Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Crecer como persona y como futuro profesional médico. Eso es lo que me ha aportado esta carrera. Emilio Sánchez Fernández

Todo se remonta a mi infancia. Recuerdo que por diversos motivos de salud era muy asiduo a las consultas médicas. Quizás por eso me interesaba más por esta profesión que por cualquier otra cosa, ya que cada vez que iba al médico mi salud mejoraba, pero no mejoraba la de todo el mundo. Por lo que me surgió la gran pregunta ¿por qué unos se curan y otros no? ¿Por qué a unos les basta con dos visitas al médico y otros han de estar continuamente y no mejoran? Ese fue el motivo por el que comenzó a gustarme esta profesión, para ayudar a aquellas personas a las que mejorar su salud fuese realmente complicado.

Recuerdo momentos en los que iba paseando de la mano de mi madre, con unos 4 añitos y unos 120 cm de altura y la gente con la que se paraba a hablar me preguntaban, “y tú ¿Qué quieres ser de mayor?” “Médico” les respondía, “Médico de esos que consiguen que la gente no se muera nunca”. Evidentemente sus caras reflejaban una sonrisa, a sabiendas de que la muerte era algo inevitable, pero para un niño de cinco años como yo no había nada imposible.

Fui creciendo y conforme pasaban los años me sentía más atraído por las asignaturas relacionas con el cuerpo humano. Me parecía fascinante el hecho de conocer parte de la anatomía y fisiología humana. Me atraían muchísimo más que las matemáticas, la historia o cualquier otra asignatura. Tras una adolescencia con ídolos futbolísticos, estrellas de la música y grandes comentaristas deportivos, de golpe me planto en los 16 años, con la ESO terminada y con una idea clara en la cabeza. Quiero ser médico.

Tras pasar los años de Bachiller y selectividad me encuentro con una nota que no me permitía estudiar la carrera en mi Región de Murcia natal. Podía estudiar cualquier otra cosa en Murcia, pero no podía hacer la carrera que yo quería, lo cual era algo frustrante, ya que tenía un objetivo bien definido desde pequeño que no podía conseguir. Fue entonces cuando me planteé la posibilidad de irme a otro lugar. El deseo de estudiar esta carrera era muy fuerte y eso hizo que un chico que nunca había salido de su pueblo se plantara en una ciudad como Sevilla para estudiar medicina, dejando familia y amigos a más de 500 Km de distancia. “No lo hagas”, me decían algunos “quédate en Murcia y estudia cualquier otra cosa” “Es una carrera complicada para estar tan lejos de casa”. Las ganas que tenía podían con todas esas frases y con otras más. Así empezó todo.

Sin embargo, conseguir estudiar lo que quería era solo el principio. La carrera no ha sido un camino fácil y bonito, pero las ganas y la ilusión que tenía contrarrestaban todo eso. Seis años dan para muchas cosas. En seis años vas a esforzarte mucho pero las cosas te pueden ir mejor o peor, puedes ver como no consigues recompensas a muchos de tus esfuerzos, años en los que desearías estar más cerca de tu familia, temporadas en las que tu motivación está por las nubes y otras en las que te cuesta encontrarla, momentos muy buenos y otros en los que te sientes estancado porque no ves el final... Pero todas esas experiencias se resumen en una palabra: CRECER. Crecer como persona y como futuro profesional médico. Eso es lo que me ha aportado esta carrera. Saber que no todas tus actuaciones van a tener recompensa, saber que siempre vas a tener que luchar, saber que van a haber momentos difíciles cuando nos enfrentemos a los pacientes, que no siempre vamos a poder solucionar su problema, pero que SIEMPRE vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para ayudarle. 

Decía John Lennon que “la vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otras cosas”. Quizás sea la frase que mejor resuma estos seis años. Entre exámenes, escaso tiempo libre, agobios, asignaturas con mayor o menor utilidad, prácticas en las que aprendes mucho y otras en las que te hacen sentir como un cero a la izquierda, me he dado cuenta que tras estos años he crecido como persona y como médico, que puedo mirar a los ojos y saber si algo le preocupa al paciente, que no todas las personas se curan con un tratamiento farmacológico, que en medicina 2+2 no siempre son 4. 

