Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Escribir estas líneas me ha ayudado a recordar de nuevo porque estoy aquí, porque decidí elegir este camino y esta forma de vida.

Todo se remonta a mi infancia. Recuerdo que por diversos motivos de salud era muy asiduo a las consultas médicas. Quizás por eso me interesaba más por esta profesión que por cualquier otra cosa, ya que cada vez que iba al médico mi salud mejoraba, pero no mejoraba la de todo el mundo. Por lo que me surgió la gran pregunta ¿por qué unos se curan y otros no? ¿Por qué a unos les basta con dos visitas al médico y otros han de estar continuamente y no mejoran? Ese fue el motivo por el que comenzó a gustarme esta profesión, para ayudar a aquellas personas a las que mejorar su salud fuese realmente complicado. Recuerdo momentos en los que iba paseando de la mano de mi madre, con unos 4 añitos y unos 120 cm de altura y la gente con la que se paraba a hablar me preguntaban, “y tú ¿Qué quieres ser de mayor?” “Médico” les respondía, “Médico de esos que consiguen que la gente no se muera nunca”. Evidentemente sus caras reflejaban una sonrisa, a sabiendas de que la muerte era algo inevitable, pero para un niño de cinco años como yo no había nada imposible.

Fui creciendo y conforme pasaban los años me sentía más atraído por las asignaturas relacionas con el cuerpo humano. Me parecía fascinante el hecho de conocer parte de la anatomía y fisiología humana. Me atraían muchísimo más que las matemáticas, la historia o cualquier otra asignatura. Tras una adolescencia con ídolos futbolísticos, estrellas de la música y grandes comentaristas deportivos,  de golpe me planto en los 16 años, con la ESO terminada y con una idea clara en la cabeza. Quiero ser médico.

Tras pasar los años de Bachiller y selectividad me encuentro con una nota que no me permitía estudiar la carrera en mi Región de Murcia natal. Podía estudiar cualquier otra cosa en Murcia, pero no podía hacer la carrera que yo quería, lo cual era algo frustrante, ya que tenía un objetivo bien definido desde pequeño que no podía conseguir.  Fue entonces cuando me planteé la posibilidad de irme a otro lugar. El deseo de estudiar esta carrera era muy fuerte y eso hizo que un chico que nunca había salido de su pueblo se plantara en una ciudad como Sevilla para estudiar medicina, dejando familia y amigos a más de 500 Km de distancia. “No lo hagas”, me decían algunos “quédate en Murcia y estudia cualquier otra cosa” “Es una carrera complicada para estar tan lejos de casa”. Las ganas que tenía podían con todas esas frases y con otras más. Así empezó todo.

Sin embargo, conseguir estudiar lo que quería era solo el principio. La carrera no ha sido un camino fácil y bonito, pero las ganas y la ilusión que tenía contrarrestaban todo eso. Seis años dan para muchas cosas. En seis años vas a esforzarte mucho pero las cosas te pueden ir mejor o peor, puedes ver como no consigues recompensas a muchos de tus esfuerzos, años en los que desearías estar más cerca de tu familia, temporadas en las que tu motivación está por las nubes y otras en las que te cuesta encontrarla, momentos muy buenos y otros en los que te sientes estancado porque no ves el final... Pero todas esas experiencias se resumen en una palabra: CRECER. Crecer como persona y como futuro profesional médico.  Eso es lo que me ha aportado esta carrera. Saber que no todas tus actuaciones van a tener recompensa, saber que siempre vas a tener que luchar, saber que van a haber momentos difíciles cuando nos enfrentemos a los pacientes, que no siempre vamos a poder solucionar su problema, pero que SIEMPRE vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para ayudarle.

Decía John Lennon que “la vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otras cosas”. Quizás sea la frase que mejor resuma estos seis años. Entre exámenes, escaso tiempo libre, agobios, asignaturas con mayor o menor utilidad, prácticas en las que aprendes mucho y otras en las que te hacen sentir como un cero a la izquierda, me he dado cuenta que tras estos años he crecido como persona y como médico, que puedo mirar a los ojos y saber si algo le preocupa al paciente, que no todas las personas se curan con un tratamiento farmacológico, que en medicina 2+2 no siempre son 4. En definitiva, que la medicina no es solo conocimiento, sino que más bien es saber adaptar esos conocimientos a la individualidad de cada paciente, con el único objetivo de ayudarle.

