haber escogido, una profesión de tantas, como tantas personas hay en el mundo, y no creo que por muy médicos que todos seamos,  nos comportemos igual en una consulta.

Para mí ser médico es una forma de ser, de preocuparte por los demás, de tener una oportunidad de ayudar a otras personas cuando más lo necesitan, de que tus conocimientos puedan serles útiles a alguien. Es más que tener una memoria de elefante, que es capaz de retener un número indefinido de conceptos y porcentajes. Es ser empático con los demás y saber cómo tratarlos y saber lidiar con sus problemas, como te gustaría que se comportaran contigo.

Para mi esta es la única forma de hacer medicina que se me pasa por la cabeza, y cuando observo otras formas que no se acercan a lo que yo siento que debe de ser, es cuando se convierte en una forma de trabajo como otra cualquiera.

Alumna de 6º curso de Medicina del Hospital Universitario de Valme. Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Los motivos que te llevan a elegir esta carrera son las ganas de ayudar, de ser útil a la sociedad y a los demás, y vivir cada día aliviando el sufrimiento y enfermedades de los otros. Pero todo sería mucho más fácil si siempre tuviésemos estos motivos presentes.

La motivación de un estudiante de Medicina es una auténtica montaña rusa a lo largo de la carrera en la Universidad y supongo que a lo largo de la carrera profesional una vez terminados. 

Los motivos que te llevan a elegir esta carrera son las ganas de ayudar, de ser útil a la sociedad y a los demás, y vivir cada día aliviando el sufrimiento y enfermedades de los otros. Pero todo sería mucho más fácil si siempre tuviésemos estos motivos presentes.

Esa es la teoría, creo que muchos entramos aquí por esas razones o similares, el caso es que a lo largo de los 6 años, esos motivos se olvidan muchas veces y cambian. De la ilusión del recién llegado alumno de Primero se pasa al cansancio del primer ciclo del alumno de Tercero, que vuelve a cargarse de ilusión cuando por fin llega al hospital en Cuarto, pero que poco a poco se va cansando en esta carrera de fondo. 
Lo más importante es sin duda no perder de vista la meta, tener siempre presente aquello que te motivó a entrar, tener claro que si no estuvieras en esta Facultad, no te verías en otras; porque por mucho cansancio y sacrifico que se pase, creo que vale la pena, y por más que muchas prácticas te defrauden por culpa de algunos médicos que no te echen cuenta, los pacientes siempre estarán ahí encantados de que les hagas la historia clínica, porque un rato de charla con los estudiantes a veces les da la vida.

Además, a lo largo de la carrera descubrirás que se pueden hacer las cosas mejor, que se puede mejorar el trato a los estudiantes, que la Medicina se puede enseñar mejor, que se puede motivar más a los futuros médicos para que sean excelentes en su profesión. Esto te motiva aún más a seguir en tu camino, llegar lejos y cambiar lo que no te ha gustado, para que las promociones que vienen detrás puedan disfrutar de una Medicina todavía mejor.

Por eso, después de 6 años, aunque esté cansado de estudiar, si tuviese que volver atrás, volvería a elegir la carrera, porque creo que invertimos 6 años en una carrera que nos va a devolver lo que le hemos dado con creces y porque mi relación con la Medicina no ha hecho más que empezar.
Alumno 6º curso Medicina Hospital Universitario Virgen de Valme. Facultad de Medicina de Sevilla. 2013-2014.

Un médico no nace, sino que se hace. Se hace bajo el deseo de evolución, de luchar contra las enfermedades y los males y en medida de lo posible retrasar la propia muerte.

Nunca he sido muy consciente del camino que me ha traído hasta aquí, pero sin embargo aquí estoy, a punto de terminar uno de los retos más importantes de mi vida.

Digo que estudiar medicina se ha convertido en un reto porque así lo he sentido yo. A pesar de lo que los ajenos pueden pensar, las horas de estudio no son lo peor, como tampoco lo son la sangre, las colostomías o los sondajes vesicales. Lo peor sin duda que me he encontrado a lo largo de este camino ha sido el enfrentarme cara a cara a la muerte, esto que parece un tópico, fue una experiencia que jamás voy a olvidar en mi vida y quiero compartirla:

El primer día de prácticas de patología médica, una asignatura que se imparte en el curso de tercero, subí a la tercera planta de Hospital Virgen Macarena. Me había tocado con uno de los mejores médicos de prácticas según decían y yo no sabía muy bien a qué se referían al decir aquello. Sin embargo pronto lo descubrí: un día pasando planta junto al médico él me advirtió: “esto es tan básico en la formación de un médico como lo es saber los valores normales de una gasometría”. Entré en la habitación y allí contemplé varias enfermeras y como unos familiares lloraban y otros se abrazaban. Al llegar a la paciente permanecí al lado del médico temeroso de lo peor. Sin embargó la paciente vivía, pero no por mucho tiempo más. Comprendí el concepto de limitación del esfuerzo terapéutico que tanto habíamos estudiado en los apuntes. Y allí fue entonces donde vi morir a un paciente al que le había llegado su hora.

He querido contarlo porque el hecho fue algo que me marcó profundamente. Aprendí dos cosas aquel día: que la muerte no es un proceso pasivo en el que el cuerpo muere sin más, sino que lucha por la vida y que no me había equivocado en absoluto en elegir aquella carrera. Ahora creo que un médico no nace, sino que se hace. Se hace bajo el deseo de evolución, de luchar contra las enfermedades y los males y en medida de lo posible retrasar la propia muerte.

Morir es Final, The End, Game Over. Saberlo me da fuerzas para seguir, para intentar hacer feliz en la medida de lo posible a aquellas personas que me necesiten, conocerles, enseñarles, aprender de ellas, socorrerlas, mejorarlas y cuando llegue ese final sentirme orgulloso de lo que soy y he sido.

Alumno de 6º 2013-2014 de la Facultad de Medicina de Sevilla. Hospital Universitario de Valme. 

El buen médico debe de tener trasfondo humano, aquel que no sienta amor por sus enfermos, aquel que no sienta rabia y trate de evitar el sufrimiento ajeno, que no emprenda este camino.

Ahora cuando estoy en lo más alto de esta escarpada escalera que supone la carrera de medicina, es cuando me doy cuenta de que esto es solo el principio.

La inquietud que despierta en mí este mundo no ha hecho sino crecer desde que comencé este viaje hace ahora seis largos años. La medicina es un mundo lleno de pasiones y de interrogantes, es un estudio donde te descubres a ti mismo a la vez que aprendes a comprender a los demás, al mundo que te rodea.

Podría dejar aquí escrito una lista interminable de bondades de la carrera médica, pero en mi opinión aquello que me ha ayudado en especial es la certeza de estudiar una ciencia diferente: aquí no hay nada exacto ni inamovible, todo tiene un sentido y a menudo es oculto. Los seres humanos hemos descubierto universos distantes pero no sabemos nada de nosotros mismos.

La medicina estudia a las personas, no sigue normas, cánones ni ecuaciones. Trata a padres, amigos o hermanos. Es la única disciplina que trabaja por el amor, que lucha por los bienes intangibles: la felicidad, la comprensión, la libertad.

Los estudiantes de medicina somos los estudiantes más atípicos, no solo por el hecho del trabajo diario que te exige esta formación sino porque la medicina no se estudia: se vive. El buen médico es interdisciplinar, debe tener conocimientos ya que de nosotros depende la vida de otros, esto solo se puede conseguir durante los largos días de estudio. Además ha de tener ojo clínico, la única manera de conseguirlo es ir cada mañana al hospital, abrir bien los ojos y la mente, aprender de quien pueda y más infrecuentemente quiera enseñarnos.

Por último el buen médico debe de tener trasfondo humano, aquel que no sienta amor por sus enfermos, aquel que no sienta rabia y trate de evitar el sufrimiento ajeno, que no emprenda este camino.

C.A- Hospital Universitario Virgen de Valme 2008-2014.

Quizás también la confianza que mi médico de cabecera supone para mis padres haya sido la que me empujase.