En definitiva, que la medicina no es solo conocimiento, sino que más bien es saber adaptar esos conocimientos a la individualidad de cada paciente, con el único objetivo de ayudarle.

Escribir estas líneas me ha ayudado a recordar de nuevo porque estoy aquí, porque decidí elegir este camino y esta forma de vida. Ahora que ya está cerca el final solo me queda buenos recuerdos y momentos que nunca olvidaré. La experiencia ha merecido la pena. Estoy a unos meses de conseguir mi objetivo, de cerrar una etapa que a su vez es el inicio de otra diferente. Después de 20 años tengo todavía en mi cabeza a ese niño de preescolar que decía “quiero ser médico de los que ayudan a la gente”. Ese niño (algo crecido) está a un solo paso de lograrlo.
Alumno de sexto de Valme 2013-2014.

No es fácil explicar por qué decidí estudiar Medicina. Alejandro Medina Guillén.

En primer lugar he de decir que no es fácil explicar por qué decidí estudiar Medicina. Y no es fácil explicarlo precisamente porque la decisión no fue fácil. Es de suponer que ninguna decisión es fácil en la vida pero una de esta trascendencia y que macará tu devenir para siempre podríamos decir que lo es aún menos.

Pongámonos en contexto: verano de 2008. Había hecho un buen Bachillerato (en Ciencias de la Salud) y una gran Selectividad. Esta última mucho mejor de lo esperado, lo cual propició en cierta medida a "posteriori" mi decisión final. Durante el Bachillerato barajaba varias ideas en mente. Casi como todo el mundo, creo. Por aquel entonces me gustaba la Medicina, la Química, la Biología, la Biotecnología, la Farmacología e incluso la Ingeniería Informática (aunque esta última preferencia era un poco más remota, lo confieso). Una cosa tenía clara: me gustaba la Ciencia, en mayúsculas, y por tanto sabía que la carrera que cursara posteriormente había de ser de ciencias sí o sí. Hubo muchos compañeros en el Bachillerato de CC.SS. que tras acabarlo decidieron optar por carreras de Económicas o de Ciencias Sociales, lo cual es sin duda alguna muy respetable, pero yo sabía que eso no iba conmigo.

Aparte, yo no soy de los que se encasillan en una idea y de ahí no salen. Si no que tengo siempre abierto un abanico de posibilidades y de preferencias en mi cabeza para cuando llegue el momento de tomar la decisión final (algo parecido me está pasando ya con la especialidad que quiero hacer tras el examen MIR). A lo mejor es por esto que me cuesta más tomar las decisiones. Porque imagino que el que sólo quiere A, si consigue sólo B, rechazará B para seguir luchando por A. Pero si por el contrario te gustan muchas letras del abecedario…

Seguimos avanzando. Había acabado Bachillerato, Selectividad y ya sabía mi nota final. Ahora es realmente cuando llegaba el momento de tomar la decisión. El momento de ponderar y reflexionar. El momento de los pros y los contras. Los pros de la Medicina eran que me encantaba, que tenía un gran prestigio social, el hecho de la satisfacción personal a la hora de curar o salvar la vida de un paciente (esto es único de nuestra profesión) y también, por qué no decirlo, el casi inexistente paro dentro del sector que había por entonces en nuestro país (aunque esto último ha cambiado para mal desafortunadamente) además de contar con un salario bastante decente. Por el contrario, los contras eran la larga duración del proceso formador (6 años de carrera + 4 de MIR como mínimo) y el no dejar nunca de “actualizarse”, es decir, en Medicina nunca puedes dejar de estudiar porque tal técnica que hoy en día es la “crème de la crème” y en la cual eres buenísimo dentro de 10 años ya está obsoleta y no se usa, y existen otras técnicas más modernas que has de aprender a usar. Los médicos somos estudiantes desde que comenzamos la carrera hasta que nos jubilamos y esto era un factor muy a tener en cuenta.

Por otra parte el resto de carreras que me gustaban también ofrecían evidentemente sus pros y sus contras. El pro en la mayoría de ellas era su menor tiempo de formación/aprendizaje (3 ó 5 años), su menor dificultad y su menor dedicación personal. Mientras que los contras solían ser un más que dudoso futuro profesional y una tedia monotonía diaria sin muchos sobresaltos.