Escribir estas líneas me ha ayudado a recordar de nuevo porque estoy aquí, porque decidí elegir este camino y esta forma de vida. Ahora que ya está cerca el final solo me queda buenos recuerdos y momentos que nunca olvidaré. La experiencia ha merecido la pena. Estoy a unos meses de conseguir mi objetivo, de cerrar una etapa que a su vez es el inicio de otra diferente. Después de 20 años tengo todavía en mi cabeza a ese niño de preescolar que decía “quiero ser médico de los que ayudan a la gente”. Ese niño  (algo crecido) está a un solo paso de lograrlo.

Emilio Sánchez Fernández. Alumno de sexto de Valme 2013-2014

Me siento muy afortunado de haber escogido dicha carrera y poder poner mis conocimientos al servicio de las personas

Realmente no tengo ningún motivo en especial por el cual empecé a estudiar Medicina. Recuerdo que desde que tengo uso de razón,  me despertó el interés por la medicina y eso que no tenía nadie en mi círculo que tuviera que ver con el mundo de la sanidad. Supongo que seria el gusto por ayudar a los demás, lo que consiguió que naciera el deseo en mí. Después de casi 6 años y estar en la recta final de mis estudios, puedo decir que me siento muy afortunado de haber escogido dicha carrera y poder poner mis conocimientos al servicio de las personas. Han sido 6 años muy duros, con un sacrificio inigualable seguramente al resto de carreras que pudiera haber cursado, pero que seguro tendrán su recompensa. Después de 3 años en los que solo te empapas de conocimientos generales de la profesión y se hace más tedioso, cuando empiezas  4º y contactas con el día a día de un hospital y sus pacientes, te das cuenta si vales o no para esto.

En mi opinión, el buen medico es aquel que independientemente de solucionar el problema de las personas con sus conocimientos, debe tratar al paciente como un semejante a el, comprenderlo, escucharlo y tener empatía con él y sus circunstancias. Cansa ver a profesionales de la sanidad, tener un trato descortés y altivo con los pacientes y usuarios de la sanidad. Por suerte, estos casos son puntuales, pero es algo que tengo claro que habría que erradicar. A las puertas de terminar, se nos abre por delante el camino mas bonito de esta profesión, previa realización del examen mas importante de mi vida (MIR), en el que disfrutaremos con el día a día en el hospital y la experiencia que se va ganando paciente a paciente, acompañado de malos momentos que seguro habrá. Ser medico es serlo 24 horas al día 365 días al año y quiero y me siento preparado para serlo. Me gustaría recalcar que detrás de un número de habitación o “el del infarto “, hay una persona que pone todas sus esperanzas en que podamos ayudarle a superar su enfermedad.
Alumno 6º Medicina Hospital de Valme (2008-2014)

La medicina te conmueve, porque no se trata de números, ni de términos, ni siquiera del binomio salud-enfermedad; su trasfondo y su razón de ser son el ser humano.

Para ser honestos, no recuerdo una razón en concreto que me empujara a estudiar medicina.  En cambio, algo que sí recuerdo es que me atrajo desde siempre. Antes de empezar la carrera, mi amor por la medicina era un amor platónico, idealizado. Sólo podía imaginar qué sería la medicina, sin ser del todo consciente de lo que en realidad es. Entonces comenzó mi aventura, y la descubrí como algo fascinante y extenuante al mismo tiempo, capaz de hacerme sentir eufórica, frustrada, viva, derrotada, pero sobre todo, afortunada. Cuántas veces, a lo largo de estos años de entrega, he pensado en cómo de perfecta puede llegar a ser la maquinaria del ser humano, y con qué facilidad puede venirse abajo, con qué facilidad la enfermedad puede convertirnos en seres frágiles. Sólo estudiando medicina podría haber adquirido esta nueva perspectiva.

