Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Cuando llegué a tercero y empecé a ver pacientes me di cuenta de que me había metido en un buen lío. Sentía que no había aprendido nada, que no sabía nada y me llevaba algún que otro palo por ello… pero en realidad había aprendido mucho

Nunca tuve un flechazo por la medicina, nunca me interesó demasiado, ni siquiera pensaba a lo que me dedicaría en el futuro. Soñaba con muchas cosas eso sí pero nunca me tomé en serio plantearme qué profesión escogería. Por mi mente pasaron muchas opciones: ingeniería de telecomunicaciones, música, filología… pero siempre por defecto me veía enfocado en algo que se dedicase al estudio de la vida ¿biología quizás? Era mi opción estándar, teniendo en cuenta que me tenía que decidir por algo. Me atraía mucho el estudio de la vida, de cualquier forma de vida: mamíferos, reptiles, peces, bacterias, nanobios incluso exobiología… pero en definitiva,  aunque me atraía, no me quería etiquetar. Lo veía demasiado precipitado pero no quedaba otra opción, a los 17 años tenía que decidirme por aquello a lo que me dedicaría el resto de mi vida. Y claro, uno saca una buena nota en selectividad y comienzan las dudas ¿escojo biología?

Sin embargo, lo que uno estudie en la carrera no va a marcar el grado de conocimientos que uno quiera abarcar para toda la vida, tengo todo el tiempo por delante para estudiar biología, para dedicarme a aprender idiomas, algo que me apasiona o para aprender a programar. Y uno tiene que marcar la diferencia entre profesión y afición. Tal vez por marcar esa diferencia la medicina desbancó a la biología hasta el punto de que un día precipitadamente decidí no complicarme más la vida y puse medicina en Sevilla como una única opción.

¿Y qué me aportaba la medicina como para dar ese cambio tan radical? ¿Qué me aportaba una opción que nunca había considerado seriamente? Pues no sólo estabilidad, también ese conocimiento por la vida pero sobre todo algo muy importante, la satisfacción de sentir que estás ayudando a alguien. Esto último es para mí lo que significa la vocación, ese concepto etéreo que nunca me ha gustado usar, porque para mí no existe la vocación de ser médico, existe la vocación de querer ayudar a los demás. Hay muchas formas de ayudar a los demás y la medicina es una de ellas.

Así que me enfrasqué en esta aventurilla sin saber muy bien lo que estaba haciendo. De hecho no me gustaba tanto, estudiaba e intentaba aprobarlo todo por inercia, como siempre había hecho, pero sabía que a la semana de haber hecho x examen casi no me iba a acordar de nada…  y no me importaba. No sabía muy bien lo que estaba haciendo. La culpa es principalmente mía claro está pero como muchos señalamos también tiene parte de su culpa el sistema académico, no te incentivan a estudiar todos los días, sólo a estudiar para aprobar exámenes. Por eso cuando llegué a tercero y empecé a ver pacientes me di cuenta de que me había metido en un buen lío. Sentía que no había aprendido nada, que no sabía nada y me llevaba algún que otro palo por ello… pero en realidad había aprendido mucho, sólo que no me daba cuenta. De repente me vi ante una cantidad tan masiva de información que parecía tanto y tan poco al mismo tiempo. Unos días creías controlarlo todo, otros días te sentías completamente inútil. Y empezaron las dudas ¿he hecho bien en meterme en medicina? Tus amigos te empezaban a hacer preguntas que tú no sabías responder, empezaban a confiar en ti, a contarte sus problemas… y sin embargo yo me veía más tiempo dedicándole a otras cosas que a mi propia carrera. Incluso en 4º me veía aún muy lejos de ser médico, no me lo tomaba en serio, no había perdido las malas costumbres. A uno incluso se le pasa por mente la idea de abandonar. Pero en definitiva pocos son los que abandonan, sobre todo cuando ves que en un abrir y cerrar de ojos te encuentras ya al final de la carrera y la presión de tener casi la marca de “soy médico, te puedo ayudar” rotulada en la frente.

Y al final a uno le gusta ese desafío, cuando ves que por arte de magia, cuando creías que no sabías nada, te das cuenta de que sabes un poco más de nada y puedes responder cosas y la sensación de haber resuelto dudas, de comprender qué le puede estar pasando a una persona e incluso de ayudar a alguien con lo poco que sabes engancha. Y así fue como empecé a tomarme más en serio la carrera, a estudiar por gusto incluso leyéndome el Harrison cuando no había ningún examen de por medio.” Lástima que no le haya dedicado más tiempo a la carrera”, terminé pensando como terminé diciendo, y con convicción algo que jamás pensé que diría: “no hay nada más bonito que la medicina”.

Así que al final lo que ha hecho que no me arrepienta de haber escogido esta “etiqueta” no han sido los libros ni han sido las clases, han sido las personas, lo agradecida que se muestra una persona que pide tu ayuda, que confía en ti y a la que terminas ayudando, algo que hasta ahora he vivido casi exclusivamente de forma indirecta pero que dentro de muy poco, espero, viviré plenamente en primera persona.
Alumno de 6º de Medicina. Hospital Universitario de Valme.

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