Si hubiese una imagen que indicase el comienzo de mi empeño por estudiar medicina fue sin duda cuando apenas tenía 12 años. Mi padre me dejó un pequeño libro de cuando él estudiaba en EGB, especialmente el libro de ciencias naturales. Ese libro me fascinaba. Intentaba mirar todos los dibujos que había, pues todas aquellas parrafadas que tenía no podía entenderlas. Durante esa época me gustaba bastante pintar y dibujé así dos ilustraciones del libro: un aparato digestivo completo de un mamífero y la anatomía locomotora de un cuerpo humano.
Desde esa edad hasta un par de años antes de selectividad tampoco me preocupé de nada sobre mi futuro. Quizás, la idea que tenía de la medicina, cuando la vi como una verdadera opción, fue la figura del médico en la sociedad. Es una figura respetada y a la que se le da responsabilidades considerables en la vida de una persona. Aparte de ello, era alguien en el que se podía confiar y contar incluso los temores más íntimos. Quizás también la confianza que mi médico de cabecera supone para mis padres haya sido la que me empujase y afianzase esa idea.
Mis notas  en selectividad para entrar en medicina no quedaron a la altura en mi año y tuve que presentarme hasta tres veces en total para llegar a completar mi meta. El año entero que le dediqué a la selectividad fue un reto para mí, y creo que la idea que me mantenía firme era la que no encontraba nada más que me gustase o me produjera más curiosidad. Al final, logré entrar y comenzó una de las etapas más bonitas que he vivido. Sin duda, el mundo universitario es estupendo, me da lástima terminar de ser estudiante, aunque mis ganas por ejercer la medicina sean muy fuertes.
Sin extenderme más, mis motivos para estudiar medicina no difieren mucho de los que tenía de pequeño. Me gusta la figura que despierta un médico en un paciente, la resolución que supone ante los temores de una persona o la capacidad de poder levantar el ánimo a una persona angustiada por tener que soportar una afección crónica para toda su vida. Pienso que la profesión médica no es fácil y que será un reto importante para mí, quizás también otras de las razones por las que me gusta tanto esta carrera.
Joaquín Yanes Díaz. Facultad de Medicina de Sevilla. Hospital Universitario de Valme. Alumno de 6º del curso 2013-2014.

Mamá quiero cambiarme de carrera. Quiero estudiar medicina.

Mis primeros lazos con esta hermosa palabra empezaron en el armario de los medicamentos, en el baño de mi abuela. Una especie de caja fuerte donde nadie osaba poner sus manos sin su consentimiento explícito. Fue allí donde empecé a preguntarme el por qué de esas burbujas blanquecinas que producía el agua oxigenada al contacto con las heridas de la pierna de mi hermano.
Sí, creo que fue allí donde empezó todo.

Más tarde me salieron granos en la cara y pelos en los huevos, como a todo el mundo supongo. Nunca se me dieron bien los números, y mis dedos, hartos de sumas estúpidas, dan fe de ello.
No creo que la biología y las ciencias me gustasen como tal por aquellos 18 años, pero creo que sí que me interesaban o me atraían más que cualquier otra cosa. Por aquel entonces tocaba escribir tu futuro con un boli “bic”, en unas 3 líneas; pero tu futuro por orden de preferencia, primero tu sueño principal, luego tus frustraciones o sueños secundarios y por último tus fracasos. Podías echar en varias universidades, así que podías tener muchos sueños si querías.

Yo decidí que mi sueño principal era ser médico. Sin embargo me sabía de memoria el cuento de las frustraciones y los fracasos; y los había muy gordos, así que, listo de mí, me dije a mi mismo que no me hiciera ilusiones, que no soñara demasiado no vaya a ser que no pueda conseguirlo… mal plan.

No recuerdo qué día de septiembre de no quiero recordar qué año empecé a estudiar Fisioterapia en Zaragoza con la esperanza más o menos oculta de que la nota de corte “corriera” hasta alcanzar mi sueño.
Nunca lo alcanzó. Y mi sueño seguía encerrado en el armario del baño de mi abuela. Allí había decidido esconderlo, era el sitio perfecto.
Mi plan no había salido como yo esperaba. De hecho aquel cuento de las frustraciones y los fracasos, aquel que me sabía tan bien, lo estaba viviendo en mis propias carnes. ¿Era una puta broma o qué? Yo me sabía aquel cuento de memoria, pero ¡tomé precauciones!: No me había ilusionado, había guardado mi sueño en lugar seguro, donde ni yo pudiera encontrarlo.
Como digo, fue un mal plan. Mi maldito sueño salía a sus anchas del armario cada vez con más frecuencia, así que me cansé y acepté mi cobardía.
- Mamá quiero cambiarme de carrera. Quiero estudiar medicina.
- ¿Qué dices hijo?, espera que no te oigo.
- ¡Mamá! ¡Que quiero estudiar medicina!

Y el 30 de septiembre de 2009 empecé a estudiar esta carrera.
Desde entonces han pasado cinco años. Cinco intensos años. De momento he aprendido muchas cosas, muchos conceptos nuevos, muchas palabras, muchos temas, ideas… muchas horas delante de los libros. Muchas de ellas innecesarias.
Un señor que sabía un montón dijo una vez que estudiar la medicina sin libros es cómo salir a navegar sin mapas, pero estudiarla sin pacientes es cómo no salir a navegar nunca. Y allí es donde me encuentro ahora mismo; dando saltitos en el embarcadero esperando a que alguien me enseñe de verdad que es eso del mar.
La medicina es preciosa. Por suerte esto es lo que sigo pensando tras casi 3 dioptrías de más y unos codos “pelaos” donde el vello desiste ya en volver a nacer en vacaciones.
No pararía de estudiarla y de seguir aprendiendo este arte que en definitiva trata de entender al ser humano, de dar explicación a prácticamente cualquier por qué acerca de quién somos y a dónde vamos, empezando por aquellas burbujitas blanquecinas que salían de las heridas de mi hermano.
Y por si fuera poco ayudas a la gente, ¿qué más se puede pedir?


A un año y poco de acabar la carrera trato de seguir disfrutándola y saboreándola. Aunque tras muchos exámenes, tras muchos trabajos, tras muchas horas de clase noto un cierto sabor amargo en el paladar, no voy a decir que no; es ese regusto a esfuerzo y sacrificio, que en estas últimas etapas voy encajando con una resignación estoica. No te queda otra que madurar deprisa.
También se nota ya ese pequeño matiz salado, esa nostalgia que gusta y duele, que empieza a coger fuerza; aunque son sólo los más veteranos los que la reconocen de verdad.
Pero creo que la esencia de éste nuestro oficio es la dulzura. Es dulce la sonrisa de la anciana a la que ayudas, igual que lo es la tuya cuando te acuestas sabiendo que hoy, alguien ha sonreído gracias a ti. Lo has conseguido. Lo has hecho bien. Puedes dormir tranquilo.
Javier Martínez Castillón. Hospital Universitario Virgen de Vame. Sevilla. 2009-2014.

Es difícil compaginar trabajo y la carrera de Medicina, pero las ganas, ilusión y el largo camino recorrido te ayudan a luchar por todo en esta vida.

A mi principalmente me empezó a gustar este mundo desde pequeño, cuando iba al médico me sorprendía mucho el que me auscultara y ya supiera que medicamento mandarme. Esto me causó siempre mucho interés.

Siendo muy joven abandoné los estudios y empecé a trabajar, luego me llegó el momento del servicio militar, aunque fue el penúltimo remplazo me llamaron al servicio y tuve que ir, una época dura. Pasé nueve meses en los que me dio tiempo a pensar mucho, y durante este tiempo decidí que algún día volvería a estudiar, aunque siempre en algo relacionado con la sanidad pues era mi gran pasión “ayudar al enfermo, o al necesitado”. Tras el servicio militar, volví al pueblo y continué trabajando cuatro años más, hasta que decidí seguir estudiando, pero ya siempre sin dejar de trabajar pues lo necesitaba, la carrera se ha hecho un poco dura, es difícil compaginar trabajo y la carrera de Medicina, pero las ganas, ilusión y el largo camino recorrido te ayudan a luchar por todo en esta vida. Hoy estoy a punto de terminar la carrera, ya en 6º curso de Licenciatura de Medicina y pronto si Dios quiere seré médico y podré ayudar a personas, mi gran pasión. Aunque un poco desencantado con la carrera porque como todo en esta vida hay cosas que gustan y otras que no.