La medicina, tiene en realidad mil caras.  La describiría más como la más científica de las humanidades, que como la más humanística de las ciencias. La medicina te conmueve, porque no se trata de números, ni de términos, ni siquiera del binomio salud-enfermedad; su trasfondo y su razón de ser son el ser humano. En mi caso, si alguna vez tuve dudas acerca de si medicina sería la carrera adecuada para mí, todas ellas se han desvanecido, porque no creo que haya otra carrera que me infunda la misma pasión;  ni la sensación de saber que sé, pero aún no lo suficiente, nunca lo suficiente, que es el leitmotiv de esta obra en que se ha convertido nuestra vida gracias a la irrupción de la medicina en ella. En una de mis películas favoritas, la protagonista recibe el siguiente elogio: “Eres un sueño hecho realidad, llena de vida, de ardor, de encanto”. Pues bien, esto mismo es justamente lo que la medicina significa para mí. 

Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de Sevilla. Hospital Universitario de Valme. 

“¿Qué quieres ser de mayor?”. Yo médico.

¿Y ya has visto muertos? – te preguntan todos cuando saben que has empezado a estudiar Medicina. Te marca. Es algo que señala un antes y un después en tu vida. Se queda la fecha grabada para la posteridad. Porque vas engañado, porque vas creyendo que la Medicina te va a durar (si todo marcha bien) seis años, y la Medicina una vez que entras ya no te deja salir.

Yo me recuerdo de pequeño viendo series de dibujos sobre el cuerpo humano, y a mi padre comprándome los fascículos de la colección, que aún están aquí guardados. Me recuerdo con un microscopio como regalo de Reyes mirando las células de la cebolla o una gota de mi propia sangre. Y creo que siempre lo tuve más o menos claro desde que me empezaron a preguntar “¿Qué quieres ser de mayor?”. Yo médico. Y yo, que conocía la medicina por haber sido paciente desde los 7 años, me empeñé en ponerme al otro lado del fonendo. 
Sí, llevan razón, cuando entras piensas que te has equivocado. Sí, llevan razón, cuando entras piensas que eso no es Medicina. Estadística, Ética, Física, Biología, Historia… Pero los motivos para estudiar Medicina no están en la Licenciatura, ni el Grado. Los motivos para estudiar Medicina no los tienes entre tus apuntes, ni en los libros, ni las horas de estudio para cualquier examen escrito sobre un cartón en el Aula Magna. El principal motivo para estudiar Medicina es la sonrisa del paciente al abandonar la consulta.

Es sacrificado, sí. Pero merece la pena. Sea quien sea el que esté leyendo esto, quiero decirte que merece la pena. No voy a decirte como se estudia la Medicina, ni como son las prácticas en tal o tal sitio, ni como de horrible son los temarios de cada asignatura, porque eso no es lo que cuenta. ¿Tanto importa la nota que acompañe a tu nombre después de cada examen? ¿Para qué? ¿Te hará eso mejor médico? No es mejor médico quien más sabe (aunque no podemos olvidar que es necesario saber Medicina), sino quien mejor comprende al enfermo.

“Nadie va al médico por gusto”, he oído decir alguna vez. Si alguien acude a ti como médico es porque necesita tu ayuda y cree que eres el apropiado para solucionarle, o al menos aliviarle, sus problemas. De nada sirve mucho conocimiento teórico aquí si no sabemos comprender al paciente y ponemos todo de nuestra parte para ayudarle. Eso sí es la Medicina.

No te cuestiones si estudiar o no Medicina por lo que leas u oigas sobre los años que pasas en la facultad. Si realmente quieres dedicar tu vida a ayudar a los demás, este es tu sitio. Porque se consigue. Que sí, que te entiendo, que muchos dicen que es muy difícil… pero incluso quien dice eso acaba siendo médico.

A ti, que has llegado aquí porque dudas si estudiar Medicina o no: Es muy sencillo. Cierra los ojos y piensa “¿Quiero sacrificar mi vida por ayudar a los demás?” Si has respondido que sí, no te lo pienses más.

A ti, que estás estudiando Medicina y has llegado aquí en un momento de frustración. ¡Ánimo! Porque lo acabarás consiguiendo, porque aunque sea duro sabes que es el camino para el futuro que quieres, porque cuando termines de estudiar en la Facultad te darás cuenta que esto no ha hecho más que empezar, lo mejor aún está por llegar.

