Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Los comienzos de todo esto

Fue una mañana de primavera como otra cualquiera en la Facultad, los alumnos que estaban citados para el Taller de Medicina de Familia esperaban al sol cerca de la puerta del aula 2. No recuerdo la causa, pero ese día me encontraba bastante eufórico. Poco a poco fueron entrando los 11 o 12 alumnos en el aula, la mayoría eran chicas. Estábamos a mediado de curso y para los alumnos de 6º el fin estaba cerca. Pero en su mente más cerca estaba el examen MIR.

Pero esa mañana mi elevado estado de animo me hizo improvisar, el Taller que íbamos a realizar se prestaba a ello. Se trataba de que cada alumno hablará sobre su experiencia en el Centro de Salud, lo que allí había visto, lo que le había llamado la atención y reflexionar sobre lo que habían vivido del trabajo del Médico de Familia entre todos. Este taller ya lo habíamos hecho muchas veces. Casi era rutina su presumible desarrollo. Por ello, improvisé.

Apenas hubo comenzado el taller y cada alumno haber hablado someramente sobre su experiencia en el Centro, y sin pensarlo dos veces me lancé a la aventura.

El debate transcurrió más o menos en los siguientes términos.

- Hoy quiero que hagamos una reflexión personal de lo que significa para cada uno el hecho de ser médico. Para ello cada uno de vosotros va ha recordar, como si estuviéramos rebobinando una cinta de video. Comenzaremos hace unos 6 años.

Los alumnos me miraban algo asombrados, pero sin aspavientos, estaban acostumbrados a las “rarezas docentes” de los médicos de familia de la facultad. Proseguí mi discurso como si le hablara personalmente a cada uno.

- Supongo que todos recordareis aquellas fechas cuando al salir la puntuación de la selectividad comenzasteis a ver que podíais estudiar medicina. Todo era un revuelo, la familia, los amigos, los compañeros de instituto. Unos felicitaban, otros comenzaban a hacer chistes de médicos, los menos te miraban con envidia, en general se alegraban por ti y tu futuro.

Observaba a los alumnos, por un momento noté que estaban sintonizando con la situación, algunos cerraban los ojos, otros miraban al infinito.

- Y ahora que ya estáis en la situación (algunos asintieron con la cabeza) recordareis que significaba para vosotros el ser médicos, como os imaginabais que iba a ser vuestro profesión. Ahora, si no os importa, me gustaría que compartierais con vuestros compañeros aquellas ideas de entonces.

Comenzó Adela, que sin pensárselo dos veces, dijo:

- Yo me imagina que los médicos eran como os “ángeles”, desde pequeña los había visto así. Eran como seres superiores que cuidaban de nosotros, quitaban las enfermedades, por de día o por la noche, siempre que venía a casa nuestro médico de cabecera era un acontecimiento, mi madre después de su visita se quedaba más tranquila, aunque tuviéramos 40ºC de fiebre.,…

Continuó Fernando,

- Siempre me imaginaba en una ONG en África o en Centro América curando y ayudando a las personas más necesitadas, …

Ángela lo tenia más claro,

- Mi padre es médico y siempre he vivido en casa los sacrificios y las gratificaciones de mi padre en su consulta. El es pediatra y siempre ha estado en casa, desde que recuerdo, en la sala de espera siempre hay muchas madres con sus hijos que le sonríen al verlo salir y entrar en la consulta. Se queja del mucho trabajo que tiene, hay días que esta acabando a las 11 de la noche, pero se le ve que le gusta y lo disfruta. Ahora lo veo más cansado que cuando yo era pequeña y algunas noches algo pesimista. Pero las imágenes que tengo de mi padre en su consulta cuando yo era pequeña me decidieron estudiar medicina.

Isabel fue más pragmática y sincera

- Yo no tenia decidido que hacer, me gustaba la Biología, la Geología, la Psicología, casi cualquier carrera de ciencias me servía. Fue al conocer que tenia una nota alta en selectividad cuando algunas compañeras y en mi familia me empezaron a animar para hacer medicina. Me decían que se ganaba dinero y que el trabajo estaba asegurado, que era una pena con la nota de Selectividad que había sacado no aprovecharla y estudiar Medicina. Que la carrera era larga pero más fácil que muchas de ciencias. Y, así fue como me matricule en medicina, por la nota de selectividad, pero no lo tenía decidido previamente.

Con más o menos diferencias la roda de intervenciones transcurrió de manera similar con las consiguientes repeticiones. Terminamos oyendo a José. José estaba especialmente callado, era bastante inteligente, maduro, y estudioso, y además era “el empollón” de la clase, de aspecto de buena persona y, además, muy querido por el resto de sus compañeros. José fue poco explicito en su intervención, lo que resulto extraño para el resto de sus compañeros, acostumbrados a su tradicional locuacidad. Sin muchos preámbulos se limitó a decir,

- Desde pequeño siempre he querido ser médico. Todo fue a raíz de la vista de un médico a mi casa para visitar a mi hermana que estaba enferma. Yo tendría 4 años y mi hermana 2 años. Cuando acabó la visita, cuentan mis padres que empecé a decir que yo de mayor quiero ser médico, y hasta ahora.

Y así fueron transcurriendo los minutos a lo largo de una hora. Se podía decir que, en general, lo más frecuente eran motivos que implicaban la generosidad, deseos de ayudar a los demás, tener reconocimiento social, el trato con personas y las relaciones humanas, la posibilidad de trabajar en diferentes situaciones, las vivencias en la familia de los problemas de salud, la relaciones personales con médicos, etc.