El plan que me tocó estudiar considero que tiene muchas asignaturas de relleno, no sé si es por motivos económicos o por qué, pero creo que esta carrera se debe basar en la clínica y la cirugía y de otras especialidades bajo mi punto de vista con nociones básicas sobra pues si te especializas en ello, ya habrá tiempo de ahondar en dicha especialidad, no quiero hacer mención especial a ninguna asignatura, pero para mí la libre configuración, optativas están de más. Incluso algunas troncales u obligatorias bajo mi punto de vista con nociones básicas 4-5 temas debería sobrar y no 30,40 ó 50 temas como tienen algunas. Si el fin es recaudatorio pues demos 30 ó 40 créditos a las asignaturas esenciales clínica y cirugía y de esos 30 créditos 10 de clase y 20-30 de prácticas en el hospital. Bajo mi punto de vista a ser médico no se aprende sacando un 9 ó un 10 y millones de bibliografías, creo que hay que aprender y llevarlo a la práctica pero como mínimo lo esencial, la práctica te hace maestro y el tener un maestro a tu lado no sólo te enseña sino que te hace aún mejor cada día. No se puede llegar a una puerta de urgencias sabiendo miles de textos sobre patología y no tener contacto con el paciente previamente o este haber sido escaso. El estudiante de medicina en mi opinión personal debe tener más práctica que teoría aunque no poca teoría, si la esencial y no el relleno.

Otro punto que no comparto es que para enseñar no basta con leer un Power Point y pasar las diapositivas a la velocidad de la luz, el estudiante paga para que le enseñen no para que le pongan trabas a la hora de aprobar. Y la clínica se enseña implicándose en el alumno, explicándole tanto en la teoría como en la práctica.

Los docentes que por ello cobran deberían implicarse y preocuparse de si sus alumnos van a la práctica y no olvidarse de ellos o ni siquiera saber si están allí o no, Aunque no todos los docentes son iguales, quiero recalcar esto, hay muchos que sí. Pues en el hospital si no preguntas nadie te va a buscar.
Alumno de 6º curso de Medicina del Hospital Universitario Virgen de Valme.

Cuando comencé esta carrera realmente no sabía el sacrificio que me costaría.

Cuando comencé esta carrera realmente no sabía el sacrificio que me costaría. Han sido seis años duros, aún recuerdo los primeros días de clase, quizás los peores, surgió en mi un sentimiento de inferioridad de ¿Cómo saben tanto? ¿es este mi sitio? ¿me habré equivocado de carrera? Sabia que era lo que me gustaba pero no si era capaz de ello, tras realizar y aprobar mis primeros exámenes esto cambió…me di cuenta de que no era inferior a los demás, solo que todos éramos muy competitivos.

La verdad es que hasta 2º de Bachillerato no tuve claro que quería ser médico, pues siempre pensaba que sería profesora de matemáticas o inglés…pero finalmente sentí que la medicina sería mi profesión. Entre los motivos que me llevaron a querer ser médico puedo señalar la necesidad de sentirme útil, el querer tener un papel activo en la población en la que vivo, la satisfacción que sé que tendré por poder ayudar a otros, la fascinación que siempre me ha dado el cuerpo humano, conocer cómo éste funciona y cómo enferma, el poder razonar sobre la patología, darle importancia…..son muchos los motivos y difícil de resumirlos lo que sí he de señalar es que en los últimos tres años de carrera mis razones e interés de ser médico han incrementado, y eso me gusta porque definitivamente sé que este es mi sitio y que seré algo de lo que estar orgulloso.

No obstante, estos seis años han sido muy duros y de mucho sacrificio, pero también han tenido cosas muy buenas sobre todo a parir de cuarto; los tres primeros años quizás fueron demasiado teóricos pero buenos para tener una base más científica. En cuarto curso supe aprovechar mis prácticas y empecé a tener mis primeros contactos con los pacientes, y muy agradecida a la buena persona y buen profesional que se esforzó por que aprendiera, que supo pararse a enseñarme a explorar, a elaborar y perfeccionar historias clínicas, siempre le estaré agradecida.

Quinto curso fue quizás el más duro junto con tercero. Muchísimo que estudiar sin tiempo para salir, ni poder estar con los amigos, algo que ya empezó a ser habitual desde primero pero más acentuado en este año. Pero al final sobrevivimos y llegamos a sexto….ultimo año, parece mentira pero llegamos….ahí nos espera el examen MIR lo más temido por mi sin duda alguna. Se que he de controlar mis nervios, mi ansiedad, ya que es algo que puede ir en mi contra y hay momentos en los que me supera y no se controlar….He de pensar que ya está cerca la meta, posteriormente empezará una nueva etapa en la que deseo formarme lo mejor posible, aprender todo lo que me sea útil no solo a nivel profesional sino también a nivel personal. Me gustaría ser un  doctor que sepa tratar a sus pacientes, no solo poder diagnosticar y tratar adecuadamente, también saber comunicarme y mantener contacto humano y cercano con mis pacientes, que ellos sientan que no soy alguien extraño ni superior, que puedan contarme sus problemas e incertidumbres, que busquen en mi una ayuda….

Hay muchos sueños que me gustaría cumplir, pero antes de nada he de finalizar esta carrera y acabar lo mejor posible;  posteriormente hay que centrarse en el estudio del MIR, estando ajena a las opiniones de todos aquellos que no nos entienden, que no entienden por qué hemos de estudiar tanto, es algo que lo requiere, no es estudiar por gusto es estudiar por algo y para conseguir un objetivo…..cuando pasen unos años me reiré del mundo y de todas aquellas absurdas opiniones de la gente que no supo entenderme…..
En definitiva, 6 años de mi vida que sé que han merecido la pena, me quedo con todo lo positivo que ha tenido aunque sea imposible olvidar lo negativo.  Seis años de maduración intelectual y personal, que pronto acabarán dando comienzo a una nueva etapa, la cuál debo aprovechar al máximo siempre sabiendo quién soy, quién quiero ser y hasta dónde quiero llegar.
Alumna de 6º de Medicina Hospital de Valme.

Yo era una rebelde sin causa adolescente que quería dedicar su vida a las personas y las injusticias de este mundo.

A meses de acabar la carrera revivo muy a menudo una etapa de mi vida parecida, justo hace ahora seis años. Salía del camino preseleccionado por otros para tomar la primera gran decisión sobre tu futuro: ¿Ir a la facultad? Eso lo tenía claro pero, ¿qué estudiar? Era un gran problema para mí.

Yo era una rebelde sin causa adolescente que quería dedicar su vida a las personas y las injusticias de este mundo por lo que no quería tener que desechar carreras humanistas o políticas. Decidí hacer medicina a última hora, echando la preinscripción porque realmente me gustaba por encima de las demás. En todos estos años la medicina me ha ido apasionando cada vez más y ahora no me vería de otra cosa. Durante cinco años he estudiado medicina y buscado mi causa en los ratos libres.

En estos años he sentido fascinación por el cuerpo humano, por los mecanismos íntimos que lo regulan, por cómo descubrir ese universo completo que hay dentro de cada ser humano. He visto y podido compartir la fascinación del conocimiento vertiginoso, de cómo lo que he estudiado se basa mayoritariamente en descubrimientos recientes, cómo la investigación y el conocimiento en medicina avanza a una velocidad como casi ninguna otra ciencia y he admirado el sudor que subyace en todo esto.

Me ha apasionado por el equilibrio o a veces la tensión que hay en la medicina entre ciencia y arte, entre conocimientos y práctica profesional, entre aplicación de datos y relaciones humanas. También por lo que representa el sistema sanitario en la sociedad, un cosmos valorado por la gente, que resuelve problemas reales, donde trabajar puede ser cualquier cosa menos aburrido, donde los retos aparecen cada día y son por y para las personas en su conjunto. Por la posibilidad de ejercer la medicina con un componente de ayuda a los demás importante. Pese a lo dicho sobre la medicina, la carrera me ha decepcionado bastante y veo que habría muchas cosas que mejorar.