A ti, médico (o casi, si eres de sexto). No olvides nunca que es el paciente el que ha venido a pedirte ayuda. Que te necesita, y que espera mucho de ti. Trátalo como se merece y haz que la Medicina no sea sólo Química y Biología, porque vas a tratar enfermos, no enfermedades.

¿Por qué estudiar Medicina? Porque cuando tengas la sensación de que has sido útil para ayudar a alguien que lo necesitaba no la vas a olvidar jamás.

“El más grande de los exámenes no es escrito, es el que se hace a la cabecera del enfermo”
ASG Estudiante de Medicina de la Universidad de Sevilla. Curso 2013-2014.

Sí has decidido estudiar medicina, lo que si te puedo decir, y créeme que te lo digo de corazón, es que, con los años, te darás cuenta de que, sin saberlo, estabas tomando la decisión correcta.

No soy la persona más adecuada para convencerte de que estudies Medicina. No soy la más indicada para decirte que, desde un principio, luches por lo que quieres, porque yo, cuando estaba en tu situación, no lo sabía. Nunca tuve motivos para entrar en Medicina, simplemente fui una de las afortunadas con cabeza y muchas horas de estudio a la espalda cuya nota daba para entrar, y eso, sumado a la indecisión del momento, me hizo solicitar esta carrera.

Lo que si te puedo decir, y créeme que te lo digo de corazón, es que, con los años, te darás cuenta de que, sin saberlo, estabas tomando la decisión correcta. Y aunque te llevará los tres primeros cursos, y unos cuantos suspensos, no te rindas, comenzarás a ver la luz.

Yo llegué aquí, a Sevilla, hace exactamente 5 años y medio. Dejé a unos cuantos cientos de kilómetros toda esa vida que me había costado 18 años formar (con mucho esmero) y me vine completamente sola. No conocía a nadie, ni tenía ningún apoyo, pero eso nunca fue un problema. Este será el mayor consejo que te daré: nunca serás nadie si no estás bien rodeado, si no tienes cerca a personas que te apoyen incondicionalmente y que sufran en tu lucha como el que más. Y por mi parte, de buenas gentes voy sobrada. Gracias a ellos estoy a unos meses de ser MÉDICO y, aunque no lo sepan, ni se lo recuerde muy a menudo, gran parte de este camino se lo debo a ellos.

Y es que la Medicina te va a aportar todo aquello que necesites en tu vida: la autoestima suficiente para saber que, si has podido con esto, puedes con cualquier cosa. La fuerza para seguir adelante después de todos los pasos que ya has dado. El valor para enfrentarte a lo que te venga, la sabiduría para conseguir lo que te propongas, la paz de saber que ayudas a todo aquel que puedes. Las emociones de acompañar a personas en su estado más vulnerable, de saber que te agradecen todo y más, de conseguir sacarlos para delante. El orgullo de saber que hay gente que, sin conocerte, te agradecerá el resto de su vida lo que hiciste por su padre, su hija, su marido… Te dará alegrías, te dará disgustos, y habrá días en los que será mejor no haberse levantado… Pero también habrá días grandes, días en los que hagas feliz a muchas personas, simplemente con un tratamiento, unas palabras adecuadas en el momento justo, un gesto de compresión o una muestra de que, siempre que puedas, estarás a su lado. Y creo que, por todo eso, merece la pena más que de sobra que empieces esta aventura. Querrás llorar, querrás abandonar y echarte atrás, y te acordarás de mí y del maldito día en que mis palabras te motivaron para elegir tu futuro. Pero entonces, en alguna práctica, subirás al hospital y algún paciente te sonreirá, y te dará las gracias simplemente por haber ido a su habitación a ver qué tal va, y te dirá “seguro que vas a ser un gran médico”. Y todas esas horas de estudio, todas esas lágrimas derramadas, todos esos nervios sufridos, habrán pasado a ser historia. Y te sonreirás, y te acordarás de cuando te dije “no desesperes, créeme, estas tomando la decisión correcta”.
Alumna de 6º curso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Me gustaría poder recordar siempre estos momentos y nunca olvidar que yo también fui ESTUDIANTE, si algún día tengo alumnos poder brindarles las mejores prácticas posibles, ya que esto puede ser un aliento como lo fue para mí en medio de tanto estudio.