Mis padres y mi familia me decían que estudiara lo que quisiera y me gustara, lo cual obviamente estaba muy bien, pero por aquel entonces no ayuda demasiado, honestamente. Por otro lado mis amigos y compañeros del instituto me decían que estudiara Medicina, que tenía “cara y letra de médico”. En fin, lo de la letra me lo puedo imaginar pero sigo sin saber qué es tener “cara de médico” a día de hoy. Pero insistían, me decían que la tenía y que no dejara escapar la oportunidad, que no me arrepentiría. Así que tras varias semanas de reflexión (las que hay entre saber tu nota final y tener que realizar la solicitud a través del Distrito Único Andaluz) y de consultar con mis fueros internos, decidí hacerles caso y sobre todo hacerme caso a mí mismo y decidí estudiar Medicina.

Y seis años después puedo decir con total seguridad que no me arrepiento en absoluto. Más bien todo lo contrario. Me alegro y mucho. Y aunque a veces haya asignaturas que no me gusten, considere absurdas o incluso se me atraganten, tengo la sensación de haber elegido bien, de no haberme equivocado. Tengo la sensación de que me gusta cada día más lo que hago, de tener y haber desarrollado una vocación para ello, pero especialmente tengo la sensación de que la Medicina me deparará a mí, y por extensión también a todos mis compañeros de Facultad, grandes momentos y vivencias personales en el futuro a lo largo del desempeño de nuestras carreras profesionales.

Alumno 6º de Medicina del HNSV. Curso 2013-2014.

Realmente no tengo ningún motivo en especial por el cual empecé a estudiar Medicina.

Realmente no tengo ningún motivo en especial por el cual empecé a estudiar Medicina. Recuerdo que desde que tengo uso de razón, me despertó el interés por la medicina y eso que no tenía nadie en mi círculo que tuviera que ver con el mundo de la sanidad. Supongo que seria el gusto por ayudar a los demás, lo que consiguió que naciera el deseo en mí.

Después de casi 6 años y estar en la recta final de mis estudios, puedo decir que me siento muy afortunado de haber escogido dicha carrera y poder poner mis conocimientos al servicio de las personas. Han sido 6 años muy duros, con un sacrificio inigualable seguramente al resto de carreras que pudiera haber cursado, pero que seguro tendrán su recompensa.

Después de 3 años en los que solo te empapas de conocimientos generales de la profesión y se hace más tedioso, cuando empiezas 4º y contactas con el día a día de un hospital y sus pacientes, te das cuenta si vales o no para esto.

En mi opinión, el buen medico es aquel que independientemente de solucionar el problema de las personas con sus conocimientos, debe tratar al paciente como un semejante a el, comprenderlo, escucharlo y tener empatía con el y sus circunstancias. Cansa ver a profesionales de la sanidad, tener un trato descortés y altivo con los pacientes y usuarios de la sanidad. Por suerte, estos casos son puntuales, pero es algo que tengo claro que habría que erradicar.

A las puertas de terminar, se nos abre por delante el camino mas bonito de esta profesión, previa realización del examen mas importante de mi vida (MIR), en el que disfrutaremos con el día a día en el hospital y la experiencia que se va ganando paciente a paciente, acompañado de malos momentos que seguro habrá. Ser medico es serlo 24 horas al día 365 días al año y quiero y me siento preparado para serlo.

 Me gustaría recalcar que detrás de un número de habitación o “el del infarto “, hay una persona que pone todas sus esperanzas en que podamos ayudarle a superar su enfermedad.

Alumno 6º Medicina Hospital de Valme (2008-2014)

La medicina, tiene en realidad mil caras. La describiría más como la más científica de las humanidades, que como la más humanística de las ciencias.

Para ser honestos, no recuerdo una razón en concreto que me empujara a estudiar medicina.  En cambio, algo que sí recuerdo es que me atrajo desde siempre. Antes de empezar la carrera, mi amor por la medicina era un amor platónico, idealizado. Sólo podía imaginar qué sería la medicina, sin ser del todo consciente de lo que en realidad es. Entonces comenzó mi aventura, y la descubrí como algo fascinante y extenuante al mismo tiempo, capaz de hacerme sentir eufórica, frustrada, viva, derrotada, pero sobre todo, afortunada.