En primer lugar siento que hemos perdido mucho tiempo por falta de organización, por tener que esperar al no haber consultas o quirófanos en las prácticas que nos tocaban, por no encontrar a los médicos o estar estos salientes de guardia, o simplemente por no haber aprendido nada en toda una mañana al nadie haberse parado ni un segundo en ti. Por otro lado veo también  mala organización de la teoría con contenidos repetidos pero dados de manera diferente. Se deberían juntar las médicas y las quirúrgicas de un mismo aparato o sistema. Además el método de clase magistral está obsoleto en mi opinión, y además te hace perder el tiempo en coger y maquetar apuntes. ¿No podrían los profesores dar los apuntes y textos escritos y editados por ellos y dedicar las clases más a casos clínicos, debates, explicación de dudas, etc.? Nosotros podemos estudiarnos esa teoría y luego disponer del profesor para afianzar y aprender esos conocimientos. Se ha visto en 6º que no somos capaces de hacer bien casos clínicos, a meses de ser médicos.

Por último, añadir que este año a última hora, como entonces en el instituto, llega otra gran elección de mi vida: la especialidad. Y con esto, creo haber encontrado mi causa: hacer medicina de familia.

Llevo mucho tiempo oyendo campanas sobre el tema (gran contribución de la ADSP con la que aprendí que hablar de política era hablar de salud) pero este año se ha abierto plenamente ante nosotros la posibilidad real de contribuir a una medicina holística, una medicina que trata todos los aspectos de las personas (integrando la psicología-psiquiatría que tanto me cautivó el año pasado), una medicina social. Basada en la prevención y promoción de la salud, que cuenta con la ciudadanía, es más, la hace partícipe y que abarca no solo al ámbito sanitario. Una manera de hacer medicina que realmente me realice, con las que desarrollar también esas inquietudes que me acompañan desde el instituto en el ámbito profesional. Este año he acabado de entender que preocuparse por la economía es preocuparse por la salud de las personas.

Esa es la cara bonita de la moneda pero por otro lado me asusta mucho esta idea porque esta decisión no es sencilla y tengo algunos miedos.

Miedo a que la medicina de familia sea muy dependiente de los modelos de sistema sanitario y de los gobiernos de turno y que todas las cosas hermosas que he citado en los párrafos anteriores se queden en pura teoría y el trabajo diario sea muy distinto a esa teoría. Quiero decir que otras especialidades son menos dependientes del modelo político-sanitario.

De hecho atando cabos me atrevería a decir que es así de modo intencionado. Porque me pregunto: si está claro que invirtiendo más en atención primaria la medicina es más barata ¿por qué no se hace? ¿Por qué, de hecho, cada vez se le retiran más recursos? Supongo que ahí hay razones políticas y de intereses privados (por ejemplo eso de empoderar a la gente para que participe y sea actora principal de su salud puede que sea demasiado peligroso para el statu quo establecido).

Sin entrar más en las causas, la consecuencias son tener 5 minutos por paciente (con los que ¿qué medicina holística cabe?), no tener tiempo ni recursos para poder llevar a cabo programas de prevención y promoción, y ya ni hablar de la intersectorialidad. Supongo que debes estar alerta y buscar las herramientas para que no te inunde la frustración.

Con todo este recorrido he aquí mi doble causa: por un lado quiero ser una muy buena profesional de atención primaria dando una atención integral (no solo proveer ausencia de enfermedad). Es un reto porque entiendo que para esto hay que formarse en otras parcelas como psicología (la afectividad mueve el mundo).

Y a lo mejor tener que hacerlo por mi cuenta. Por otro lado quiero luchar para que esto pueda ser posible, para que todo esto no quede en los apuntes de 6º de medicina sino que le lleve a la práctica. Luchar por un sistema nacional de salud, basado en la atención primaria, que de la prioridad que necesitan la promoción de la salud y prevención y que capacite a la ciudadanía y profesionales para todo ello. Ser médica de atención primaria me parece el mejor lugar desde donde hacerlo.

En estos 6 años, he aprendido lo importante que es luchar por este sistema sanitario, que no permite o más bien no permitía, que haya diferente asistencia sanitaria para ricos y para pobres.

A cualquier estudiante de último año, o por lo menos, la mayor parte, al que se le pregunte por qué escogió su carrera, hará responsable de esa elección los últimos años de instituto, donde empiezas a saber si eres de letras o de ciencias, y dependiendo de cómo te hicieron de fáciles y bonitas las matemáticas o de interesante la historia o cómo te enseñaron la biología o la química, vas tomando las decisiones sobre el futuro, en muchos casos, sin saber las consecuencias que esa decisión tendrá.

No sé por qué escogí esta carrera. Lo único que tenía claro desde que estaba en bachiller, es que me gustaban las ciencias. Quizás porque tuve una fantástica profesora de biología que nos hizo imaginarnos el genoma como si de un libro de cocina se tratase. ¿Y por qué medicina?, porque no hay nada como mirarse el cuerpo para aprenderse el Grey de anatomía.

Una vez dentro de la carrera, te vas dando cuenta que no todo es tan bonito como lo tenías pensado. Empiezas a ver la competitividad entre compañeros, ves jurásicos catedráticos déspotas que se creen con la libertad y el derecho para hablarte como a un ignorante, sin ningún respeto.

Pero poco a poco, vas subiendo de cursos, y empiezas a rodearte de compañeros con tus mismos intereses e inquietudes, de esos momentos de cervecitas a la salida de clases y exámenes. Y esto hace que todo se haga más llevadero, pues siempre se ha dicho, que el sufrimiento, si se comparte, es menos pesado.
Y así poco a poco, tienes que tomar otra decisión: te gustan las médicas o las de quirúrgicas. Y volvemos a basar esa decisión según cómo de bueno, amable o atento era el internista que te tutorizó, si el “tutor” de cirugía, no quiere alumnos, o por lo contrario lavarte para ayudar en quirófano, lo ve tan fundamental que formas una parte más del equipo desde tu llegada. (Esto último, no pasa tantas veces).

Mientras escribía esta reflexión, pensaba cuáles realmente habían sido mis motivos para querer ser médico y todos mis pensamientos siempre se van a mi madre. Ella es “casi médica” como la llamábamos de pequeñas mi hermana y yo, ya que ella sabía preparar los mejores jarabes mucolíticos para nuestra sinusitis crónica y los mejores “mejunjes” para nuestros dolores de estómago basados en manzanillas y poleo-menta.

Pero sobretodo, gracias a ella he aprendido a apreciar la promoción de la salud y ver lo fundamental que es y lo poco valorada que está en este sistema todavía con tintes biologicistas, que la sitúa en un segundo lugar, por detrás de las especialidades que buscan la curación de la enfermedad, he ver en la participación sanitaria la fórmula ideal para eliminar el paternalismo heredado de los tiempos en el que el médico era uno de los 3 personajes más importantes del pueblo. Ella sin ser médico, en su despacho de trabajadora social del centro de salud, sólo con las palabras, es capaz de aliviar el dolor sin usar escala analgésica.

Y en estos 6 años, he aprendido lo importante que es luchar por este sistema sanitario, que no permite o más bien no permitía, que haya diferente asistencia sanitaria para ricos y para pobres, que no mira el número de cuenta para dar la mejor asistencia posible. Y no hay mejor forma de defenderlo que estar dentro de él. Y eso es lo que me daba ganas de seguir adelante, y ahora, en este último tirón, es lo que le da sentido a estos seis años de incertidumbre, de ir mendigando prácticas por los servicios y de horas y horas de estudio frente a una teoría, algunas veces obsoleta. Y por esto, es por lo que cada vez estoy más convencida de que esta es la profesión que quiero ejercer.
A.A.C. Estudiante de 6º de medicina del Hospital de Valme.

Los que conocen la profesión hablan de una de las carreras más bonitas y gratificantes que se puede realizar

Como muchos de los nuevos estudiantes de medicina, al comenzar, me sentí atraída por el hecho de pensar que con esta profesión podría ayudar a personas en ámbitos por los que sentía una especial inclinación. Sin embargo, con el tiempo esto fue dando paso a un creciente interés completamente centrado en la materia a estudiar en el sentido más literal. Quizás esto se haya debido a las escasas horas dedicadas a prácticas clínicas que, por otro lado, han ido aumentando conforme avanzaban los cursos.

A lo largo de la carrera se nos ha ido haciendo un gran hincapié en la importancia de la relación médico-paciente y la buena comunicación con el enfermo y la familia. Sin embargo, y siendo evidente la necesidad de dicha formación, es imprescindible que sea completada con una práctica clínica prolongada en el tiempo. Práctica clínica que, por motivos de organización o espacio, no siempre se han podido llevar a cabo. Pero de las que sí se realizaron, recordamos a nuestros tutores con agradecimiento y cariño.