Desde temprana edad ya decía que quería estudiar medicina, pero claro esto dejó de ser la típica tontería que va diciendo un niño, cuando empecé a profundizar en biología en el cuerpo humano y comenzó a fascinarme el funcionamiento de este. Por otro lado, también tenía la inquietud de poder ayudar a las personas más desfavorecidas o con problemas, y descubrí que la medicina reunía todo a lo que yo quería dedicar mi vida. Así que llegado el momento de hacer la prescripción para universidad solo puse medicina porque tenía muy claro que esto era lo que quería.

Empezaron las primeras clases, los primeros momentos de estrés, muchas prácticas al microscopio, asignaturas no menos importantes pero quizás no tan atractivas como deseara, así un largo recorrido hasta llegar a sexto curso.

Ahora mirando hacia atrás veo que mi etapa como estudiante ha sido una montaña rusa ha habido momentos de todo tipo, esos momentos desagradables como: cuando te hartas de  estudiar, conoces bien la materia pero la calificación es buenas; prácticas a las que vas con toda la ilusión del mundo y tienes la misma función que un mueble de la consulta, momentos en los que ves que el sistema de organización de prácticas y asignaturas son un caos y siempre los que salimos perjudicados somos los alumnos, etc.

Pero por encima de todo, me quedo con los buenos recuerdos que son los que hacen que merezca la pena luchar y continuar en este maratón con obstáculos. Por ejemplo, amigos con los que compartes conversaciones “superfrikis” con términos que hacen unos años te hubieran parecido chino, amigos que te animan y comparten contigo los momentos de malos. Las primeras historias clínicas, lo bonito que es relacionarte con los pacientes y descubres que puedes llegar a recoger mucha información interesante y acercarte a un diagnóstico dándole sentido a todas horas de estudios, y miles de momentos así que suceden en las prácticas.

Para terminar me gustaría poder recordar siempre estos momentos y nunca olvidar que yo también fui ESTUDIANTE, si algún día tengo alumnos poder brindarles las mejores prácticas posibles, ya que esto puede ser un aliento como lo fue para mí en medio de tanto estudio. Por otro lado, nunca olvidar la esencia que me llevo a este camino, que es el amor a las personas y ayudarlas en todo lo posible.
Alumno de 6º curso del Hospital Universitario de Valme de la Universidad de Sevilla.

Para mí ser médico es una forma de ser, de preocuparte por los demás, de tener una oportunidad de ayudar a otras personas cuando más lo necesitan, de que tus conocimientos puedan serles útiles a alguien.

Después de tantos años de carrera cuesta un esfuerzo poner mirar atrás para recordar que nos ha llevado hasta aquí. La verdad llegado este punto parece que ha quedado olvidado, aunque realidad, cada uno lo lleva interiorizado sus propios motivos, su propio transcurso de años de estudio, o valores que espera alcanzar en la profesión de médico. Y yo ahora estaba contenta de  haber llegado a la parte final, de cumplir una meta, tengo que rememorar no sé ni por dónde empezar.

Aparentemente algunas personas dirán que desde anteriormente a lo que yo recuerdo, pero para mí parte de otro punto más lejano,  parte desde mis quince años, lo tenía más que claro, quería estudiar Medicina.  Lo tenía decidido, es más era el único futuro que veía en mi camino, así que me puse manos a la obra, cambie de instituto, me apunte a clases particulares, y todo para llegar la ansiada nota de corte.

Después de conseguir acabar satisfactoriamente la selectividad, quedaba la época de las inscripciones, y llego final de agosto y aun no tenía respuesta de ninguna de todas las universidades del país, solo enormes listas de espera de suplente numero quinientos. Pero bien con mucha paciencia y algo de suerte entre en una las universidades, que tenía en mente y no muy lejos de mi ciudad.

La verdad no sé si mis motivos una vez finalizada la carrera se parecerán en algo a aquellos que me llevaron hasta aquí. Desde pequeña siempre he  sido muy observadora y he tenido curiosidad por aprender todo aquello que me fuera nuevo o desconocido. Uno de mis dibujos animados preferidos era precisamente ”El cuerpo humano”,  y me doy cuenta de que las cosas no han cambiado mucho desde entonces, me sigue encantando estudiar el funcionamiento del cuerpo humano.

