Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


La niña que llevo dentro

Todo empezó siendo una niña. No, un momento. Creo que no recuerdo cómo ni cuándo se encendió en mí el deseo de ser médico. Es más, lo recuerdo desde siempre.

Supongo que no puedo decir que lo haya heredado, pues nadie en mi familia es médico, ni nada que tenga que ver con el mundo sanitario. Quizás tenga más relación con mi extrema sensibilidad y mi afán por ayudar a construir un mundo más humano.

Cuando era más pequeña y en las noticias salían los niños que no tenían ni para comer, bombardeaba a mis padres con un sinfín de preguntas: ¿por qué pasan hambre niños como yo?, ¿nadie les da de comer?, ¿por qué lloran?, ¿no juegan?, ¿no tienen amigos?, ¿no los quieren?... y así hasta que siempre concluía con la misma pregunta: ¿nadie les puede ayudar?.
Entre llanto y enfado con el mundo me decía a mí misma: “algo tengo que hacer”, “debo ayudarlos”, “no quiero verlos llorar”…

Conforme he ido creciendo, la misma base sigue ahí, sólo que también he comprendido que una única persona no puede “arreglar” el mundo. Que después de veintitantos años, siguen existiendo la pobreza y el hambre por un parte y, riquezas y bien vivir por otra. Que para poder hacer algo tengo que formarme como persona, implicarme y conocer la política, la economía, pero sobre todo, la vida de la calle, las experiencias con el mundo que me rodea y, en definitiva, estar en la realidad en que vivimos. Profundizando en esto día tras día ya puedo poner mi granito de arena y luchar por andar un pasito más hacia adelante.

¿Y por qué medicina? Me pregunto muchas veces. Pues pienso que es una profesión muy humana y que puede ayudarme a dar respuesta a las innumerables preguntas, a llegar a todas y cada una de las personas con las que trate. No pretendo curar ni ser Dios, sino ser un poco más persona y derramar un poquito de mí. Una vez puesta la semilla, algún día brotará algo.

La pediatría, en concreto, es la especialidad que he querido. Los niños son nuestro futuro y necesitan que se les enseñe. Me conmueve la situación de esos niños, que a pesar de tanta hambre y tanta desolación, sonríen. Hay tanto que aprender en esta vida, de esa inocencia, de esa felicidad incondicional.

Y así, como una niña, conforme pasan los días, aprendo un poquito más sobre la vida, sobre cada momento, con los 5 sentidos puestos, empapándome como una esponja, llena de ilusiones y dispuesta a rebosar de alegría para lograr dar un tono más intenso y algo más de color a la vida.

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