Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Por qué estudiar medicina: Harrison significa Hard-Reasons

A pocos meses de terminar la carrera los argumentos, con que pude comenzar esta aventura hace seis años, han sido ya refutados en su inmensa mayoría. Quise ser médico para poder ayudar y curar a las personas, además de ejercer la gran responsabilidad que esta profesión tiene de cara a la sociedad. Estos al menos eran mis planteamientos racionales. Los únicos que han perdurado íntegros y no han sido refutados se hallan en los párrafos finales.

No es que hoy día considere erróneos esos planteamientos, sino que son profundamente matizables. Tomemos los dos principales, ayudar y curar. Siendo sincero, considero que la medicina no cura prácticamente a nadie. Dicho así parece una locura, porque fruto de la intervención médica el paciente presumiblemente mejorará o incluso se curará. La pregunta es, ¿puede atribuirse el médico tal mérito? ¿Actúa a modo de hechicero que ofrece una poción mágica con la que combate el mal del paciente? No me parece que esto sea así. De entrada, si la persona no desea en el fondo curarse y no pone de su parte, poco podrá hacer el sanitario que la atienda e incluso aparecerá otro problema, porque a una persona que no desea ayudarse a sí misma solo le falta sentirse culpable por no hacerse caso del médico. El que contribuye definitivamente en la curación es el propio paciente. Lo hará su organismo con mayor o menor ayuda, más o menos rápido y quizá deberíamos asumir que el médico tan solo es un intermediario en todo este proceso. Esto que parece una perogrullada, por ser notoriamente sabido, lo es tanto como que el sol sale de paseo todos los días por el cielo. Sin embargo, dependiendo del punto de referencia que consideremos, la realidad podría ser que la Tierra gira alrededor del Sol o que es este el que gira alrededor de la Tierra. Que le pregunten a Galileo Galilei y a la Inquisición si este matiz reviste de importancia… De modo que una de las pocas cosas que he hecho hasta ahora que quizá haya podido salvar alguna vida la puede hacer cualquiera que no sea médico: donar sangre. Lo tengo claro. Si lo que se pretende es salvar vidas este simple gesto, regalar un poco de tu sangre, puede ser una manera más directa y generosa de lograrlo que cualquier otra.