Me gusta porque es una ciencia dinámica, dónde siempre hay nuevas retos, investigaciones y descubrimientos, dónde se trabaja cada día para conseguir avances en el tratamiento y el cuidado de los pacientes, dónde se intenta mejorar en la calidad de vida de las personas.

Para mí, medicina es una carrera de tantas que pude haber escogido, una profesión de tantas, como tantas personas hay en el mundo, y no creo que por muy médicos que todos seamos,  nos comportemos igual en una consulta.

Para mí ser médico es una forma de ser, de preocuparte por los demás, de tener una oportunidad de ayudar a otras personas cuando más lo necesitan, de que tus conocimientos puedan serles útiles a alguien. Es más que tener una memoria de elefante, que es capaz de retener un número indefinido de conceptos y porcentajes. Es ser empático con los demás y saber cómo tratarlos y saber lidiar con sus problemas, como te gustaría que se comportaran contigo.

Para mi esta es la única forma de hacer medicina que se me pasa por la cabeza, y cuando observo otras formas que no se acercan a lo que yo siento que debe de ser, es cuando se convierte en una forma de trabajo como otra cualquiera.

Alumna de 6º curso de Medicina del Hospital Universitario de Valme. Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.

Los motivos que te llevan a elegir esta carrera son las ganas de ayudar, de ser útil a la sociedad y a los demás, y vivir cada día aliviando el sufrimiento y enfermedades de los otros. Pero todo sería mucho más fácil si siempre tuviésemos estos motivos presentes.

La motivación de un estudiante de Medicina es una auténtica montaña rusa a lo largo de la carrera en la Universidad y supongo que a lo largo de la carrera profesional una vez terminados. 

Los motivos que te llevan a elegir esta carrera son las ganas de ayudar, de ser útil a la sociedad y a los demás, y vivir cada día aliviando el sufrimiento y enfermedades de los otros. Pero todo sería mucho más fácil si siempre tuviésemos estos motivos presentes.

Esa es la teoría, creo que muchos entramos aquí por esas razones o similares, el caso es que a lo largo de los 6 años, esos motivos se olvidan muchas veces y cambian. De la ilusión del recién llegado alumno de Primero se pasa al cansancio del primer ciclo del alumno de Tercero, que vuelve a cargarse de ilusión cuando por fin llega al hospital en Cuarto, pero que poco a poco se va cansando en esta carrera de fondo. 
Lo más importante es sin duda no perder de vista la meta, tener siempre presente aquello que te motivó a entrar, tener claro que si no estuvieras en esta Facultad, no te verías en otras; porque por mucho cansancio y sacrifico que se pase, creo que vale la pena, y por más que muchas prácticas te defrauden por culpa de algunos médicos que no te echen cuenta, los pacientes siempre estarán ahí encantados de que les hagas la historia clínica, porque un rato de charla con los estudiantes a veces les da la vida.

Además, a lo largo de la carrera descubrirás que se pueden hacer las cosas mejor, que se puede mejorar el trato a los estudiantes, que la Medicina se puede enseñar mejor, que se puede motivar más a los futuros médicos para que sean excelentes en su profesión. Esto te motiva aún más a seguir en tu camino, llegar lejos y cambiar lo que no te ha gustado, para que las promociones que vienen detrás puedan disfrutar de una Medicina todavía mejor.

Por eso, después de 6 años, aunque esté cansado de estudiar, si tuviese que volver atrás, volvería a elegir la carrera, porque creo que invertimos 6 años en una carrera que nos va a devolver lo que le hemos dado con creces y porque mi relación con la Medicina no ha hecho más que empezar.
Alumno 6º curso Medicina Hospital Universitario Virgen de Valme. Facultad de Medicina de Sevilla. 2013-2014.

Un médico no nace, sino que se hace. Se hace bajo el deseo de evolución, de luchar contra las enfermedades y los males y en medida de lo posible retrasar la propia muerte.

Nunca he sido muy consciente del camino que me ha traído hasta aquí, pero sin embargo aquí estoy, a punto de terminar uno de los retos más importantes de mi vida.