Cuántas veces, a lo largo de estos años de entrega, he pensado en cómo de perfecta puede llegar a ser la maquinaria del ser humano, y con qué facilidad puede venirse abajo, con qué facilidad la enfermedad puede convertirnos en seres frágiles. Sólo estudiando medicina podría haber adquirido esta nueva perspectiva.

La medicina, tiene en realidad mil caras.  La describiría más como la más científica de las humanidades, que como la más humanística de las ciencias. La medicina te conmueve, porque no se trata de números, ni de términos, ni siquiera del binomio salud-enfermedad; su trasfondo y su razón de ser son el ser humano.

En mi caso, si alguna vez tuve dudas acerca de si medicina sería la carrera adecuada para mí, todas ellas se han desvanecido, porque no creo que haya otra carrera que me infunda la misma pasión;  ni la sensación de saber que sé, pero aún no lo suficiente, nunca lo suficiente, que es el leitmotiv de esta obra en que se ha convertido nuestra vida gracias a la irrupción de la medicina en ella.

En una de mis películas favoritas, la protagonista recibe el siguiente elogio: “Eres un sueño hecho realidad, llena de vida, de ardor, de encanto”. Pues bien, esto mismo es justamente lo que la medicina significa para mí. Alumna de 6º curso de Medicina HUV. 2013-2014. 

Los motivos con que empecé a estudiar medicina han ido cambiando según pasaba el tiempo: por orgullo, mis padres, tener un trabajo, poder formar una familia, darle sentido a mi vida, el dinero invertido, etc..

Contestar a la pregunta de cuáles fueron mis motivos para estudiar medicina  es muy fácil, siempre he tenido claro que quería ser médico, pero ahora con el tiempo transcurrido ya no lo tengo tan claro .
En el colegio me encantaba las ciencias naturales, siempre participaba y destacaba en las asignaturas relacionadas con biología, cuerpo humano. Tenía mucha curiosidad en conocer como funcionaban los seres vivos, junto a querer ayudar a los demás y hacer que mis padres se sintiesen orgullos de mi, fueron los motivos que me empujaron a viajar a España, dejar a mis padres, hermanos, habitación, primos, amigos. Para poder realizar mi sueño: estudiar MEDICINA.

Nunca me hubiera imaginado que una decisión tan obvia, que mucha gente daría lo que fuera para poder tenerla, me llevaría a vivir los años más negros de mi vida, empecé un viaje interminable que sigo en el, un viaje que ha durado más tiempo de lo esperado, en el cual he visto mas sombras que claros, en el que perdí toda ilusión, fe en mi misma.

La verdad es que empecé con mal pie desde el primer año, aprobé pocas asignaturas, más por no presentarme que por suspender, en vez de repetir el curso, me cegó el orgullo y pase al siguiente, ahora mirando para atrás, ese fue mi gran error, además de no rodearme de gente positiva, me encerré en mi mundo tragándome mis lagrimas, noches eternas, pesadillas, sola por miedo a defraudar.

Los años pasaban y yo paralizada sin poder reaccionar, viendo la vida desfilar delante de mi, como cambiaba para los demás mientras que yo  seguía en el mismo punto, en algunos momentos de esperanza me decía: no pasa nada un año más y otro más y otro. Hasta que ya perdí la cuenta, cambio mi carácter, me  volví  triste, sensible, evitaba relacionarme con gente por miedo a que vean que he fracasado. Puedo decir que la carrera  me ha robado, según dicen, los mejores años de mi vida, no he podido vivir con plenitud ningún acontecimiento alegre sin sentir tristeza y reproche, llegue a pensar en abandonar pero no me veía en otra cosa, siempre lo he tenido tan claro, hay amigos que eligieron estudiar medicina por el prestigio que tiene o simplemente por haber sacado buena nota en la selectividad o por presiones familiares. Pero yo no, la elegí porque me gusta, porque disfruto cuando llego a concentrarme en los apuntes, porque se dibuja una sonrisa en mi cara cuando me imagino ejerciendo de médico, porque tengo curiosidad en este campo, porque me gusta el ambiente del hospital, aunque me lo tengo que repetir todos los días, hay días que funciona y otros no .