En ese momento entro un celador avisando que se había suspendido la clase que empezaba a continuación y que nos podíamos quedar una hora mas.

Como ya había acabado la ronda del “¿porqué?” y aún nos quedaban 50´ para disponer del aula, en un alarde de improvisación en vista del buen tono emocional y de sinceridad que se había creado, decidí continuar el taller.

El sol del mediodía entraba por las ventanas deslumbrando a algunos alumnos con su reflejo en las mesas. Al bajar las persianas el ambiente se hizo más íntimo y personal, a pesar de que era un aula para 50 alumnos.

A continuación, hice una nueva pregunta con la intención de reforzar aquellos comentarios-confesiones que los alumnos habían relatado anteriormente. Dije solemnemente.

- Hasta ahora hemos hablado, más o menos, del ¿por qué? decidisteis en su momento estudiar medicina. Han pasado casi 6 años desde entonces, habéis sobrevivido a los primeros años de la carrera, los más duros por su lejanía de la clínica y excesiva teoría, (todos asintieron con la cabeza). Ahora en 6º curso, ya habéis tenido tiempo de tener un contacto más intenso con la medicina real, los pacientes, los compañeros, etc. ¿Casi a punto de terminar, que razones tenéis para seguir queriendo ser médicos?

Se hizo un silencio que cortaba el aire, todo lo disponibles a contar y compartir que estaban previamente se desvaneció en un momento “había pasado un ángel”. Por sus caras comprendí que estábamos entrando en un terreno muy inestable. Nadie se atrevía a hablar. Rompió el hielo Adela tras una pausa “eterna”. Y dijo,

- Antes comente que antes veía a los médicos como ángeles. La verdad es que después de estos años en la facultad y el hospital he cambiado de opinión. No sólo no son ángeles, sino que algunos por la forma de comportarse con los pacientes y en muchas ocasiones con nosotros, los alumnos, los veo como “demonios”.

En ese momento, comenzaron a brillarle los ojos y alguna lágrima se escapaba por el párpado. Sentía que se estaba abriendo la caja de Pandora y el devenir de los acontecimientos me arrollaba a mí también. Pero por un momento, Adela se recompuso y continuo,

- No quiero decir que todos los médicos sean malos. Pero si es verdad que he vivido muchas situaciones en el hospital que se alejan mucho de mi idea de lo que era ser médico y de cómo se hacía la medicina. No sé si hubiera sabido esto antes lo que habría hecho. No sé, luego el Catedrático de Legal que siempre nos esta asustando con que nos van a llevar a la cárcel por cualquier problema que tengamos, la verdad es que no sé. Igual era una fantasía de niña pensar que lo más importante para los médicos era ayudar a los demás y disfrutar de su trabajo.

Sentí que la situación se me iba de las manos, comencé a balbucear algunas palabras para transmitirle optimismo a Adela, pero resultaba muy difícil.

El resto de los alumnos fueron comentando algunas cosas parecidas pero no tan extremas y en general con alguna frase final de esperanza para autoconvencerse y luchado por visualizar un futuro mejor. Todos los alumnos hablaron, excepto José. Como la situación se había ido estabilizando, y los ánimos retornaban su ser, inicie el cierre del Taller haciendo un resumen de lo que había pasado.

Pero no me hacían caso, estaban atentos a José y le hablaban. La situación se me estaba yendo de las manos, pero tampoco me importaba, se notaba que estaba pasando algo que o no detectaba.

En pocos segundos todos vueltos hacia José le pedían cariñosamente que el también hablara.

Se hizo un breve silencio y casi tartamudeando José empezó a hablar.

- Como dije antes de niño dije que quería ser médico. Mis padres y el resto de mi familia desde que recuerdo así me lo cuentan. Con el tiempo, yo repetía eso mismo. Sin embargo, ya estudiando el bachillerato empecé a tener dudas, en más de una ocasión intenté decírselo a mis padres pero era tal su ilusión se había creado en mi familia y con mis amigos un ambiente tal que cuando llego el momento me resulto imposible elegir otra carrera. De todas maneras pensé que igualmente me podía gustar con el tiempo.

Un nuevo silencio, se le notaba un nudo en la garganta que le impedía hablar, el resto de sus compañeros estaban enmudecidos, era la primera vez que le oían hablar de este tema y no se atrevían a decir nada. El siempre era el fuerte del grupo. Y ahora, allí estaba, con los ojos enrojecidos y humedecidos. Continuó hablando,

- Además, lo que habéis comentado, muchos profesores en la universidad en vez de transmitirnos la ilusión por ser médicos, parece que han querido transmitirnos sus amarguras y fracasos. Ahora ya esto no tiene vuelta atrás, ¿cómo les digo a mis padres que no quiero ser médico ahora?, con los esfuerzos económicos que han hecho por que sea médico.

En un intento desesperado comencé a hablarle, pero sólo decía banalidades y estereotipos, en el fondo compartía con ellos la sensación de que la ilusión y la vocación de ser médico se lleva desde el inicio de la carrera, pero cada día había algo en los Hospitales y en las Facultades de Medicina que hacía más difícil el gusto por ser médico.

Gracias a dios apareció Miguel, el celador, para avisarnos que estaban en la puerta el profesor de la siguiente clase.

Un año después, supe que José había sacado el 38 en el MIR, estaba haciendo Cardiología en la Paz, y estaba contento.

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