Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


No sólo se aprende de los libros, cada paciente es una persona única que también te enseña a ti

Corría finales de año de 1989 cuando mi madre me trajo a este mundo y creo que desde ese momento, cuando aún pendía de mí el cordón umbilical y ni siquiera había puesto en práctica el reflejo de succión, ni tampoco había pasado todavía el primer examen de la vida, el test de Apgar, yo ya quería ser médico.

No parece lógico pensar de este modo, pues se preguntarán ustedes que cómo puede ser eso posible, que una criatura recién nacida tome tan prematuramente una decisión de semejante calibre. Quizá algunos piensen que lo llevaba en los genes, lo cual es una explicación bastante plausible, pero no, no es la respuesta, pues nadie de mis ancestros fue médico, ni galeno, ni matasanos ni tan siquiera cirujano. ¡Ojo!, yo tampoco sé la respuesta, no sé por qué a tan pronta edad tomé esa decisión. Lo que sí puedo decirles es que el único peluche que me gustaba era uno vestido de médico; que los juguetes que pedía por cumpleaños y Reyes eran fonendos de plástico, batas blancas y  jeringas de goma; que cuando se me moría un hámster o me encontraba algún animal muerto por el campo, no dudaba en hacer mi propia “autopsia” para ver los órganos de los pobres animales; que incluso me atreví a ir al osario del cementerio para ver huesos humanos; que en ciencias y biología no bajaba del diez en el instituto…

Evidentemente, cuando hice la preinscripción para la universidad, no lo dudé ni un solo instante: primera opción MEDICINA, segunda opción NADA, pues habría repetido selectividad mil y una veces si hubiera hecho falta por tal de hacer esta carrera. Mi meta no era ni más ni menos que ser médico, con todo lo que eso conlleva, es decir no tenía la pretensión de ser un nuevo Galeno y formalizar toda la medicina anterior a mí, ni hacer descubrimientos tan importantes como el de William Harvey, ni tampoco inventar alguna vacuna, como hizo Edward Jenner con la de la viruela. ¡Nada de eso!, lo que yo pretendía era tener el conocimiento suficiente que todos estos personajes nos han hecho llegar a lo largo de los siglos para tener una profesión en la que levantarme cada mañana y tener a alguien esperándome a quien poder atender, no sólo al que explorar y diagnosticar, sino también al que animar, consolar o esperanzar; no sólo al que tratar y seguir, sino también con el que empatizar y del que aprender, pues no sólo se aprende de los libros, cada paciente es una persona única que también te enseña a ti.

Sin duda si volviese atrás, tomaría la misma decisión que ya tome hace algunos años. No hay nada que me guste más que ser médico y de esto me siento hoy más orgulloso que nunca.

Alumno de 6º del Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme. Curso 2012/13

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