Ahora que veo un rayito de sol al final del túnel, aunque todavía lejano, me queda mucho camino por recorrer, pienso que con todo esto, soy afortunada, porque sigo luchando por acabar el viaje que una vez, hace algunos años, empezó una muchachita ingenua e idealista, cuyo sueño era simplemente aprender un poco de los secretos de este mundo y que sus padres se sintieran orgullosos de ella. Algo aprendí en esta aventura, aprendí a valorar lo que realmente es importante en esta vida, a sentir el amor  y el apoyo de mi familia, a disfrutar de los pequeños detalles, a distinguir entre verdaderos y falsos amigos, a que después de la tempestad siempre sale el sol, a que cuando  siento que ya se me han acabado las lagrimas y que ya no tengo fuerza tras tantas caídas  levantarme de nuevo  y también conocí al amor de mi vida y me case con el ( no todo el mundo tiene esta suerte ).

He hecho errores en mi vida y el precio me costó caro, es un precio que seguiré pagando toda mi vida ya que la condiciona. Pero también gane fuerza y coraje y espero que llegue el día en el cual cuando mire atrás piense: valió la pena.

Claro que los motivos con que empecé a  estudiar medicina han ido cambiando según pasaba el tiempo: por orgullo, mis padres, tener un trabajo, poder formar una familia, darle sentido a mi vida, el dinero invertido … La mayoría de las veces  ya  ni pensaba . Pero de una cosa estoy segura: si volviera atrás volvería a elegir MEDICINA.

Ahora puedo decir que MEDICINA no es una simple carrera, es un compromiso que tomas en formarte ya no solo académicamente sino humanamente, será un camino lleno de miedos, agobios y lágrimas pero también de gratitudes y esperanza.

Salima  BN.  6º Curso 2013/14. HUV (Sevilla)                                  

Es difícil compaginar trabajo y la carrera de Medicina, pero las ganas, ilusión y el largo camino recorrido te ayudan a luchar por todo en esta vida.

A mi principalmente me empezó a gustar este mundo desde pequeño, cuando iba al médico me sorprendía mucho el que me auscultara y ya supiera que medicamento mandarme. Esto me causó siempre mucho interés.

Siendo muy joven abandoné los estudios y empecé a trabajar, luego me llegó el momento del servicio militar, aunque fue el penúltimo remplazo me llamaron al servicio y tuve que ir, una época dura. Pasé nueve meses en los que me dio tiempo a pensar mucho, y durante este tiempo decidí que algún día volvería a estudiar, aunque siempre en algo relacionado con la sanidad pues era mi gran pasión “ayudar al enfermo, o al necesitado”. Tras el servicio militar, volví al pueblo y continué trabajando cuatro años más, hasta que decidí seguir estudiando, pero ya siempre sin dejar de trabajar pues lo necesitaba, la carrera se ha hecho un poco dura, es difícil compaginar trabajo y la carrera de Medicina, pero las ganas, ilusión y el largo camino recorrido te ayudan a luchar por todo en esta vida. Hoy estoy a punto de terminar la carrera, ya en 6º curso de Licenciatura de Medicina y pronto si Dios quiere seré médico y podré ayudar a personas, mi gran pasión. Aunque un poco desencantado con la carrera porque como todo en esta vida hay cosas que gustan y otras que no.

El plan que me tocó estudiar considero que tiene muchas asignaturas de relleno, no sé si es por motivos económicos o por qué, pero creo que esta carrera se debe basar en la clínica y la cirugía y de otras especialidades bajo mi punto de vista con nociones básicas sobra pues si te especializas en ello, ya habrá tiempo de ahondar en dicha especialidad, no quiero hacer mención especial a ninguna asignatura, pero para mí la libre configuración, optativas están de más. Incluso algunas troncales u obligatorias bajo mi punto de vista con nociones básicas 4-5 temas debería sobrar y no 30,40 ó 50 temas como tienen algunas. Si el fin es recaudatorio pues demos 30 ó 40 créditos a las asignaturas esenciales clínica y cirugía y de esos 30 créditos 10 de clase y 20-30 de prácticas en el hospital. Bajo mi punto de vista a ser médico no se aprende sacando un 9 ó un 10 y millones de bibliografías, creo que hay que aprender y llevarlo a la práctica pero como mínimo lo esencial, la práctica te hace maestro y el tener un maestro a tu lado no sólo te enseña sino que te hace aún mejor cada día. No se puede llegar a una puerta de urgencias sabiendo miles de textos sobre patología y no tener contacto con el paciente previamente o este haber sido escaso. El estudiante de medicina en mi opinión personal debe tener más práctica que teoría aunque no poca teoría, si la esencial y no el relleno.