En lo que respecta a la residencia, no pasa desapercibido el nerviosismo y ansiedad creciente ante la inminencia de una etapa de nuestra formación de la que sabemos que va a ser, si no de las más duras, la que más. Añadiendo a esto la ausencia de certeza de poder realizar la especialidad deseada y la incertidumbre.

Por otro lado, no es desdeñable la preocupación, al comienzo de nuestra formación ausente, sobre la situación en la que se encuentran actualmente las profesiones sanitarias. La inquietud ante las probables dificultades económicas durante la realización de la residencia o una posible situación de paro posteriormente.

Cabe mencionar en todo esto el miedo que muchos de nosotros tenemos al enfrentamiento con el paciente, y con ello me refiero no sólo al temor a no saber diagnosticar con certeza, hacer un buen diagnóstico diferencial o a realizar las pruebas complementarias más acertadas en cada caso, sino a la aprensión ante el cara a cara con la persona, saber muchas veces lo que nos quiere transmitir y, a nuestra vez, acertar en la forma de dirigirnos a ella. Comunicar malas noticias y saber manejar, en definitiva, situaciones complicadas en cuanto a empatía se refiere. Debe de ser terriblemente complicado conectar con los pacientes de tal forma que consigamos que lo que les estamos diciendo verdaderamente cale en ellos y tenga un efecto. Sobre todo a los que aún se nos nota más jóvenes de lo que realmente somos. Me cuesta creer que un enfermo vaya a tener confianza en una persona a todos ojos inexperta. Esperemos que a lo largo de la formación vayamos adquiriendo conocimiento en estos aspectos además de la seguridad que se requiere.

Por último, decir que a alguno se nos ha pasado la oportunidad de estudiar algún curso en el extranjero, hecho que puede ser sumamente interesante, a pesar de la escasez de destinos en comparación con otras universidades y facultades de medicina. Actualmente en el grado es obligatorio estudiar un nivel de idiomas. Quizás hubiera sido conveniente que en licenciatura se nos exigiera también como formación básica el estudio de otras lenguas.

A pesar de todo esto, los que conocen la profesión hablan de una de las carreras más bonitas y gratificantes que se puede realizar, y el contacto con las personas debe de ser tremendamente enriquecedor. Creo que todos tenemos muchas ganas de aprender, no sólo en materia de medicina estrictamente hablando, sino de esa otra materia que es el contacto con el enfermo.

Alumna de 6º curso del Hospital Universitario Virgen de Valme

La Medicina me da la oportunidad de no mirarme solo a mí, de no mirarla solo a ella, sino de mirar a los demás.

Cuando termine el bachillerato, entre mis opciones había carreras cortitas, me plantee hacer una diplomatura, porque, aunque medicina era la carrera que siempre me había gustado, yo sabía que iba a implicar un gran sacrificio, y no estaba segura de querer meterme en ese embrollo. Me parecía eterna, que no iba a terminar nunca. Estuve a punto de no ponerla como mi primera opción, pero finalmente lo hice, fue como una llamada. Ahora veo que fue un verdadero regalo haberla elegido, a pesar de todo.

La verdad es que si ha habido que sacrificar cosas, sobre todo el tiempo, tiempo para salir, para dormir, para relajarme, ¡hasta a veces para comer! Pero esos pequeños sacrificios en las épocas de exámenes me han enseñado muchas cosas,  he aprendido a tener paciencia, a saber esperar, a tener voluntad, incluso a luchar contra mis impulsos internos, impulsos que me llevaban a levantarme constantemente de la silla mientras estaba estudiando. Sé que todo eso me ha hecho madurar, y me servirá para la vida. Ha habido momentos duros, eso está claro, pero la verdad, se me ha pasado volando, y poco a poco se ha ido confirmando que esto es lo mío, y ¿qué puedo decir?...que ha sido una experiencia única.

Lo que más me alegra, ahora a pocos meses de terminar la carrera, y al ser consciente día tras día de lo que sufren las personas, es ver que la profesión que he elegido va ligada tan plenamente a aliviar un poquito el sufrimiento de la gente, en la medida en la que yo pueda. Y aunque me cueste tanto levantarme por las mañanas, cada día, sabré que tengo la oportunidad de ayudar a algunas personas, con sus nombres y sus apellidos, y espero que esto no deje nunca de ser  el aliciente que me despegue de las sabanas, un día con más ganas, otro día con menos, pero sin perder de vista que me he estoy formando y lo seguiré haciendo en función de un servicio. Y si este servicio me sirve para ganarme la vida, pues, la verdad, no tengo más que pedir.

Y ¿la especialidad? No sé dónde voy a terminar, a que me voy a dedicar, que será de mi vida profesional, pero todo es secundario, porque la felicidad que me pueda aportar la medicina sé que dependerá de la capacidad que tenga de poner amor en lo que hago, este escondida en el quirófano, o en primera línea de batalla, como médico de familia.

Así que, lo único que puedo decir, para concluir ya, es que estoy muy contenta de estar a las puertas de ser médico. Contenta, porque he descubierto que la Medicina es una ciencia preciosa. Contenta, porque la Medicina me da la oportunidad de no mirarme solo a mí, de no mirarla solo a ella, sino de mirar a los demás.
Alumna de 6º curso de Medicina del Hospital Universitario de Valme.

Cuando llegué a tercero y empecé a ver pacientes me di cuenta de que me había metido en un buen lío. Sentía que no había aprendido nada, que no sabía nada y me llevaba algún que otro palo por ello… pero en realidad había aprendido mucho

Nunca tuve un flechazo por la medicina, nunca me interesó demasiado, ni siquiera pensaba a lo que me dedicaría en el futuro. Soñaba con muchas cosas eso sí pero nunca me tomé en serio plantearme qué profesión escogería. Por mi mente pasaron muchas opciones: ingeniería de telecomunicaciones, música, filología… pero siempre por defecto me veía enfocado en algo que se dedicase al estudio de la vida ¿biología quizás? Era mi opción estándar, teniendo en cuenta que me tenía que decidir por algo. Me atraía mucho el estudio de la vida, de cualquier forma de vida: mamíferos, reptiles, peces, bacterias, nanobios incluso exobiología… pero en definitiva,  aunque me atraía, no me quería etiquetar. Lo veía demasiado precipitado pero no quedaba otra opción, a los 17 años tenía que decidirme por aquello a lo que me dedicaría el resto de mi vida. Y claro, uno saca una buena nota en selectividad y comienzan las dudas ¿escojo biología?

Sin embargo, lo que uno estudie en la carrera no va a marcar el grado de conocimientos que uno quiera abarcar para toda la vida, tengo todo el tiempo por delante para estudiar biología, para dedicarme a aprender idiomas, algo que me apasiona o para aprender a programar. Y uno tiene que marcar la diferencia entre profesión y afición. Tal vez por marcar esa diferencia la medicina desbancó a la biología hasta el punto de que un día precipitadamente decidí no complicarme más la vida y puse medicina en Sevilla como una única opción.

¿Y qué me aportaba la medicina como para dar ese cambio tan radical? ¿Qué me aportaba una opción que nunca había considerado seriamente? Pues no sólo estabilidad, también ese conocimiento por la vida pero sobre todo algo muy importante, la satisfacción de sentir que estás ayudando a alguien. Esto último es para mí lo que significa la vocación, ese concepto etéreo que nunca me ha gustado usar, porque para mí no existe la vocación de ser médico, existe la vocación de querer ayudar a los demás. Hay muchas formas de ayudar a los demás y la medicina es una de ellas.

