Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Tener la capacidad de poder curar o al menos aliviar la enfermedad de una persona es algo que me llena más de lo que imaginé

Mis motivos iniciales para estudiar Medicina fueron sencillos, y en parte los esperables en una chica de 17 años: quise estudiar Medicina por la categoría y el supuesto reconocimiento social que conllevaba. Me parecía una carrera con una buena salida profesional y que además yo pensaba que tenía cierto status en la sociedad (cosa que poco a poco vi que no era cierta, ya que en España el Médico está casi sometido al paciente, mientras que la relación Médico-Paciente debería ser de iguales y no de autoridad ni por parte del Médico ni por parte del Paciente)

Mi entrada en la Facultad de Medicina fue una sensación agridulce: estaba ilusionada porque iba a estudiar lo que había elegido, sin embargo, esa alegría duró poco debido al desencanto que llegó cuando vi que el plan de estudios y el sistema educativo que ejerce la Universidad de Sevilla no es funcional, no sirve para que aprendamos Medicina, sirve para que memoricemos y nos busquemos la vida si queremos aprender a hacer algo.

Algunas prácticas durante la carrera han sido completamente inútiles, aunque también ha habido otras (normalmente las de Médica) que me han servido de mucho. Ahí es cuando todo mejoró en cierto modo. Entrar en el segundo ciclo de la carrera implicaba prácticas en el hospital, que nos habían sido negadas durante los tres primeros años.

Entrar en el Hospital a hacer prácticas era un mundo nuevo. Te das cuenta que no solo tratas una enfermedad, no solo tienes que interpretar unos signos y síntomas y llegar a un diagnóstico certero, estás tratando con una persona, igual a ti, con sus problemas y alegrías, y no solo eso, sino que esa persona está poniendo su salud en nuestras manos. El trato humano fue lo que más me sorprendió. Hay que implicarse, y sin embargo debemos tener claros ciertos límites. En el hospital, junto a los pacientes y los médicos es donde de verdad empecé a sentir que estudiaba medicina, y lo más importante, descubrí que mis motivos iniciales se quedaban obsoletos. Aprendí que quería ayudar a la persona al completo, que una palabra amable hace a veces más que un fármaco.

A día de hoy, reafirmo mi decisión de estudiar Medicina, si bien mis motivos al comienzo eran otros, ahora son mejores. Tener la capacidad de poder curar o al menos aliviar la enfermedad de una persona es algo que me llena más de lo que imaginé. Y aunque no comparto la organización del Sistema de Salud Español, no por ello perderé la ilusión en la Medicina. A día de hoy mis expectativas de futuro es poder ejercer la Medicina de la forma más plena posible. Quiero por ello ir a Alemania o algún otro país con mejores condiciones que España, que últimamente en Sanidad y en todo no anda demasiado bien.

Este es sin duda el trabajo que más me ha gustado hacer, pocas veces se nos da la oportunidad de hacer una reflexión y retrospectiva acerca de lo que hemos hecho y hacemos. Nos centramos solo en los exámenes y no nos paramos un momento para ver dónde hemos llegado y a dónde queremos llegar.
Amara Aladel Ponce. 6º Medicina HUVV

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