Otro punto que no comparto es que para enseñar no basta con leer un “power point” y pasar las diapositivas a la velocidad de la luz, el estudiante paga para que le enseñen no para que le pongan trabas a la hora de aprobar. Y la clínica se enseña implicándose en el alumno, explicándole tanto en la teoría como en la práctica.

Los docentes que por ello cobran deberían implicarse y preocuparse de si sus alumnos van a la práctica y no olvidarse de ellos o ni siquiera saber si están allí o no, Aunque no todos los docentes son iguales, quiero recalcar esto, hay muchos que sí. Pues en el hospital si no preguntas nadie te va a buscar.

En definitiva un poco defraudado puesto que aquí lo que realmente se valora para saber, es si apruebas el examen con buena nota, pues aunque dicen que las prácticas cuentan el 30%, el 40% nada, eso cuenta si apruebas el examen, sino nada. Yo por mi parte intentaré ser diferente, aunque si no haces lo que todos seas el raro, no me importará mi vocación es ayudar y en un futuro también enseñar.
Alumno 6º Medicina Hospital Universitario de Valme (Sevilla). Curso 2013-2014.

Durante estos seis años de carrera, y en especial en mis prácticas de Atención Primaria empiezas a entender muchas cosas.

Durante estos seis años de carrera, y en especial en mis prácticas de Atención Primaria empiezas a entender muchas cosas. Entiendes al ser humano en todo su esplendor, en sus miserias y en sus alegrías más sinceras. Es imposible borrar de la cabeza las lágrimas de un paciente ante el sufrimiento, ni el brillo de sus ojos ante una noticia que implica vida o bienestar. En medicina se estudian muchos libros, pero aquella enfermedad que ves en un paciente, aquella enfermedad a la que pones cara, aquel enfermo que te coge de la mano y te mira los ojos, nunca se olvida; y es que tratamos con ENFERMOS no con enfermedades.

También se aprende en esta larga carrera que no es posible mirar al paciente únicamente desde una perspectiva biológica, ya que el ámbito "psico" y "social" es claramente determinante. Es imposible en estos difíciles momentos socio-económicos, hacer oídos sordos a las circunstancias que sufren los pacientes (paro, desahucios, cargas familiares, empobrecimiento...) ya que dichas circunstancias actúan como determinantes en la salud de los mismos y sería un error no tenerlo en cuenta desde esta profesión.

Así, a lo largo de los años aprendes lo cierta que es la famosa frase de Letamendi "Quien sólo sabe de medicina, ni de medicina sabe". Y es que ser médico implica también formarse en otros ámbitos no solo científicos, sino humanos. Saber algo de sociología, antropología, política y psicología (con el permiso de los profesionales dedicados a ello) ayuda a ver la globalidad de la medicina y a tener una actitud crítica ante la misma. Trabajar con seres humanos implica la necesidad de conocerles, para así lograr una empatía sincera y poder asistir, con cercanía, a alcanzar salud y bienestar.

No puedo olvidarme ni mucho menos, de resaltar el gran sistema sanitario público en el que me he formado (siempre mejorable), y al que debemos proteger como un tesoro de aquellos que quieren vulnerar su calidad desde arriba, sin conocer la realidad de los pacientes u obviando la misma.

Es complicado describir en un simple texto mi experiencia a lo largo de la carrera o mis razones para haberme decidido por esta profesión. Pero de forma simple puedo decir que la medicina es un estilo de vida. Un estilo de vida del que estoy muy orgullosa, ya que me brinda la oportunidad de contribuir en la mejora de la sociedad y mejor aún, me permite trabajar mano a mano con personas en la recuperación de su bienestar bio-psico-social.