Así que me enfrasqué en esta aventurilla sin saber muy bien lo que estaba haciendo. De hecho no me gustaba tanto, estudiaba e intentaba aprobarlo todo por inercia, como siempre había hecho, pero sabía que a la semana de haber hecho x examen casi no me iba a acordar de nada…  y no me importaba. No sabía muy bien lo que estaba haciendo. La culpa es principalmente mía claro está pero como muchos señalamos también tiene parte de su culpa el sistema académico, no te incentivan a estudiar todos los días, sólo a estudiar para aprobar exámenes. Por eso cuando llegué a tercero y empecé a ver pacientes me di cuenta de que me había metido en un buen lío. Sentía que no había aprendido nada, que no sabía nada y me llevaba algún que otro palo por ello… pero en realidad había aprendido mucho, sólo que no me daba cuenta. De repente me vi ante una cantidad tan masiva de información que parecía tanto y tan poco al mismo tiempo. Unos días creías controlarlo todo, otros días te sentías completamente inútil. Y empezaron las dudas ¿he hecho bien en meterme en medicina? Tus amigos te empezaban a hacer preguntas que tú no sabías responder, empezaban a confiar en ti, a contarte sus problemas… y sin embargo yo me veía más tiempo dedicándole a otras cosas que a mi propia carrera. Incluso en 4º me veía aún muy lejos de ser médico, no me lo tomaba en serio, no había perdido las malas costumbres. A uno incluso se le pasa por mente la idea de abandonar. Pero en definitiva pocos son los que abandonan, sobre todo cuando ves que en un abrir y cerrar de ojos te encuentras ya al final de la carrera y la presión de tener casi la marca de “soy médico, te puedo ayudar” rotulada en la frente.

Y al final a uno le gusta ese desafío, cuando ves que por arte de magia, cuando creías que no sabías nada, te das cuenta de que sabes un poco más de nada y puedes responder cosas y la sensación de haber resuelto dudas, de comprender qué le puede estar pasando a una persona e incluso de ayudar a alguien con lo poco que sabes engancha. Y así fue como empecé a tomarme más en serio la carrera, a estudiar por gusto incluso leyéndome el Harrison cuando no había ningún examen de por medio.” Lástima que no le haya dedicado más tiempo a la carrera”, terminé pensando como terminé diciendo, y con convicción algo que jamás pensé que diría: “no hay nada más bonito que la medicina”.

Así que al final lo que ha hecho que no me arrepienta de haber escogido esta “etiqueta” no han sido los libros ni han sido las clases, han sido las personas, lo agradecida que se muestra una persona que pide tu ayuda, que confía en ti y a la que terminas ayudando, algo que hasta ahora he vivido casi exclusivamente de forma indirecta pero que dentro de muy poco, espero, viviré plenamente en primera persona.
Alumno de 6º de Medicina. Hospital Universitario de Valme.

Entré hace seis años con esa única idea de conocer el cerebro y su papel en el organismo y en nuestra personalidad; eso con respecto a lo puramente médico, pero con respecto a lo personal, nunca imaginé lo importante que sería este ciclo de seis años.

Entré en la Facultad de Medicina hace seis años, con la única idea de que allí conocería con gran profundidad el cuerpo humano, sus procesos fisiológicos y patológicos, sus mecanismos de defensa, de desarrollo… y sobre todo neurológicos, algo que siempre me interesó.

Como digo, lo que más me llamaba la atención era la posibilidad de conocer el funcionamiento nervioso, las conexiones neuronales y cómo todo ello influye en la manera de pensar y sentir, en la manera de actuar al fin y al cabo.

Eso era hace seis años. Durante este tiempo he visto cosas increíbles que para nada esperaba y eso ha hecho plantearme que quizás pudiera dedicarme a otras cosas interesantes en el mundo de la Medicina.

Y ahora que llega el momento de la verdad y de elegir una opción, no tengo nada claro, ni siquiera si decantarme por una especialidad médica o una quirúrgica.

Entré hace seis años con esa única idea de conocer el cerebro y su papel en el organismo y en nuestra personalidad; eso con respecto a lo puramente médico, pero con respecto a lo personal, nunca imaginé lo importante que sería este ciclo de seis años.

Ingresas en la Universidad de Sevilla procedente del colegio con 17 años, siendo en realidad un crío y sin tener las herramientas para saber realmente lo que puedes encontrarte, ni a quién, ni qué vivencias experimentarás en ese tiempo, ni cómo influirán en ti. Y durante toda esta etapa de la vida compartirás mucho tiempo con gente a la que aprecias más, o menos, pero sobre todo con algunas personas, pocas, que esas sí perdurarán en el tiempo y se hacen importantes en el propio desarrollo personal.

Y al mismo tiempo que todo eso, se va progresivamente adquiriendo conocimientos que incorporas directamente, y muchas veces inconscientemente a tu vida diaria. Me refiero a hábitos saludables.

En mi caso concreto además disfruté el año pasado de una Seneca en la Universidad de Alcalá de Henares, a la que esta adscrito el Hospital Ramón y Cajal, por lo que amplié conocimientos al desenvolverme en otro hospital, con unas prácticas de mejor calidad en mi opinión; y no solo eso, sino que tuve la posibilidad de conocer a fondo una ciudad como Madrid, sus costumbres y su gente.

Con todo esto quiero decir que el paso por la Facultad de Medicina de Sevilla no es solamente un lapso de tiempo en el que estudias, apruebas y recibes un título, sino el “trampolín” que te enfrenta a la vida real, donde verdaderamente deberás encarar problemas realmente serios y donde deberás tomar decisiones de las cuales dependen vidas ajenas. Y todo ello, tanto los conocimiento médicos concretos como el desarrollo personal de cada uno al adquirir habilidades de empatía y comunicación, es lo que nos llevamos de esta etapa de la vida y en ese sentido parece que he cumplido con los objetivos.

Durante estos seis años sí has recibido herramientas, aunque sobre todo teóricas, para desenvolverte en un hospital (aunque con prácticas mejor organizadas y más amenas quizá las herramientas serían mejores) y más que para eso, para decidir a qué especialidad enfrentarte en la próxima etapa de nuestra preparación. Es decir, equiparo la elección que debemos realizar dentro de unos meses, a la que ya hicimos en 2007.

De esa decisión dependerá nuestra vida laboral, por supuesto, pero más importante aún, la personal. Como todo, cuando uno ya empieza a dominar algo, termina, y abre la puerta para dar el siguiente paso donde todo es nuevo, y somos otra vez los que empiezan desde abajo, los inexpertos.
Alumno de 6º curso de Medicina.

Fue a los 15-16 años, cuando comencé a sentir curiosidad por la combinación ciencia-humanidad, que en definitiva es lo que considero a la Medicina.

A cuatro meses de acabar la carrera, reflexionar sobre las razones que me llevaron a este punto es, cuanto menos, complicado. He de decir que, a diferencia de algunos, mi vocación no viene desde enano. Más bien fue a los 15-16 años, cuando comencé a sentir curiosidad por la combinación ciencia-humanidad, que en definitiva es lo que considero a la Medicina. A medida que me informaba, más claro iba teniendo que ese debía ser mi camino. Lo cierto es que mi relación con ella no comenzó de la mejor manera posible y es que ser el número 317 en la lista de espera para acceder a la carrera no era muy alentador. Sin embargo, yo estaba dispuesto a irme a cualquier rincón de España o incluso comenzar años más tarde pues me negaba a tirar la toalla tan pronto ya que no me veía dedicándome a otra cosa el resto de mi vida. Finalmente nada de eso hizo falta, un 11 de septiembre llegó un mensaje que me abría las puertas a mi esperado destino.

Una vez dentro de la carrera te das cuenta de lo amplio y complicado que es el concepto “vocación”, cualidad necesaria para ejercer esta profesión. Cada uno tiene una visión, una percepción, un modo de pensar diferente sobre la Medicina. El mío ha ido cambiando a lo largo de los seis años.

Comencé dándole más importancia a la vertiente científica que a la humanística, a creer que la ciencia lo podría casi todo y que la relación médico-paciente simplemente era algo más dentro de este mundo. Sin embargo, una experiencia cercana en la que, según los médicos la ciencia poco podía hacer, hizo darme cuenta de lo que era capaz la fuerza mental, la necesidad de apoyo psicológico y la enorme influencia de unas palabras adecuadas sobre el estado de salud de alguien. Fue entonces cuando una especie de temor que disfrazaba la responsabilidad de mi futura profesión me inundó por completo, ¿eso era lo que yo tenía que hacer? ¿sería capaz de hacerlo? ¿lo haría bien? De repente, fui verdaderamente consciente del compromiso que iba a tener con la sociedad. A decir verdad, ese miedo no duró mucho. Siempre me he considerado una persona con confianza y madurez suficiente y, si era lo que yo quería hacer, ¿por qué no iba a conseguirlo? Este pensamiento se reafirmó durante las prácticas clínicas en las que cada vez iba sintiéndome más seguro. La relación médico-paciente pasó de ser algo más a ser el núcleo central de mi percepción sobre la enfermedad. Es entonces cuando la llamada de la Medicina caló completamente en mi, pero no del mismo modo que unos años atrás. Ahora mi concepción era más amplia, más completa, más real.

