Los alumnos de la Facultad de Medicina de Sevilla reflexionan sobre las razones y las emociones que los motivan para estudiar medicina. Se invita a participar en el mismo a estudiantes de otras Facultades de Medicina u otras personas interesadas en participar en el mismo con sus comentarios (Students of the Faculty of Medicine of Seville reflect on the reasons and emotions that motivate them to study medicine. Are invited to participate in the students from other medical schools or other interested persons to participate in it with your comments). (Pablo Bonal Pitz).


Nada pasa porque si.

Así podría titular mi aventura hasta llegar a Medicina.
Siempre fui una niña curiosa. Todo me llamaba la atención. He querido ser bióloga, abogada, geóloga, arquitecta,… y todas las profesiones que uno se puede imaginar. Lo único que tenía claro era que iría a la universidad y ¡que no sería médico!.
Aunque mi abuela tuviese una carnicería y desde pequeña hubiese visto todas las vísceras y a cerdos abiertos en canal, siempre negaba la posibilidad de ser médico porque pensaba que me daría asco.
Fue creciendo sin tener claro mi futuro profesional hasta que una anécdota se cruzó en mi camino.
Mi madre trabaja en el ayuntamiento y un señor mayor le preguntó dónde podía encontrar al psiquiatra y mi madre le contestó que sería el psicólogo. El hombre le replicó que si no era lo mismo y mi madre le dijo que no, que el psicólogo había estudiado psicología mientras que el psiquiatra era médico especializado en psiquiatría.
Este señor se quedó pensativo y tras una pausa se dirigió a mi madre diciéndole, pues eso, dónde puedo encontrar al psiquiatra!
A la hora del almuerzo, mi madre nos lo contó. La miré y le dije
-Mamá, yo seré médico.
Y así fue como lo decidí. Tenía 14 años y con 18 y toda la inocencia del mundo, llegué a la facultad.
Mirando hacia atrás, he pasado momentos muy malos en la facultad pero, también momentos maravillosos.
Ahora que se acerca el final, si puedo decir algo es que estoy enamorada de la Medicina.
El cuerpo humano es increíble. Una máquina perfecta.
Ojalá pudiese describir con palabras lo que se sentí la primera vez que contemplé un corazón latiendo en el tórax o la primera respiración de un recién nacido (Los niños que vi nacer se llaman, por orden de nacimiento: Isaac, Elsa, Daniela Carolina, Diego, Gael, María, Javier y por último los mellizos Carmen y Manuel).
He presenciado como un cirujano ha operado durante ocho horas seguidas para salvar la vida de un paciente, también como se partía la cabeza un equipo médico porque no encontraba el diagnóstico de un enfermo y como consolaban a una mujer por el fallecimiento de su marido.
Es una profesión humana.
No sé si seré cirujana, especialista en una rama médica o de una rama de laboratorio, lo que si puedo asegurar es que seré feliz ejerciendo mi profesión. Amparo Rincón Vázquez

1 comentario:

  1. Ole cielo....personas como tu necesita la humanidad,un besito y toda la fuerza y suerte.
    Que la luz permanezca en ti toda la vida.

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