Pero esto no ha hecho nada más que empezar, así que sólo me queda desear que la ilusión que ahora siento por trabajar, ayudar y seguir aprendiendo se mantenga a lo largo de toda mi carrera profesional.

Blanca Villacorta. Estudiante de 6º HUVValme

Mi historia empezó con un tío que era médico al que admiraba y con el que pasaba muchas horas. Él me enseñó cómo vivir y amar esta profesión, eso jamás se me olvidará. Isabel Lara Granja Gómez.

Creo que como muchos de vosotros mi historia empezó con un tío que era médico al que admiraba y con el que pasaba muchas horas. Él me enseñó cómo vivir y amar esta profesión, eso jamás se me olvidará.

Con 17 años intenté entrar en medicina y me quedé  a 0,03 de la nota de ingreso. Hoy sé que aunque hubiera entrado posiblemente no hubiera terminado la carrera por mis circunstancias personales en aquel momento. Así que creo que acerté eligiendo enfermería. Tres años más  Terminé y me puse a trabajar. Y la verdad es que he disfrutado mucho siendo enfermera. Este trabajo te muestra lo peor y lo mejor del ser humano, te humaniza, te hace ver lo que es importante en esta vida y lo que no y te brinda momentos inolvidables, esa sonrisa de un niño, ese abrazo, ese gracias por todo. A pesar de lo mucho que me ha aportado ser enfermera, un día me di cuenta que quería seguir aprendiendo. Así que seis años más tarde de terminar enfermería, intenté entrar en medicina y lo conseguí.

Mentiría si dijera que no ha sido duro, compatibilizar el estudio y el trabajo ha sido una odisea, así que aún no me creo que me queden tres asignaturas para terminar la carrera. Han sido muchos los momentos en los que he pensado dejarlo pero han sido muchas también las personas que me han ayudado y animado y en especial quisiera mencionar a mi pareja que me ha comprendido y apoyado incondicionalmente durante todos estos años. Lo que demuestra que la elección más importante de la vida, no es la profesión que decidas desempeñar, sino la persona con la que eliges compartirla.

Lo último que quiero decir es que tengo 33 años y vivo esta nueva etapa en mi vida con muchas ganas, ilusión y, también por supuesto, con miedo por la gran responsabilidad que tenemos los médicos. Sólo quiero deciros que nunca dejéis de luchar por vuestros sueños y que nunca es tarde para lograrlos.

No hay nada más satisfactorio como el agradecimiento de un paciente. Carlos Rosell Martí

Desde muy temprano decidí que lo mío era estudiar Medicina, no sólo por el hecho de que era la única carrera y profesión que me gustaba y por la que sentía verdadera pasión, pues es cierto que como aficiones propias podía conectar con otras muchas carreras en cuanto a lo que se refiere a  materia general, pero nunca me las propuse como  profesión, ya que para mí es esencial estudiar aquello por lo que crea que merezca la pena y con lo que realmente disfrutes y te sientas realizado. Y pasados estos seis años, los cuales recordaré como los mejores de mi vida, pero también los más duros, me he dado cuenta que he hecho la elección correcta.

Estudiar Medicina implica muchas más cosas que el mero hecho de la formación. La Medicina es vida, y como tal, lo esencial es el trato con las personas. Tras cada caso hay una persona  a la que ayudar, y ello te ayuda para superarte día a día, pero también te enseña el lado más humano de esta profesión, y que considero que es el centro de ella, así como los momentos más duros.

En estos años de carrera no han faltado las motivaciones, pero también hay lugar para las desilusiones, e incluso, aquellos momentos en lo que se te pasa por la cabeza tirar la toalla. Pero es entonces, cuando gracias a uno mismo y al apoyo que tiene a su alrededor (amigos, familia, compañeros...) te das cuenta que hay que luchar para ser aquello que deseas ser, y que una victoria es mucho más satisfactoria y enriquecedora, cuando, al pasar los años, ves que tantos momentos sacrificados -y que tanto costaban sacrificarlos- han merecido la pena e incluso satisface mucho más ver la felicidad que provocas en aquéllos que han hecho posible que tú estés estudiando eso por lo que vivirás en un futuro y que tanto deseabas.