Si bien es cierto que no todo han sido momentos buenos, pues cuando comienzas a entrar en el hospital también te das cuenta de lo que es capaz de hacer la Medicina sobre algunos profesionales: degradarlos. Este es mi miedo ahora ¿será capaz este trabajo de destruirme profesionalmente? La verdad es que aún no se cómo intentar evitarlo ya que dentro de treinta años me gustaría mantener la ilusión que tengo hoy, incluso se me hace difícil verme de otra forma, pero ¿por qué algunos no la tienen? ¿hay algo aún que no sabemos? Aunque estas preguntas ya me las he planteado en varias ocasiones, intento vivir al día, no desmotivarme y fijarme en aquellos profesionales que después de toda una vida dedicada a la Medicina, serían capaces de dedicarle otra completa. Esos son los verdaderos médicos, mis verdaderos profesores, mis ejemplos a seguir.

Mirando al futuro, el siguiente paso es esperar la próxima llamada: la especialidad. Aunque está casi decidida, estoy seguro de que la iré descubriendo una vez haya accedido, como me ocurrió con la propia Medicina. Pero ahora lo único que quiero es avanzar, cerrar una etapa y comenzar otra en la que me sienta verdaderamente útil. Estoy preparado.
Alumno 6º Medicina HUV Valme. Febrero 2013

Lo difícil que resulta responderse uno mismo a la pregunta de por qué estudias medicina, cuando en tu cabeza es algo que no te has planteado, a lo que no has encontrado alternativa.

Parece sorprendente lo difícil que resulta responderse uno mismo a la pregunta de por qué estudias medicina, cuando en tu cabeza es algo que no te has planteado, a lo que no has encontrado alternativa. Podría decir que es algo “que se siente”.

A diferencia de otros muchos de mis compañeros, no tengo memoria de querer ser médico desde pequeña como sueño de mi vida. Sin embargo sí recuerdo que me maravillaba que hubiera gente capaz de curar a los demás, como si de algo mágico se tratara.  Así que finalmente, cuando llegó la hora de la elección del bachiller, fue cuando me decanté por esta carrera, porque yo también quería tener ese “poder mágico”. Además de porque me gustaba la idea de trabajar tratando con personas el resto de mi vida.

Al comienzo yo no estuve desencantada como cuentan otros compañeros, simplemente iba con la idea de que iba a tener que estudiar muchísimo, y comprendía que hubiese que estudiar cosas que no nos gustaran o que no fueran lo que esperáramos, para ser capaces de lograr aprender el resto más tarde.

Lo que jamás pensé, y que sin duda he descubierto en la carrera haciendo prácticas, es que me emocionaría tanto al ver que estás recuperando la salud de una persona desesperada por su situación. Es indescriptible la sensación de paz, felicidad y orgullo que se siente cuando ves que una familia confía plenamente en ti hasta el punto de sentirse en “tus manos”. Obviamente no he sentido esa sensación por mí misma, pero sí cuando esa era la actitud que veía por parte de los pacientes con el médico con el que estuviera haciendo las prácticas. Nunca imaginé que aprendería tanto de las personas, que conocería a gente tan variada con problemas y concepción de los mismos tan diferentes según las circunstancias de cada uno.

Por supuesto esto es lo que me ha motivado más en estos 6 años. Y lo que he utilizado para seguir y animarme en los momentos duros de la carrera por los que supongo que todos pasamos, cuando ves que te falta motivación, cuando te entran las dudas, y cuando más de un pésimo profesor día tras día, apoyándose en un Powerpoint aún con fecha del 2002 sin modificar desde entonces, parece que se esfuerza porque estar en su clase sea un suplicio. Evocar esos sentimientos y colocarlos en mi “Norte” ha sido mi mayor impulso en estos seis años.

También sabía que tomar la decisión que tomé supondría un reto, lo cual también me estimulaba.

Un reto por estar a la altura del resto de tus compañeros, muchos tan brillantes que no tienes más remedio que admirarlos.

Un reto por superarte cada día, por no cerrar tu mente a nada, por desechar todo tipo de prejuicios, por tener siempre tu mejor cara y mejor disposición para todos y cada uno de los pacientes que entran independientemente de la simpatía que te provoquen.

Un reto porque a medida que vas aprendiendo cosas eres más consciente de la magnitud de tu ignorancia.

Creo que todo esto te mantiene vivo, activo y hace que tus metas estén en continua evolución.

Por todo esto creo que mi decisión fue la acertada, porque no creo que nada pueda aportarme más satisfacción que la de ser un buen médico en el futuro. Y por eso animo a cada persona que comparta este sentimiento a no dejarse desilusionar por asignaturas poco interesantes, por ciertos profesores nada comprometidos, y por unas prácticas en las que a veces resultas ser solo un estorbo.

Animo a que cada persona busque sus “refuerzos positivos” que le hagan no perder la pasión que le hará alcanzar su máximo potencial. Y esto no es solo aplicable a medicina. En mi caso y supongo que en el caso de muchos de mis compañeros, hay algo que aunque refleje el tópico de “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” me ha acompañado durante estos 6 años: ver cómo un diagnóstico ha ensombrecido la vida de muchos de nuestros conocidos y reforzarme aún más en mi decisión de que estudio esto para ser feliz yo, pero también para que lo sean los demás. Y no hay nada más valioso que puedas otorgarles que salud, cuidados y apoyo a cada una de las personas que en su estado más vulnerable acuden a ti con la esperanza de que les devuelvas lo que es suyo.

Alumna del Hospital de Valme. 6º Medicina

Una carrera de Fondo

En estos momentos, a punto de acabar la carrera, viendo ya la esperada meta, y los nuevos proyectos futuros que nos esperan a todos los que vamos a finalizar, se  me vienen a la cabeza un montón de razones por las que me planteé estudiar medicina.  La primera de ellas es porque es una carrera muy bonita, completa y muy interesante, con un montón de campos por los que indagar e investigar y la segunda porque creo que iba a sentir muy realizada ejerciendo esta profesión. Pero a la  vez, mi experiencia, no ha sido siempre un camino de rosas, ya que la carrera requiere mucho sacrificio, esfuerzo  y bastantes horas de dedicación, para conseguir los objetivos marcados; pero ahora que todo finaliza, siento que todo esto ha merecido la pena, sobre todo al pensar en la nueva etapa que nos espera, llena de ilusiones y nuevos objetivos.

La mayoría de las personas  rememoran sus épocas de estudiantes como una etapa de sus vidas llenas de diversión y de idas y venidas,  mientras que yo creo que la recordaré, rodeada de “tochos” de libros, apuntes, clases, prácticas, seminarios, bibliotecas y salas de estudio,  constantemente inmersos en una fiesta paralela: la fiesta del conocimiento.  Pero no quiero agobiar a nadie,  siempre no ha sido así, también se puede disponer de tiempo libre, el cual  hay que  disfrutar al máximo, aunque los remordimientos siempre quedan; como pensamientos, que vienen a la cabeza del tipo: “qué hago yo aquí con todo lo que tengo que estudiar”, pero tenemos que desconectar. Hay que tener vida social, salir con amigos, salir de viaje, es fundamental para poder aguantar la dureza del estudio.

Muchas veces, hay que  aguantar  el tirón de oír las típicas frasecitas: “deja de estudiar ya, no creo que sea para tanto lo que tienes que estudiar, estás loca como te metiste en esa carrera tan larga, vas a estar toda la vida estudiando, qué aburrida eres” etc. Son frases que durante la carrera no dejas de escuchar, y la verdad que agobian y queman, pero como todo pasa; mientras que ahora  que nuestra andadura por la licenciatura va concluyendo, las frases van cambiando, ahora, escuchas, “qué bien que ya vayas acabar, eres una campeona, no me creo que ya vayas a terminar, si parece que empezaste ayer pero bueno a la gente no hay quién la entienda.

