Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Quiero ser MÉDICO, sí eso significa poder cambiar en algo (muy poco, lo sé) la realidad.

Siendo sinceros.

Siendo sinceros, las razones que mueven nuestras inquietudes, deseos, metas, ¿intereses?, son habitualmente de lo más corrientes, vulgares, ¿predecibles? Quizás este punto de vista, esté totalmente condicionado por una falta de confianza notable en la filantropía INNATA, y este es el mismo tema. 

Yo, no empecé medicina porque: me gustaba la gente, quería ayudar, quería hacer algo por el mundo, soy un beato de la vida... Yo comencé medicina porque estudiar medicina es guay, me va a solventar el futuro económico, voy a saber mucho, seré alguien respetable; y además, mi padre es médico, ¿acaso existe otra cosa que no sea MEDICINA?: No hombre no...¡es lo mejor para ti, hijo mío! ¿Qué vas a ser si no, artista? Bien, por eso empecé a estudiar medicina. Y digo, empecé. Ciertamente, me resulta complicado creer que un/a postadolescente de 18 años recién cumplidos, SANO/A, sin ningún PROBLEMA reseñable hasta esa fecha, empiece a estudiar medicina por alguna razón distinta que no sea la que yo tuve en su momento. ¿Hasta dónde llega nuestra sensibilidad humana en ausencia de sufrimiento ajeno, y sobre todo propio? Creo, no demasiado lejos. ¿Cómo me va a indignar una sensación, somática o psíquica, que sólo conozco (y muy de pasada) cognitivamente? Difícil, ¿imposible?: bueno, alguno habrá... no fue mi caso.

Año 1, comienzo medicina y la medicina es desbordante. Asistes a las clases: entiendes 2 cosas: una sobre la proteína quinasa A, y otra sobre los canales de sodio/potasio. Incluso, aprendes a decir "sincitiotrofoblasto". Y ya eres médico "de facto" o al menos, para tus amigos, y para esa chica de la biblioteca que te gusta, y eso es muy importante; lo que más. Exámenes. Más clases. Prácticas de laboratorio. Sala de disección. Más exámenes. Patología general: bien, se te baja el subidón. Realmente, no tengo ni idea. Prácticas de patología general: bien, realmente soy una nulidad.  Comienzas a ver enfermos, pacientes, "padecientes". Ahora sí. La planta del hospital: olores, familiares en los pasillos, pasillos sin familiares y además, personas que esperan que tú solventes su problema, sea el que sea, no importa.

La cosa cambia: es la hora de mirar frente a frente al sufrimiento. Ver llorar por un diagnóstico, ver sufrir, ver morir, ver la desesperación por lo que se acaba: hoy, mañana, en 6 meses... Y ver, que tu residente o adjunto puede hacer algo para mitigarlo, ¡incluso para prevenirlo!: consejos dietéticos, fármacos, cirugía, rehabilitación, bronca por fumar... Todo vale para que la sangre no llegue al río.

Ahora sí: nace mi vocación. Empiezo a entender el diálogo: persona-padecer. Uno con el otro: se ignoran, encuentran, distancian, chocan... Voy ENTENDIENDO medicina, sin el "la" delante, porque se aprende en muchos sitios: en cómo nos dice "buenos días" el enfermo, y en cómo gesticula (o no gesticula) cuando le auscultamos. Soy consciente: esto me llevará toda una vida pero estoy dispuesto a llevarla. 

Está bien: estudiar merece la pena si es para esto. ¿Podré aumentar la dignidad humana en mi pequeño círculo de actuación?, ¿en mí mismo?, ¿aunque sea en algo? Me comprometo. Lo voy a intentar. La verdad es que cada día digo con menos entusiasmo que estudio medicina; dentro de muy poco, incluso podré decir que soy médico. Pero no es para mí un orgullo social, poder lucir tan solemne distinción; con todo, quiero ser MÉDICO, si eso significa poder cambiar en algo (muy poco, lo sé) la realidad sufridora y "padeciente" que he visto hasta el momento.  Soy consciente del efecto placebo de la figura del sanador, pero aún así, creo que estamos viviendo una época de cambio en este sentido. Un tiempo en el que cada persona se hace protagonista, y sobre todo responsable de su salud; al fin y al cabo, sólo a ella le pertenece. Sería de desear que nuestra labor en un futuro fuera mucho más encaminada a este tipo de objetivos; espero, no como un acto de cobardía, sino como una verdadera confianza en la actitud del paciente, incluso en la del no-paciente.

Esta mañana, pregunté a mi adjunto dónde estaba la historia de la paciente de la habitación 808-1: mujer, 44 años, neoplasia de mama, metástasis cerebral, cuidados paliativos.
Murió ayer por la tarde. ¿Detrás de todo esto? Sufrimiento. Humano. 
Bien, ahora sí: la MEDICINA comienza a gustarme. Merecerá el esfuerzo. Seguro.

Alumno de 6º curso de la Facultad de Medidicna de la Universidad de Sevilla.

1 comentario:

  1. estudié medicina, tengo mi titulo y siempre he dicho trabajo de medico, es un trabajo mas...
    mi opinion el trabajo que mas te enseñara en la vida y el que mas recompensa te dara...

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