Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


¿Volvería a empezar esta carrera de nuevo sabiendo lo que ya sé hasta ahora?

Definitivamente SÍ, incluso podría afirmarlo con más seguridad que cuando en su momento decidí seguir este camino. Aunque siga existiendo en mí la base fundamental de mi personalidad, la persona que ahora mismo soy es bastante diferente a la que era hace ya unos años, y a pesar de las experiencias vitales que hayan podido hacerme cambiar y madurar durante estos años, evidentemente mi vida se ha visto muy influenciada y marcada por la carrera de medicina. Me gusta llamarla “carrera” porque básicamente la considero como tal, una carrera en la que no sólo depende de ti llegar al final, pues aunque sea un factor fundamental, existen una serie de factores externos (como los profesores, la institución en sí de la Universidad de Sevilla, la mala organización de la facultad, los compañeros, la familia, etc.) que pueden dificultar mucho la llegada, incluso en algunos casos hacerla casi imposible o insoportable.

Como ejemplo ilustrativo de cómo era mí “yo” de aquella época, voy a explicar cómo era mi situación antes de comenzar la carrera y cómo fue el inicio de la misma: Yo soy la menor de tres hermanas, siendo mucho menor de hecho. Por esto quizá he sido la más sobreprotegida, la típica “niña” de la familia que aun perteneciendo a una familia de clase media prácticamente lo he tenido todo incluso antes de pedirlo, así que cuando dije que quería estudiar medicina (al igual que mi hermana) mis padres hicieron todo lo posible por apoyar mi decisión. 

Me he preguntado muchas veces si esta decisión estuvo influenciada o no por el hecho de que mi hermana fuese médico y pienso que seguramente sí, por lo que mi vocación hacia esta carrera no ha sido la típica de muchas personas que desde pequeños dicen que quieren ser médico, sino que fue una decisión tomada ya al empezar bachillerato.

Cuando llegó el momento y elegí medicina tras aprobar selectividad, me encontré con que sólo podía ir a la facultad de Cádiz, así que tras la tremenda decepción, pues yo soy de Córdoba, me vi semanas más tarde con mis 17 añitos camino de Cádiz. La cuestión es que pasadas unas semanas y con el curso ya empezado me llamaron de Sevilla por si quería ocupar una plaza que quedaba libre y acepté. Me gustaría que os imaginarais el trastorno que todo esto pudo suponer para mí, pues de vivir en casa de mis padres pasé a vivir en dos ciudades totalmente desconocidas para mí en cuestión de dos meses y tener que volver a hacer amigos en Sevilla tras haberlos hecho previamente en Cádiz, además de que como el curso en Sevilla había empezado antes, me faltaban apuntes, los compañeros ya tenían sus pequeños grupos sociales, etc. Para colmo, solo encontré sitio en una residencia de estudiantes femenina (de monjas) donde me instalaron en una habitación de una monja que había muerto días antes en una zona incomunicada de las demás estudiantes. 

Creo que no tengo que mencionar la de veces que lloré, lo sola que me pude sentir y la de veces que estuve a punto de abandonar, volver a casa con mis padres y estudiar cualquier otra cosa. La cuestión es que tras este momento tan trascendental en mi vida, pasadas unas semanas, mi manera de ser dio un cambio radical y la niña vergonzosa y asustadiza que empezó a estudiar medicina hoy en día es una futura médica, pues como bien dice mi madre: “tropezar y no caer es adelantar camino”.

Cristina Remedios Miras Sánchez. HUNSV.

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