Por todo esto, cada uno tiene que intentar cumplir sus sueños y seguir adelante con lo que deseé hacer, en mi caso la Medicina era uno de mis sueños, pero el camino a recorrer no era nada fácil; muchas veces ni las prácticas, ni las clases son las que habías soñado, ni las horas dedicadas son muchas veces recompensadas pero hay que seguir  y luchar por lo que uno quiere,  al final todo tiene una merecida  recompensa.
En mi caso en particular, creo que mi vocación por la Medicina me viene desde muy temprano, desde que era muy pequeña ya que me dedicaba muchas veces a jugar haciendo recetas artesanales y  a darles consejos a los niños sobre que tenían que tomar para curarse; es gracioso recordar esa época.  Mi madre muchas veces  me enseña una carpetilla, con las recetas que hacía y  me decía: no, ¡si ya apuntabas maneras de chica!

Puedo decir que la Medicina engancha, te haces a la vida rutinaria de estudiar, y parece que cuando no llevas esa rutina, sientes que te falta algo, pero como he dicho antes, tienes que desconectar un poco,  porque si no te puedes ” volver loco”, la vida de un estudiantes de medicina, no es solo estudiar, hay que saber organizarse, tener un horario más o menos fijado,  pero siempre salir a desconectar, a respirar aire fresco y salir a la calle, por lo menos a mí me funciona. Necesitamos descansar, planear actividades que te motiven, y que te hagan disfrutar, y te den fuerzas para seguir estudiando.

Para ir concluyendo esta redacción, me queda decir, que a todo el mundo que le guste la Medicina, el contacto con la gente, que no le importe  estudiar (ya que es duro), sobre todo al principio, donde las asignaturas no son muy motivadoras y parece que te has confundido de carrera, comentar que  conforme pasan los años, todo cada vez es más bonito y por ello, animo a quien le guste que siga adelante y que nunca hay  que decaer ni desanimarse; de todo se aprende siempre hay  que sacar el lado bueno de las cosas y de ellas elaborar experiencias enriquecedoras que nos hagan ser mejores personas.

En definitiva: pensad, que mientras más difícil sea el objetivo a alcanzar, más orgullosos estaréis y  a la vez que la recompensa será mayor.

Alumna de 6º curso del Hospital Universitario Virgen de Valme.

¿Por qué decidí estudiar medicina?

Después de tantos años en el mismo colegio, con los mismos compañeros,  sin tener que tomar ninguna decisión, llegaba uno de los momentos más importantes, ¿qué carrera elegir?, ¿a qué quiero dedicarme el resto de mi vida?

En mi caso, Medicina no fue la primera elección, ni tan siquiera aparecía en mi inscripción, me matriculé en A.D.E, he hice el primer curso pensando que sería más sencillo y no tan sacrificado, con menos responsabilidades en el futuro y viviría más tranquila la vida universitaria.
Conforme pasaban los meses no me sentía identificada con la carrera, no le veía ninguna motivación.
Viendo a una amiga estudiar medicina se despertaba en mí la curiosidad y “el gusanillo” que llevaba dentro pero me daba miedo sacar, hasta que llegó el día en el que tomé la decisión de cambiarme y superar ese miedo que me daba el estudiar esta carrera debido a la gran responsabilidad que suponía.

 Una vez entras en la facultad, el primer año es todo emoción, querer aprender, hacer prácticas, ver cosas que otras personas no pueden ver, como por ejemplo en las prácticas de anatomía; pero a medida que pasaban los años veía que cada vez los apuntes eran más y más, miles de términos nuevos, listas infinitas de síntomas ,signos, diagnósticos, tratamientos…y me preguntaba: ¿qué hago yo aquí?, ¡esto es imposible!, ¡voy a ser una mala médico! y varias veces me planteaba el abandonar, pero aguantas, porque a pesar de todo vas aprendiendo cosas nuevas que te intrigan, y quieres saber más y más, comienzas a ver las especialidades, prácticas en el hospital y todo parece tener algo de sentido;  y sin darme cuenta ha llegado sexto, a meses de comenzar el MIR y prepararme para ser realmente médico.
Es ahora cuando siento más miedo y vértigo que nunca, llegó el momento de la verdad, se acabaron los días de ir detrás de los médicos por el hospital, correteando por entrar en alguna consulta para poder conseguir las tan deseadas firmas de las prácticas, ahora somos nosotros los que estaremos en primera línea.

Al mirar atrás, y a pesar de haber tenido momentos de dudas, no me arrepiento de la decisión que tomé pese a lo difícil y duro que han sido estos años, pero no veo dedicándome a otra cosa que no sea la medicina.

Aún me queda mucho por aprender, más bien diría que todo, porque hasta ahora mismo nada más que sabemos memorizar para aprobar los exámenes e ir superando los cursos. Es, en estos próximos años cuando realmente aprenderemos a aplicar todo lo aprendido y a saber de medicina.
Ese miedo e inseguridad con el que empecé aún sigue ya que es una gran responsabilidad y todavía no me siento formada para todo lo que supone ser médico, pero sin duda puedo decir que he elegido bien e intentaré ser la mejor médico que pueda llegar a ser.

Belén Muñoz Torres. 6º Medicina. HUVV.

Ensayo de un estudiante de sexto de Medicina

Apenas falta un suspiro para llegar al final de mi etapa Universitaria y me hacen una pregunta: ¿ Por qué quieres ser médico? Para tal pregunta necesitamos de una reflexión, que entiendo, que ya en mis primeros años de adolescencia la medité ( si es que en la adolescencia se puede meditar) y ahora cuando ya me siento “casi” un adulto tendría que saber responder sin vacilar.

Pero hoy, aquí sentado en mi escritorio rodeado por todos mis enseres de papelería, mis libros y apuntes de medicina, que han compartido conmigo tantos días de estudios, reflexiones y litros de tila… vuelvo a sentarme para escribir un ensayo de ¿ Por qué quiero ser médico?.

Dije que en mi adolescencia, etapa crucial en las que nos hacen elegir nuestro futuro, ya tuve que meditar el porqué de mi elección como estudiante de Medicina.
Pero creo que mucho antes, ya en mis primeros años de infancia se empezó a echar las raíces con una semilla que no sé bien de dónde salió, cómo llegó y quién la plantó.

He tratado de buscar siempre el origen de la semilla para explicar el porqué de esta vocación, para mí más que profesión. Creo casi con seguridad que la semilla de este árbol ( Medicina) nació con una experiencia vivida en los años infantiles donde mi madre enferma. En estas circunstancias, un niño de cinco o seis años vivió unos momentos de impotencia; pero algo surgió, que siendo adulto está borrado de mis pensamientos (dicen que el tiempo cicatriza las heridas) , pero en aquel niño nació algo, tal vez la semilla que anduve buscando para entender lo que ahora quiero llegar ser. Esas ganas de querer curar a tu madre, eso sin embargo, aún no se ha olvidado ni borrado.

Para muchos un hecho como el relatado puede parecer una anécdota, no para mí que estoy convencido que estas experiencias pueden cargar positivamente y si se  trata de un niño, mucho más ya que pueden dejar “huellas” profundas a la hora de una elección posterior.  Pues parafraseando, todo no tiene que ser genético, por bacterias, por virus, a veces, las experiencias vividas positivas o negativas también cambian el curso de una vida. Las etapas entre mi niñez y la adolescencia es la que llamo de cuidados de riego y abono de mi futura vocación. Allí se realizaban las mismas respuestas: “ Yo médico…” a las siempre preguntas de tus más o menos conocidos: ¿ Qué quieres ser de mayor?...

Cuando llegué a mi adolescencia cuando ya no tienes más remedio que elegir tu futuro, ya estaba bien cimentadas las raíces y bien arraigada para saber cuál sería tu futuro más cercano. Me gustaba la Medicina porque empezaba a tener unos conocimientos basados en los temas científicos,  además te gustaba curar, ayudar a personas…en definitiva todo era más reflexivo.

Pero llegando al final, o mejor al principio de nuestra verdadera vocación; ¡ Tenemos el árbol! Está el árbol joven, vigoroso y sus raíces muy fuertes y bien asentadas. Ahora toca mimarlo, seguir cuidándolo… y eso es la intención de todos, seguir creciendo con mi  vocación de  médico.

 Después de tantos años de estudios, tantas malas noches, tan poca vida social…todo ha valido; porque ahora, me siento realizado como persona.

Adrián Sánchez  Vegas. Curso: 2012/13

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