La salud debe centrarse en las propias personas y el sistema sanitario tiene un papel secundario. La medicina actual parece sin embargo orientada justamente en sentido opuesto: que el individuo pierda cada vez más autonomía, capacidad de decisión y actuación sobre su salud y que toda su responsabilidad sea transferida al sistema sanitario. Y encima, teniendo en cuenta que el estilo de vida es el factor más importante… ¡Coca-Cola, Nestlé, McDonald´s, Marlboro, Baileys, etc. tienen mayor influencia sobre la salud que los médicos! Por otra parte, hace seis años sabía de algunas farmacéuticas que no eran precisamente “altruistas” (¿Bayer, recuerdas tu pasado en IG Farben?), y ahora no sé cuál de ellas puede tener una motivación distinta de la rentabilidad y el beneficio económico. Si con quince años mi sueño era dedicarme a la investigación en el campo de la neurociencia, ahora esa ambición queda precisamente en eso, una ensoñación. ¿Cómo puedo hoy día pensar en una investigación independiente de los intereses económicos, particularmente de las farmacéuticas? Gracias a sus prácticas empresariales en las últimas décadas, a la formación que ofrecen a los médicos y principalmente al empeño, el gran empeño que ponen en cronificar enfermedades como la diabetes, el SIDA y poco a poco el cáncer, estamos asistiendo a una época en la que los profesionales del sector sanitario tienen la sensación de que la situación se les está escapando de las manos. El papel de estas grandes compañías, conjuntamente con la permisividad gubernamental y de los propios sanitarios, constituye a mi modo de ver un buen ejemplo de pastoreo del rebaño por parte de los lobos. Y en cuanto al papel del médico en todo esto, como escribe el filósofo hindú J. Krishnamurti, el ser humano tiene la extraña tendencia de tratar de solucionar un problema precisamente con aquello que lo ocasionó. Si cierta persona desarrolla una patología a raíz de una intoxicación (debida al tabaco y/o alcohol, a un consumo excesivo de grasas y/o glúcidos y/o sofá, a un exceso de cortisol y adrenalina en la ansiedad y el estrés crónicos, etc.) la solución pasa por prescribir más “tóxicos” (hipolipemiantes, hipoglucemiantes, ansiolíticos…) muchas veces sin acompañarse de medidas verdaderamente efectivas para eliminar las causas subyacentes. El sanitario tiene cada vez más la sensación de que es la sustancia que prescribe a modo de remedio mágico, y no su propia intervención, la que finalmente ayude al paciente. Parece que el proceso que describía en el caso de las personas en relación a su salud tiene su eco en el médico. Curioso. ¿Me arrepiento de haber escogido esta profesión? Por supuesto mi respuesta es no. Que no desee centrar mi vida en la investigación y ni siquiera considere fundamental en tantos casos el papel del médico, me deja con lo que más me satisface de este campo. A nivel intelectual integra el conocimiento científico, psicológico, antropológico y sociológico, por lo que me fascina y cautiva incluso más que la astronomía o la física cuántica (porque todavía no he visto a ningún hadrón rubito con fenilcetonuria ni tengo el placer de conocer el encanto de los quarks). Desde niño he alzado la mirada hacia el Universo en toda su inmensidad y aún consigue arrancarme el aliento la visión del cielo nocturno. Años más tarde volví a fijarme en el infinito, esta vez de lo pequeño. Y hoy día percibo que es justamente aquello más cercano lo que más me fascina: el ser humano, una simbiosis entre esas dos realidades extremas que resulta, a su vez, un ser bellamente imperfecto, con todos sus problemas y dilemas inabarcables por un lado y aquellos percances del quehacer diario por otro. Siento que mi devoción por el ser humano se basa en el respeto y reconocimiento de todas sus debilidades, con una visión realista y no idealizada del mismo. Y sí, me he criado entre libros de medicina, algunos de los cuales están pintarrajeados (pobrecillos) por aquel niño que no se atrevió a ponerle la mano encima al Harrison, al sentir un enorme respeto casi espiritual hacia sus finísimas e innumerables páginas y sobre todo hacia su título: Principios de Medicina Interna (me preguntaba si esos tochos eran tan solo el principio, cuánto sería hasta el final). Hoy día sigue siendo mi libro preferido y seguimos manteniendo esa relación, aunque he aprendido que matizar y someter la versión oficial a la duda razonable puede resultar emocionante, interesante y muy revelador (por ejemplo, ¿a qué espera la OMS para retirar los lácteos de la pirámide alimenticia?). Todo ello me anima mucho, porque veo mi futuro entre el estudio de la versión oficial y esa actividad rebelde que intuyo podría ayudar más a mis pacientes de lo que creo. Además, me descubre el maravilloso mundo de la docencia que cada día me atrae más y más. Y en el colegio para adultos que es la facultad no nos enseñan esto. Si es que…

¿Por qué elegir medicina? Me remito a Fernando Savater en El valor de elegir. Lo más importante no es elegir bien o mal, sino que dicha elección sea completamente libre. Libre de ataduras mentales, emocionales o sociales. Elijo la medicina sin más, con todas sus grandezas y limitaciones simplemente porque siento que este es mi camino, como el río excava su cauce al bajar de las altas cimas. Y sobre todo, siento un profundo respeto por la vida. Aunque en muchos casos el impulso de ayudar a los demás surja de un sentimiento ego-ísta (he querido escribirlo así) al tratar de ayudarnos en el fondo a nosotros mismos, lo cierto es que una vez se experimentan esas sensaciones en el trato con las personas, no puedo más que dedicarme a esto sin la ambición de perseguir la curación. En lugar de ello, me ofreceré con mis conocimientos y experiencia como acompañante y a veces como guía en este camino que es la vida.

Gregorio Montero González - 6º curso Medicina HUV VALME

4 comentarios:

  1. Ana Mª Moreno13/11/13 9:07

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, pero aunque veo un cierto matiz de desesperanza en tus palabras creo que en la Medicina cabe un amplio abanico de actividades desde la investigación neurocientífica, la docencia, el clínico de cabecera hasta el especialista en cualquiera de las ramas sanitarias. Lo importante es que elijas bien tu camino y te formes muy bien en él, luchando hasta el final para cumplir tus objetivos. Me enorgullece que un alumno de 6º escriba sobre los motivos para estudiar Medicina de la forma como lo has hecho. En vosotros está el futuro y las ciencias Médicas os necesitan.

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  2. Me han emocionado profundamente tus palabras.

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  3. Era evidente que lo habías escrito tú, Gregorio.
    Me alegra haber podido compartir contigo algunos ratos y que hayas podido transmitirme en persona esas inquietudes.
    Sabes que yo también soy una inconformista y quiero seguir siéndolo.

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