Una de las motivaciones por la que me decidí para estudiar Medicina, fue mi necesidad por conocer el cuerpo humano, su funcionamiento, y la inquietud que me producía saber cómo surgían las enfermedades y cuáles eran sus curas.

Cada uno tiene su motivo más íntimo por ser futuros médicos, pero todos coincidimos en que la Medicina es nuestra forma de vida. La labor asistencial y social, así como humanitaria es lo que nos diferencia del resto, ya que no hay nada más satisfactorio como el agradecimiento de un paciente. Personalmente, a pesar de tener miedo por terminar, y abrir una nueva etapa de mi vida,  sé que soy feliz por haber hecho esta elección.

No olvides nunca que fuiste un estudiante, con toda la ilusión que te da la juventud y las ganas de ayudar al que, en su estado más vulnerable, te necesita. Constanza Valenzuela López.

En un primer instante, me resultó especialmente difícil exponer mis razones para haber emprendido esta aventura, ya que desde un principio (y hasta hace poco) no era consciente de lo poderosos que eran.

Según cuentan las historias familiares, fue a los 8 años cuando por primera vez expresé mi deseo de ser médico, con la única e inocente convicción de “querer salvar vidas”. Pasó mucho tiempo desde entonces hasta cuando finalmente pude tomar la decisión, y fueron aquellas ganas (casi primitivas) las que eligieron por mí. Y ahora puedo decir con toda seguridad: no me arrepiento en absoluto. Todo esto me lleva a pensar que nunca debes olvidar a ese niño en ti, ese niño que muchas veces nos empeñamos en hacer callar. Es quien sabe lo que realmente te hará feliz.

Es una difícil decisión, y todos tenemos una historia y un trasfondo que nos cobija, pero puedo afirmar que, si cuentas con el apoyo de tu familia, el camino será siempre más fácil. Nunca menosprecies el cariño y la comprensión que pueden darte tus padres o las personas que quieres en los momentos de crisis.

Comenzar mis estudios en la Facultad de Medicina de Sevilla supuso un gran desafío, no sólo académico, si no también en lo personal. Un país diferente que, si bien se resistió en un comienzo, hoy en día es mi segundo hogar. Un hogar que me enseñó una de las lecciones más difíciles e importantes de la carrera: tratar con personas. Aprenderás que, durante tus 6 años como universitario, de nada te van a servir tus apuntes perfectamente cogidos, ni el Netter, ni el Harrison de última edición, si no tienes amigos. Ellos serán tu verdadero pilar para un reto que, te lo puedo asegurar, no será nada fácil, pero que todos conseguiremos salir airosos de él.

Por otra parte, siempre he pensado que hay carreras mucho más difíciles que Medicina. Pero esta es diferente; tienes que entregarte por completo a ella, echar muchas horas de tu tiempo libre y sacrificar cosas que, probablemente, con otra profesión no deberías hacerlo. Pero, cuando llegas a este punto, la perspectiva (que sólo da la experiencia) permite que veas que, cuando amas lo que haces, todo ha merecido la pena.

De todo lo que pude aprender durante estos 12 cuatrimestres, me quedo con lo que me enseñaron mis profesores y médicos tutores, bien mostrándome la pasión por esta forma de vida o por otro lado, más desafortunado, el tipo de médico que no quiero ser. Y es que, como en todos los sitios, siempre va a haber falta de vocación. No dejes que esto te desanime ni te desmotives, sólo recuerda que tú estarás ahí algún día. No olvides nunca que fuiste un estudiante, con toda la ilusión que te da la juventud y las ganas de ayudar al que, en su estado más vulnerable, te necesita. Si llegas a olvidarlo, siempre estás a tiempo de cambiar de oficio.

Para finalizar, sólo puedo decirte que nunca dudes de tus capacidades intelectuales, están ahí y, con esfuerzo y perseverancia, verás frutos muy pronto. Sólo preocúpate por saber si es esto lo que realmente quieres, si tienes lo necesario para afrontar los obstáculos diarios que te plantea esta forma de ver la realidad, si eres capaz de sentir el sufrimiento ajeno como propio. Puede que, sin haberte dado cuenta, ya estés en camino de convertirte en un(a) médico(a).


Constanza Valenzuela López. Estudiante de 6º año de Medicina. Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme. Generación 2008-2014.