Digo que estudiar medicina se ha convertido en un reto porque así lo he sentido yo. A pesar de lo que los ajenos pueden pensar, las horas de estudio no son lo peor, como tampoco lo son la sangre, las colostomías o los sondajes vesicales. Lo peor sin duda que me he encontrado a lo largo de este camino ha sido el enfrentarme cara a cara a la muerte, esto que parece un tópico, fue una experiencia que jamás voy a olvidar en mi vida y quiero compartirla:

El primer día de prácticas de patología médica, una asignatura que se imparte en el curso de tercero, subí a la tercera planta de Hospital Virgen Macarena. Me había tocado con uno de los mejores médicos de prácticas según decían y yo no sabía muy bien a qué se referían al decir aquello. Sin embargo pronto lo descubrí: un día pasando planta junto al médico él me advirtió: “esto es tan básico en la formación de un médico como lo es saber los valores normales de una gasometría”. Entré en la habitación y allí contemplé varias enfermeras y como unos familiares lloraban y otros se abrazaban. Al llegar a la paciente permanecí al lado del médico temeroso de lo peor. Sin embargó la paciente vivía, pero no por mucho tiempo más. Comprendí el concepto de limitación del esfuerzo terapéutico que tanto habíamos estudiado en los apuntes. Y allí fue entonces donde vi morir a un paciente al que le había llegado su hora.

He querido contarlo porque el hecho fue algo que me marcó profundamente. Aprendí dos cosas aquel día: que la muerte no es un proceso pasivo en el que el cuerpo muere sin más, sino que lucha por la vida y que no me había equivocado en absoluto en elegir aquella carrera. Ahora creo que un médico no nace, sino que se hace. Se hace bajo el deseo de evolución, de luchar contra las enfermedades y los males y en medida de lo posible retrasar la propia muerte.

Morir es Final, The End, Game Over. Saberlo me da fuerzas para seguir, para intentar hacer feliz en la medida de lo posible a aquellas personas que me necesiten, conocerles, enseñarles, aprender de ellas, socorrerlas, mejorarlas y cuando llegue ese final sentirme orgulloso de lo que soy y he sido.

Alumno de 6º 2013-2014 de la Facultad de Medicina de Sevilla. Hospital Universitario de Valme. 

El buen médico debe de tener trasfondo humano, aquel que no sienta amor por sus enfermos, aquel que no sienta rabia y trate de evitar el sufrimiento ajeno, que no emprenda este camino.

Ahora cuando estoy en lo más alto de esta escarpada escalera que supone la carrera de medicina, es cuando me doy cuenta de que esto es solo el principio.

La inquietud que despierta en mí este mundo no ha hecho sino crecer desde que comencé este viaje hace ahora seis largos años. La medicina es un mundo lleno de pasiones y de interrogantes, es un estudio donde te descubres a ti mismo a la vez que aprendes a comprender a los demás, al mundo que te rodea.

Podría dejar aquí escrito una lista interminable de bondades de la carrera médica, pero en mi opinión aquello que me ha ayudado en especial es la certeza de estudiar una ciencia diferente: aquí no hay nada exacto ni inamovible, todo tiene un sentido y a menudo es oculto. Los seres humanos hemos descubierto universos distantes pero no sabemos nada de nosotros mismos.

La medicina estudia a las personas, no sigue normas, cánones ni ecuaciones. Trata a padres, amigos o hermanos. Es la única disciplina que trabaja por el amor, que lucha por los bienes intangibles: la felicidad, la comprensión, la libertad.

Los estudiantes de medicina somos los estudiantes más atípicos, no solo por el hecho del trabajo diario que te exige esta formación sino porque la medicina no se estudia: se vive. El buen médico es interdisciplinar, debe tener conocimientos ya que de nosotros depende la vida de otros, esto solo se puede conseguir durante los largos días de estudio. Además ha de tener ojo clínico, la única manera de conseguirlo es ir cada mañana al hospital, abrir bien los ojos y la mente, aprender de quien pueda y más infrecuentemente quiera enseñarnos.

Por último el buen médico debe de tener trasfondo humano, aquel que no sienta amor por sus enfermos, aquel que no sienta rabia y trate de evitar el sufrimiento ajeno, que no emprenda este camino.

C.A- Hospital Universitario Virgen de Valme 2008-2014.